una historia personal

Estuve desayunando verdura todos los días durante un mes y esto es lo que me pasó

Judy estaba harta de tomar solo un café por las mañanas y decidió cambiar radicalmente su primera ingesta del día. Veamos cómo le fue y si lo recomienda

Foto: Todo es ponerse. (iStock)
Todo es ponerse. (iStock)

El desayuno es la primera comida del día, la que rompe el ayuno nocturno y proporciona alrededor del 25% de la energía diaria. Sabemos que desayunar de manera adecuada es importante para la salud y el buen rendimiento intelectual y físico. Además, es la clave para mantener una buena figura y no comer en exceso durante el resto del día. Al respecto, se ha demostrado que aquellos que no hacen bien la primera ingesta de la jornada, tienen patrones más irregulares o consumen más alimentos de bajo valor nutricional.

Además, un desayuno completo, rico en carbohidratos complejos y en proteínas, puede ayudar a limitar la respuesta glucémica a la vez que libera hormonas intestinales que nos sacian durante el resto del día, pues tendremos una sensación de plenitud mayor en la comida y en la cena posterior.

La redactora de 'Prevention' Judy Koutsky es consciente de la importancia que tiene esta comida pero, a pesar de ello, solo desayunaba una taza de café con leche desnatada. ¿Resultado? Se pasaba toda la mañana picoteando y luego llegaba con mucho hambre a la comida. Por eso decidió que ya era hora de hacerlo bien, y trazó un plan: probó a ingerir verduras por las mañanas.

El desayuno proporciona alrededor del 25% de la energía diaria. Hacer bien esta comida es esencial para el buen rendimiento intelectual y físico

Comenzar el plan no le costó mucho, porque le encantan los vegetales y suele comer bastante sano, pero tenía curiosidad por ver cómo influiría en su cuerpo el hecho de realizar este tipo de comida. Lo estuvo haciendo durante un mes, y este fue el resultado.

El experimento

El primer día se le hizo un poco difícil porque no estaba acostumbrada a comer nada justo al levantarse. Pensó en tomarse su café con leche de siempre y una pieza de fruta, por la pereza de cocinar. No obstante, se adecuó al plan y tiró de un tallo de brócoli. Lo troceó y lo mezcló con huevo en la sartén. Y, voilá, ya tenía su primer desayuno del plan: una tortilla de brócoli. Le gustó, y le sirvió de impulso para las jornadas siguientes.

El segundo día se hizo una tortilla de setas, y el tercero se decantó por una tortilla con espárragos. "Cualquier verdura en tortilla está delicioso, así que me resultó bastante fácil. Pronto comencé a añadir champiñones y queso, y a mezclar varios vegetales en el mismo plato", asegura Judy, que estaba un poco preocupada por consumir tantos huevos a la semana. No obstante, se vigiló el nivel de colesterol con el médico y vio que no había problema.

Pensó en hacerse batidos de verdura con fruta, pero no tenía licuadora y, la verdad, las tortillas le encantaban y eran rápidas de hacer. "Nunca me aburrí. Cambiaba los tipos de vegetales y le echaba especias o salsa picante". No obstante, varió un poco, porque vio que algunos días iba muy justa y no le daba demasiado tiempo para sentarse a desayunar. Así que decidió elaborar uno que pudiera comerse en el tren. Consistía en huevos duros cocidos con verduras, perfecto para llevarlo en un tupper e ingerirlo de camino al trabajo.

Los resultados

Después de treinta días, Judy experimento diversos cambios en su organismo y en su actitud. Los resumimos en los siguientes puntos:

  • Sensación de saciedad: notó que estaba satisfecha a la hora de comer y que no le entraba hambre a las 10 de la mañana como antes.
  • Reducción de calorías en el resto de comidas: se percató de que, al estar llena, a la hora del almuerzo comía mucho menos.
  • Mejora del tránsito intestinal: aunque nunca tuvo problemas para ir al baño, reconoce que esto le ha beneficiado; además, recomienda a todo aquel que tenga problemas de estreñimiento o irregularidad que lo pruebe.

La experiencia ha sido "todo un éxito". Se nota más vital, con menos hambre y con más energía

  • Más salud: "Me sentí más sana en general, y me motivó a comer más saludable durante todo el día".
  • Aumento de la vitalidad: asegura que se sintió "mejor, con mucha más energía" y con ganas de empezar la jornada.

¿Valoración general? "Todo un éxito". A Judy le ha ido muy bien incorporar verduras a su desayuno y, aunque no especifica si seguirá haciéndolo, todo apunta a que sí.

Una elección correcta

A esta redactora intrépida le ha gustado su experimento, pero porque ha elegido correctamente. Su desayuno se basaba en huevos y verduras verdes, todo un acierto, y más si se consumen en el desayuno. Veamos por qué estos alimentos son tan sanos:

  • Huevos: están viviendo una segunda juventud, gracias a los nuevos estudios que certifican que no contribuyen a elevar los niveles de colesterol (como algunas personas siguen creyendo) ni aumentan el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares. Pero además, son un alimento perfecto si queremos perder peso, pues son ricos en proteínas y grasas saludables, lo que nos permite quedar saciados con un aporte relativamente bajo de calorías.
  • Verduras verdes: tienen varias propiedades que las convierten en un alimento imprescindible en cualquier dieta. Son bajas en calorías y carbohidratos, pero ricas en fibra, y son perfectas como guarnición, para aumentar el volumen de nuestras comidas sin que aumente su aporte calórico. Son la lechuga, la col, las espinacas o las acelgas.
  • Verduras crucíferas: tienen un alto contenido en fibra pero, a diferencia de la lechuga, son muy saciantes debido a que también tienen bastante proteína. Si nos molestamos un poco, aprenderemos a cocinarlas de distinta forma para tomarlas como plato principal y no solo de acompañamiento. Son el brócoli, la coliflor, el repollo o las coles de bruselas.
Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios