cómo salir de un laberinto

La fórmula 10-10-10, la más exitosa para tomar decisiones difíciles

En algún momento te vas a encontrar ante una disyuntiva de particular relevancia. Cuando se presente, no olvides la técnica que te vamos contar

Foto: No desesperes. (iStock)
No desesperes. (iStock)

Ante un dilema especialmente importante es muy fácil acabar confundido. La ansiedad y el estrés pueden tomar el control, bloqueándonos o haciéndonos cambiar de opinión cada dos por tres, y transformando el problema en una auténtica agonía.

En estos casos, los sentimientos no suelen ser muy buenos consejeros. Cuando la gente recuerda las decisiones de las que más se arrepiente, reconoce que las emociones más viscerales, como la rabia, la ira o la avaricia, fueron las que cogieron las riendas en ese momento. Por otro lado, huir ante uno de estos eventos solo sirve para procrastinar y que la angustia permanezca como un sentimiento en sordina, mitigado, pero siempre presente y dispuesto a estallar con toda su fuerza en el instante más inesperado.

Recientemente hemos visto cómo una gran dificultad puede ser afrontada a partir de la división del problema en aspectos parciales, abordándolos uno a uno. Es lo que se defiende desde la filosofía japonesa del Kaizen.

Hoy te queremos enseñar otro truco para superar un obstáculo que parece insalvable. Suzy Welch, escritora, colaboradora televisiva y periodista, dice haber hallado una receta basada en solo tres preguntas que le ha permitido salir siempre airosa de los colapsos más intrincados. En vista de la utilidad de su método, Welch ha decidido compartir su experiencia en su libro ‘10 minutos, 10 meses, 10 años: una fórmula que transformará tu vida’ (Alienta), todo un éxito superventas en los Estados Unidos.

Pensar en el futuro

La autora explica en qué consiste su propuesta: “Cada vez que me veo en una situación donde no hay una solución a la vista que satisfaga a todos, me hago a mí misma estas tres preguntas: ¿cuáles serán las consecuencias de mi decisión dentro de 10 minutos?, ¿y dentro de 10 meses?, ¿y en 10 años?”.

Al alejarnos del problema, permitimos que otros factores sustituyan a las emociones, como por ejemplo nuestras prioridades de cara al futuro

Lo que se pretende es emplear una estrategia mental que permita soslayar las emociones que se adueñan de nosotros en el más corto plazo, forzándonos a marcar una cierta distancia respecto al problema. “He utilizado el 10-10-10 para tomar algunas de las resoluciones más importantes de mi vida, por ejemplo mi divorcio”, confiesa Welch.

Al alejarnos del dilema, permitimos que otros factores sustituyan a los sentimientos, como por ejemplo nuestras prioridades de cara al futuro. En el caso de que no supiéramos cuáles eran esas preferencias, el método 10-10-10 hará posible entonces que emerjan y queden claras: “El 10-10-10 es una manera de empujar a la gente hacia delante, abandonando la fijación presente. El tercer 10 es una potente manera de mitigar esa tendencia. Nos ayuda a decidir si vale la pena soportar esa agonía a corto plazo, en contra de nuestras metas más profundas y relevantes”.

El 10-10-10 en acción

Los hermanos Chip y Dan Heath, consultores en el mundo de los negocios, cuentan a 'Fast Company' revista especializada en este sector, cómo utilizaron la regla en el caso de Annie, una mujer que les solicitó ayuda ante la relación amorosa que estaba viviendo desde hacía nueve meses. Annie pensaba que su compañero Karl era un hombre maravilloso que se adaptaba como un guante a lo que ella concebía como una óptima pareja, pero tenía muchas dudas respecto a si la cosa podría o no avanzar. Annie tenía 36 años, deseaba tener hijos, y sentía que su vínculo con Karl, de 45, debía aclararse de alguna manera, ya que consideraba que su tiempo estaba limitado.

Para Karl su divorcio fue horroroso, dejándole muy tocado de cara a establecer una nueva relación seria. De hecho, había dejado a su hija, fruto de la pasada relación, al margen de cualquier contacto con su nueva pareja, algo que a Annie le resultaba particularmente triste.

Un análisis como el del 10-10-10 posibilita que los sentimientos no sean los únicos consejeros frente a un importante dilema

En unas días iban a emprender su primer viaje juntos. Ella sabía que Karl era muy lento a la hora de tomar decisiones. ¿Debería dar ella el primer paso?

Cuentan estos especialistas cómo se desarrolló la consulta: “Imagina que decides decirle ahora, este fin de semana, que lo quieres. ¿Cómo te sentirías respecto a esta decisión dentro de 10 minutos? ‘Estaría nerviosa, pero orgullosa de mí misma por haber aceptado el riesgo y haberme mostrado clara".

¿Y dentro de 10 meses? “No creo que me arrepintiera. Me gustaría que la cosa funcionara, él es magnífico, pero quien no arriesga tampoco sale ganando, ¿no?”.

Foto: iStock.
Foto: iStock.


¿Y en 10 años? Para Annie, a pesar de cómo pudiera reaccionar su pareja, la resolución dentro de diez años no sería tan importante. Para entonces estarían juntos, o cada uno se hallaría inmerso en una relación con otra persona.

Con todo, estos especialistas hilan bastante más fino que Welch y reconocen que las emociones no son a veces unas aliadas tan terribles. Por ejemplo, en el caso de una injusticia flagrante que debe quedar en evidencia en el mismo instante en que se produce. El valor de un análisis del tipo 10-10-10 posibilita que se surja otra manera de pensar, que no tiene por qué ser tampoco la correcta y definitiva. Eso sí, una táctica como esta permite que las emociones a corto plazo no parezcan la única alternativa posible.

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios