'El sueño de un hombre ridículo'

El día que Dostoievski soñó con el sentido de la vida

El autor ruso escribió un relato donde reflexionaba sobre el sentido de la existencia y las ganas de vivir

Foto: El sueño de Dostoievski
El sueño de Dostoievski

"Y los sueños, sueños son" escribía Calderón de la Barca. Pero ¿Qué son? ¿Deseos reprimidos, experiencias subjetivas o procesos creativos de la mente? Durante cientos de años se les atribuyeron cualidades místicas. Incluso muchos creyeron que eran mensajes de los dioses. Su interpretación ha tenido muchos detractores, pero lo que ha quedado claro es que son experiencias subjetivas donde se mezclan imágenes, sonidos y sensaciones. Todos estos elementos crean una experiencia que puede llegar a ser tan real que llegue a confundinos, atrapándonos en lo más profundo de nuestro subconsciente. Volar, tener lo que queremos, conseguir lo más preciado e incluso la peor pesadilla, que nos hace superar algún miedo, suele ser una sensanción indescriptible.

Soñar. (Istock)
Soñar. (Istock)

Si hablamos de Dostoievski, nos preguntaríamos qué podría soñar alguien tan frío. Todo el mundo conocerá 'Los hermanos Karamazov' o 'Crimen y Castigo' que lo llevaron al máximo reconocimiento, pero además era un maestro del realto corto. Es extraño mantenerse cuerdos adentrándonos en su perversa y "oscura" literatura. ¿Será real que el autor veía la existencia como un verdadero tunel sin salida? ¿Son todas sus obras expresiones repulsivas que llevan a la depresión? No, también hay algo de ternura y esperanza.

Una noche de noviembre en la década de 1870, el escritor ruso descubrió el significado de la vida en uno de sus sueños, o al menos, el protagonista de su historia. El relato apareció por primera vez en 'Diario de un escritor' bajo el título de 'El sueño de Queer Fellow', aunque más tarde lo publicarían por separado como 'El sueño de un hombre ridículo', explorando temas similares a su novela 'Memorias del subsuelo', considerada la primera novela existencial.

"Soy un hombre ridículo. Ahora me llaman loco"

Dostoievski
Dostoievski

La caja de Pandora liberó todos los males menos la esperanza. Y de eso trata el relato, de renovar la esperanza arrojando luz sobre las inclinaciones espirituales y filosóficas de Fiódor con una claridad extraordinaria, quizá la mayor que exista en todas sus obras. Por supuesto que hay desgracias y deseos suicidas. La contemplación en su corazón cae en algún lugar entre el forcejeo de Tolstói con el sentido de la vida y la interpretación de Philip K. Dick, liberando de su pecho la frialdad que le había dominado.

El narrador, que podría ser el propio Dostoievski, vaga por las calles de San Petersburgo. “Se me presentaba con claridad la idea de que la vida y el mundo parecían ahora depender de mí. Incluso podría decir que el mundo, en aquel momento, estaba hecho únicamente para mí: si me suicidaba el mundo desaparecería, al menos para mí”, así "presenta" el personaje su postura vital. Puede ser que esté al borde de la locura, no por que quiera suicidarse, sino por no poder establer una conexión con los otros, con el mundo real donde se comparte y se convive.

"Me senté despacio junto a la mesa, saqué el revólver y lo puse delante de mí. Cuando lo coloqué, recuerdo que me hice una pregunta: “¿Ha de ser así?”, y completamente convencido me dije: 'Así ha de ser'. Es decir, me suicidaré. Sabía que probablemente me suicidaría aquella noche, pero ignoraba cuánto tiempo permanecería así sentado junto a la mesa. Y sin duda alguna me habría dado un tiro en la cabeza, de no ser por aquella niña"

"Ya lo ven: aunque todo me daba igual, yo –por poner un ejemplo- sentía dolor. De haberme dado alguien un golpe, habría sentido dolor. Y lo mismo sucedía en el sentido moral: si hubiera ocurrido algo muy penoso, habría sentido la pena de igual modo que entonces, cuando todavía no todo en la vida me resultaba indiferente. Hacía un rato había sentido compasión: podía haber ayudado a la niña. ¿Y por qué no la ayudé? Pues por una idea que me asaltó: cuando ella me estaba tirando del brazo y me llamaba, se me planteó una cuestión que no pude resolver. La pregunta era ociosa, y eso me enfureció. Me enfadé porque si ya había tomado la decisión de acabar con mi vida aquella misma noche, entonces todo cuanto ahora me rodeara debía serme más indiferente que nunca. ¿Por qué razón sentí de pronto que no todo me resultaba indiferente, y que sentía compasión hacia aquella niña? Recuerdo que me provocó mucha lástima; incluso, hasta producirme un dolor extraño, absolutamente inverosímil dada mi situación"

Sueños. (Istock)
Sueños. (Istock)

El protagonista iba a suicidarse, pero algo inesperado, un rayo de luz angelical iluminó aquella lúgubre mañana. La mano de una niña le tocó para pedirle ayuda, y este desamparo provocó la clemencia del protagonista, que vió entonces el sentido de la vida, de su vida.

"Una reflexión sucedía a otra. Se me presentaba con toda claridad que si yo era una persona, y aún no me había convertido en un cero, y hasta que ello sucediera, en tal caso, estaba vivo, y por consiguiente era capaz de sufrir, enfadarme y experimentar la vergüenza por mis actos. Que así fuera. Pero si me suicidara, por ejemplo, al cabo de dos horas, ¿qué importancia tendrían para mí la niña, la vergüenza, y todo cuanto hubiera en el mundo? Si yo iba a convertirme en un cero, en un cero absoluto, ¿acaso la conciencia de que dejaría totalmente de existir, y de que, por consiguiente, tampoco nada existiría, no influiría mínimamente en el sentimiento de compasión hacia aquella niña, ni en el de la vergüenza tras haber cometido aquel acto vil?"

Allí el protagonista descubre el sentido de la existencia, la razón por la cual vale la pena vivir. Lo que le da sentido a la vida es la vida misma

El personaje cae dormido en el sillón y comienza a soñar con lo que no ha podido hacer: suicididarse. Ve su propia muerte, se ve dentro de su ataúd, inmovil y atormentado por una gota que cae sin parar en el interior y que cae en su ojo. Ve su funeral y su entierro, suplicando a Dios que acabe con el suplicio. Su llamada es respondida sacándolo de la fría caja y viajando por el espacio. A medida que el sueño continúa, el intérprete describe y experimenta sensaciones similares a los que tiene con las drogas o estados de meditación profunda. Está en otro mundo, similar a la Tierra pero "lleno de festividad y triunfo". Allí el protagonista descubre el sentido de la existencia, la razón por la cual vale la pena vivir. Lo que le da sentido a la vida es la vida misma.

"Ahora sólo quería vivir y vivir! Alcé las manos y clamé por la Verdad eterna. No clamé, sino que lloré; el asombro, el incalculable asombro, elevaba mi ser. ¡Sí! ¡Quería vivir y predicar! Decidí dedicarme a la predicación en aquel mismo instante y, lógicamente, para el resto de mi vida. ¿Acaso nuestra vida no es un sueño? Lo más importante es que ames a tus semejantes como a ti mismo, y eso es lo fundamental; creo que no se necesita nada más: al instante encontrarías cómo ordenar tu existencia”.

Y todo gracias a un sueño. Pero ¿Qué es la vida sino soñar?

Alma, Corazón, Vida

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