¿QUÉ PASÓ EN NORBA?

La desconocida y legendaria ciudad que se enfrentó a Roma

Entre sus murallas aún puede respirarse los restos del fuego que, a principios del siglo I a.C., condujo a sus habitantes a una muerte segura. Roma no pagaba traidores

Foto: La Porta Maggiore de acceso a Norba. (CC/Lepiniwalker)
La Porta Maggiore de acceso a Norba. (CC/Lepiniwalker)

A unos 50 kilómetros al sur de Roma, en la región del Lacio, se encuentran los restos de lo que durante los seis siglos anteriores al nacimiento de Cristo fue Norba. Las ruinas, excavadas en profundidad a comienzos del siglo XX, son uno de los testimonios más valiosos sobre la planificación urbana de la Antigua Roma. En concreto, del estilo de fortaleza poligonal que rodea las 38 hectáreas de su perímetro y cuya creación la leyenda atribuye a los Cíclopes, al igual que ocurre con la fortaleza de Micenas.

Es un reclamo turístico que Italia probablemente no ha terminado de explotar, aunque está en ello. La sección de viajes de 'BBC' acaba de publicar un reportaje sobre Norba, que se encuentra a un kilómetro y medio de la ciudad de Norma, una localidad de 4.000 habitantes; como asegura su autor, la mayoría de italianos no han oído hablar de ella. Es cierto que su enclave geográfico dificulta su acceso. Se encuentra en los montes Lepino, que forman parte de los Antipeninos del Lacio, en la parte superior de un risco a 460 metros sobre el nivel del mar que le da una visión privilegiada sobre las Lagunas Pontinas.

Durante meses combatieron de manera agria al incansable general romano Sula, que quería convertir Roma en una dictadura

Su historia es también bastante llamativa, especialmente por su peculiar relación con Roma, un tira y afloja que terminaría propiciando su desaparición durante la época imperial. Fue fundada a comienzos del siglo V A.C. y rápidamente pasó a formar parte de la Liga Latina, una confederación de varias decenas de aldeas latinas que tenía como objetivo protegerse mutuamente de las amenazas externas. Por ejemplo, como no tardarían en comprobar, de la propia Roma.

Cuando la metrópoli está al lado de casa

En el año 492 a.C., Norba se convirtió en una colonia romana. Tenía un gran sentido estratégico: su privilegiada posición le permitía controlar la frontera con los volscos, un pueblo del centro de la península cuyo territorio terminaría siendo incorporado al Lacio. Durante siglos, después de que en el siglo IV a.C. los romanos venciesen a los volscos, Norba sería un punto de vigilancia de dicha zona pantanosa. Debido al estancamiento del agua, se convertiría en una región azotada por la malaria durante siglos, hasta que Mussolini decidió drenarla.

El jardín de las ninfas en las Lagunas Pontinas.
El jardín de las ninfas en las Lagunas Pontinas.

Es posible que dicha enfermedad fuese el menos importante de los problemas de los habitantes de Norba durante el siglo I a.C., después de años de colonización y repetidos enfrentamientos en las conocidas como guerras latinas. Estas se extendieron durante 150 años, en las cuales los pueblos del lacio intentaban deshacerse de las abusivas condiciones que la metrópoli imponía. Durante las guerras púnicas, especialmente durante la segunda, fue un importante enclave para los romanos, ya que entre sus gruesos muros se retenía a los prisioneros cartagineses que habían intentado llevar la guerra a la península itálica. La ciudad fue gravemente dañada durante la campaña, pero lo peor estaba por llegar.

Si hay una situación trágica de la que resulta casi imposible escapar, es encontrarse en el lado equivocado durante una cruenta guerra fratricida. Y la primera guerra civil de la República romana lo fue de largo: los cálculos estiman que en ella pudieron perecer entre 50.000 y 70.000 habitantes de la península, entre los que se encontraba la población de Norba al completo. Fue una de las ciudades objetivo de Sila cuando retornó de Grecia en el año 83 a.C. al frente de un ejército de 40.000 hombres, que combatió a los sucesores de Cinna Papirio Carbón y Cayo Mario el Joven.

Los ciudadanos se mataron unos a otros y prendieron fuego a su ciudad, con el objetivo de privar a sus ejecutores de botín

Fue uno de los momentos más sangrientos de la historia de Roma. Como explica Theodor Mommsen en el cuarto libro de su célebre 'Historia de Roma', el dedicado a la Revolución, la suerte de muchos de los prisioneros prenestinos y samnitas fue trágica, como bien sabían las ciudades que en breve se enfrentarían a ellos: fueron “desarmados y descuartizados y la ciudad, entregada al pillaje”. Lo recuerda el historiador: “Era normal después de ello que las ciudades de la nueva burguesía que aún no habían caído continuasen resistiendo con una obstinación máxima”.

“Durante meses, combatieron de manera agria al incansable general romano Sula, que quería convertir Roma en una dictadura”, explica 'BBC' sobre esta numancia italiana. Su suerte fue parecida a la de otras ciudades de la región, pero hubo algo que la distinguió de todas ellas: la manera de cortar los lazos con la vida terrenal de sus habitantes. “En la ciudad latina de Norba, por ejemplo, cuando Marco Emilio Lépido irrumpió en ella gracias a tradición, los ciudadanos se mataron unos a otros y prendieron fuego a su ciudad, con el único objetivo de privar a sus ejecutores de botín y venganza”.

Aquí huele a tragedia

Lo explica el periodista de la 'BBC'. Los habitantes que no se suicidaron o pidieron a sus amigos que acabasen con sus vidas se prendieron fuego, lo que convirtió la legendaria Norba en una pústula humeante. Sus habitantes no pudieron verlo, pero la gran cantidad de oro y riquezas que dormían entre sus paredes fueron reducidas a cenizas. Ni siquiera la ciudad era de gran utilidad a los conquistadores a pesar de los esfuerzos de Sila por reconstruirla, y a finales de ese mismo siglo ya era clasificada como una ciudad extinta del Lacio por Plinio el Viejo.

La privilegiada vista de Norba. (CC/Lepiniwalker)
La privilegiada vista de Norba. (CC/Lepiniwalker)

Norba caería en el olvido poco a poco hasta que las excavaciones de 1901, en la era dorada de la arqueología, volvieron a sacar a la luz los grandes muros y otros restos romanos. Uno de sus grandes reclamos es la conocida como Porta Maggiore (Puerta Mayor), un monumental acceso de 13 metros de altura, y la torre conocida como la Loggia. Aún se pueden observar las ruinas de los baños termales de la ciudad, algunas casas, la plaza principal, sus grutas y los caminos pavimentados a la romana.

“La gente de Norba puede haber perecido y su ciudad haber sido reducida a cenizas, pero los muros aún permanecen desafiantes contra el paso del tiempo, haciéndose eco de la heroica historia de la gente latina que se asentó en esta región de Italia”, concluye el artículo de la 'BBC'. Sin embargo, para la historia quedan el templo de Diana, del cual solo se conserva el plinto, y gran parte del conocido como templo de Giunone Lucina. Su ausencia es un buen recordatorio de que la antigua e ilustrada Roma también fue territorio para la violencia extrema.

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