QUÉ DEBES Y NO DEBES CONTAR

Cómo los secretos de la vida en pareja se pueden volver contra ti

¿Cuánto deberías contar de ti mismo a las personas que acabas de conocer? ¿Y a esa pareja con la que llevas viviendo años? Cuidado con la información sensible

Foto: ¿Hasta dónde puedes llegar? (iStock)
¿Hasta dónde puedes llegar? (iStock)

Imagínate que eres el mandatario de uno de los países más importantes del mundo y el líder de otra gran nación, que casualmente ha sido tu enemigo durante la última década, te invita a su casa. Allí el vino se te va da las manos y, ante las cámaras de vídeo de tu adversario reconvertido en colega, cuentas cosas que no deberías haber dicho a nadie. Días después, este te comunica que todo está grabado y que, si no actúas como ellos quieren, lo publicarán. Todo ello puede poner en peligro tu credibilidad, la seguridad de tu país y, en general, dar al traste con tus aspiraciones profesionales (y vitales, si te liquidan los cuerpos de inteligencia en un supuesto accidente).

Ahora imagínate que conoces a alguien, intimas con esa persona y, debido a que te encuentras cómodo con ella, decides abrir tu corazón y contar tus intimidades, como por ejemplo, detallar con pelos y señales tu estado financiero, dar pistas sobre tu número de tarjeta de crédito y, ya de paso, confesar un delito que aún no ha prescrito. La cosa, unos meses después, termina mal, y tienes que pasar el resto de su existencia obedeciendo a ese molesto desconocido para que no cuente todo lo que ha descubierto.

“¿Cuánta información debemos revelar de nosotros mismos?”, nos preguntamos como si fuésemos Trump de visita en casa de Putin

Durante los últimos días ha vuelto a popularizarse el concepto 'kompromat' para referirse a la vieja táctica rusa de recoger material comprometedor del enemigo con el objetivo de chantajearle más tarde, especialmente a partir el supuesto informe que, según algunas fuentes, Putin tiene sobre Trump. En 'Independent', que son muy hábiles, lo han aplicado al mundo de las relaciones románticas para hacerse una pregunta pertinente: ¿cuánta información de nosotros mismos debemos dar en una relación?

Los límites de la privacidad

El alcance de los secretos en la relación es uno de los temas que potencialmente más problemas generan entre parejas. Durante los últimos años, el porno de venganza y el chantaje asociado a él parten del mismo principio: uno de los miembros de la pareja (el hombre, por lo general) amenaza a la otra parte con publicar imágenes o información a la que ha accedido por tener una relación. Un delito, por cierto, ya tipificado en la ley española a través del artículo 197.7.

Grafiti que representa al presidente electo estadounidense, Donald Trump, y al presidente ruso, Vladímir Putin, mientras comparten el humo de un cigarro, en la pared de un restaurante en Vilnius, Lituania, el 20 de noviembre de 2016. (Efe/Roman Pilipey)
Grafiti que representa al presidente electo estadounidense, Donald Trump, y al presidente ruso, Vladímir Putin, mientras comparten el humo de un cigarro, en la pared de un restaurante en Vilnius, Lituania, el 20 de noviembre de 2016. (Efe/Roman Pilipey)

Es un caso extremo en el que la responsabilidad recae en el chantajeador. Sin embargo, en el arranque de una relación (e incluso aunque esta lleve ya varias décadas) solemos plantearnos a menudo la pregunta de cuánto debemos revelar y a cuándo. Como es natural, a medida que el tiempo pasa, más información conocerá la otra persona de nosotros. Sin embargo, como suele recordar la psicología del ligoteo (por entendernos), este suele ser un proceso de negociación mutuo en el que se revela información gradualmente como una manera de poner a prueba hasta dónde quiere llegar la otra persona.

Es pura lógica psicológica. Aunque sea de manera inconsciente, tendemos a contar cosas personales a aquellas personas que nos atraen de manera romántica porque consideramos que ello nos hace más deseables. ¿Dónde se encuentra el límite? La psicóloga Madeleine Mason señala en 'Independent' que la pregunta que deberíamos hacernos es “¿estaría bien si mi familia y mis compañeros viesen esto?” En definitiva, explica, nunca está de más un poco de autocontrol a la hora de revelar información sensible.

Si contamos demasiado, la otra persona se preguntará “¿qué no dirá de mí cuando no esté delante?”

Esta no tiene por qué ser de índole necesariamente sexual. El doctor Seth Meyers, un clásico de 'Psychology Today' y de las estanterías de autoayuda de las librerías estadounidenses, identifica tres temas con los que debemos tener particular cuidado: las relaciones pasadas (en parte porque esa persona que acabas de conocer no tiene por qué enterarse de la intimidad de tu ex, en parte porque hace parecer que sigues obsesionado con ella), tus finanzas y la vida personal de familiares o amigos cercanos.

Desde otra perspectiva radicalmente diferente –en este caso, el objetivo es que la cita llegue a buen puerto–, Meyers propone una pregunta alternativa, esta vez planteada desde el punto de vista de aquel con el que compartimos conversación: “si es capaz de contar todo esto, ¿qué no contará de mí cuando no esté?” El psicólogo recuerda que, en muchos casos, hablamos más de la cuenta por simple ansiedad. De ahí que nunca esté de más, otra vez, un poco de autocontrol.

Secretos putativos

La situación cambia sensiblemente cuando hablamos de una relación larga. Es entonces cuando surgen los conocidos como secretos putativos, explorados en un estudio de 'Communication Monographs' por D. Aldeis y T.D. Alfifi. En este caso, son un poco diferentes a las revelaciones que efectuamos durante los primeros pasos de una relación y pueden resultar particularmente dañinos para la vida en pareja. Se trata de aquellos secretos que pensamos que nuestra pareja no conoce, pero esta sí sabe.

(iStock)
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Es una de las causas más frecuentes de peleas entre los miembros de una relación, y contribuyen a crear una espiral negativa de la que es difícil salir. Cuando nuestra situación está en crisis, tendemos a contar más secretos a nuestra pareja, lo que aumenta la posibilidad de que esta nos pille en un renuncio. “La moraleja de la historia es que no es una buena idea no contar los secretos a tu pareja, especialmente si (aunque no lo sepas), esta sabe lo que intentas ocultar”, señala Susan Krauss en 'Psychology Today'.

Al otro lado se encuentran los secretos compartidos y que sirven para que la pareja refuerce su relación ya que proporcionan la idea de “nosotros contra el mundo”. Es el caso, por ejemplo, de no contar a nadie más el nombre elegido (o el sexo) el futuro hijo, o incluso de complicidades inocuas como inventar una excusa para librarse de un compromiso familiar. Los secretos separan, pero también tienen la capacidad de unir. Así que quizá puedan servir para que EEUU y Rusia se fundan en un tierno abrazo entre bloques.

Alma, Corazón, Vida

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