¿QUÉ HAY DETRÁS DE LO QUE NOS DESBORDA?

Cómo lidiar con las emociones intensas

Cuando nos enfrentamos a la existencia de un conflicto es porque estamos sometidos a tensiones o exigencias internas contrarias. Aquí te explicamos cómo resolverlo

Foto: El límite de la paciencia. (iStock)
El límite de la paciencia. (iStock)

Recortada sobre el horizonte aparecía la delgada silueta de la casa contra el cielo plomizo, el frío gélido penetraba en los huesos como afilados cuchillos y Roberto se hallaba tenso e inquieto. Era la tarde de Navidad y se preguntaba cómo a iba hacer para sobrevivir emocionalmente. Últimamente había estado tan inmerso en su actividad laboral que no había dispuesto casi ni de un minuto para pensar en ello. En su fuero interno anhelaba huir de los compromisos y obligaciones, desaparecer. Sin llegar a ser muy consciente dejó de pensar, devorado por la frenética actividad de tantos preparativos.

La Navidad era una de esas citas ineludibles en el calendario para reencontrarse con la familia política y de origen frente a las que ninguna excusa resultaba aceptable excepto hallarse agonizando en el Hospital o algo de similar gravedad. Sabía que no podía fallar a Nuria, su esposa, porque conocía la importancia vital de reunirse con su familia en tan señaladas fechas. Y, el reencuentro venía precedido por el anhelo de disfrutar de agradables veladas familiares.

"Quítate de ahí… siempre estorbando… los hombres no sabéis más que estar en medio, con lo torpes que sois…", escuchaba en la cena

Sin embargo, la situación real de Roberto y su familia política distaba un mundo de sus secretas expectativas. Estaba ansioso, lo cual se tradujo en un constante dolor en el pecho, era como si le hubieran colocado una plancha de acero sobre él. Roberto se asustó. Se sentía en conflicto, íntimamente dividido. Por un lado, luchaba por no disgustar a su esposa y quedar bien delante de su familia política, pero por otro, tenía que enfrentar el rechazo que la madre de su mujer le despertaba. No sólo no es que no le gustara sino que no la soportaba. Nunca se sintió bienvenido ni cálidamente acogido, más bien parecía ser visto como el enemigo a batir y, en muchas ocasiones, percibía las ráfagas de gélido y profundo rechazo que aquella le dispensaba. Era todo muy irracional, se reprochó Roberto.

Se sentía amordazado sin poder dar crédito a lo que veía, la hostilidad velada o no tan velada de su suegra salpicada por comentarios como: quítate de ahí… siempre estorbando… los hombres no sabéis más que estar en medio, con lo torpes que sois….mejor tener hijas que hijos, para lo que servís…, menuda cruz… No entendía qué le disgustaba tanto de él cuando hacía esfuerzos ímprobos por ser amable, reconocido y aceptado.

Un mal momento. (iStock)
Un mal momento. (iStock)

Difícilmente podía llegar a entender la diabólica capacidad que tenía esa mujer para sacarle de sus casillas o provocar en él unos sentimientos tan intensos. Debía, se decía, hallar la fórmula de contener su rabia frente a algunos de sus comentarios y no dejarse arrastrar por la hostilidad si no quería perder los estribos y reaccionar como un loco de atar a ojos de los demás. Luchaba por no comportarse de una manera visceral con sus facultades mermadas para exponer lo que le sucedía porque provocaría en él azuzantes sentimientos de culpa y vergüenza.

Era tal el malestar emocional que le generaba esta situación que al año siguiente decidió tomar cartas en el asunto y acudir a un psicoterapeuta para entender y gestionar los complejos sentimientos y preocupaciones que ardían en su interior.

Cuando amordazamos lo que sentimos, nuestro psiquismo se revela y trata de encontrar alguna vía de escape

En general, cuando nos enfrentamos a la existencia de un conflicto es porque estamos sometidos a tensiones o exigencias internas contrarias. Como en Roberto, podemos luchar por evitar expresar sentimientos que no pueden ser dichos, emociones que no pueden ser reconocidas o toleradas sin que cuestionemos nuestro autoconcepto o bien, afectos que desde nuestro inconsciente luchan por manifestarse.

La existencia de una relación entre reactividad emocional excesiva y la presencia de un conflicto emocional no es nueva. Al igual que su expresión, bajo la máscara de reacciones psicosomáticas (cefaleas, hipertensión, úlceras estomacales, etc).

Cuando el alma se silencia, habla el cuerpo. Cuando amordazamos lo que sentimos, nuestro psiquismo se revela y trata de encontrar alguna vía de escape para los conflictos que dominan nuestro mundo emocional.

La cura hablada

Fue el maestro Freud, el padre del Psicoanálisis, quien habló por primera vez de ello hace más de un siglo, en 1895, en su famosísimo libro 'Los Estudios sobre la Histeria' y rápidamente hizo del conflicto psíquico el concepto central de su teoría de la neurosis. También fue quien inauguró la terapia a través de un nuevo método vertebrado por el bisturí de la palabra: “the talking cure” (la cura hablada) o la también llamada, “limpieza de chimeneas” que curiosamente, dicha expresión inglesa resultaba bastante gráfica y simpática aludiendo al componente catártico.

Sigmund Freud. (CC)
Sigmund Freud. (CC)

La palabra obtuvo un papel preponderante porque la palabra que nombra tiene poder. Es la herramienta mágica y maravillosa que nos permite adentrarnos en los meandros del psiquismo y del alma humana.

Inclusive uno de los neurocientíficos actuales más relevantes como Karl Deisseroth (Boston, 1971) inmerso en investigaciones punteras sobre el control de la mente humana con técnicas biomédicas revolucionarias, reconoce el poder superior de la palabra. Y, señala: “nuestro cerebro está diseñado para responder a ideas y conceptos comunicados por ellas, nunca seremos tan precisos como con una palabra o frase bien construida”. Asimismo Borges, ya lo expresó con gran belleza poética al decir que la palabra hablada es superior a cualquier otra porque es conocimiento vivo, dotado de alma.

El lenguaje del conflicto, como la psicoterapeuta I. Menéndez subraya, nos habla de desamparo, temor al abandono, tristeza o angustia, rabia, celos, rivalidad, miedo o culpa. Estos son algunos de los afectos que pueden estar intentando encontrar su voz a través de los conflictos que tenemos en la vida.
Por eso, debemos saber que podemos mejorar nuestro equilibrio y bienestar emocional buscando la manera de poner palabras a nuestras angustias y descubrir los resortes que manejan nuestro mundo emocional.

Roberto descubrió gracias a su trabajo en la terapia que anhelaba profundamente ser aceptado por la familia de su mujer

La posibilidad de hablar de un conflicto que nos preocupa o nos desborda aporta un beneficio desde varios ángulos:

  • Permite sacar a la luz nuestros sentimientos lo cual facilita aliviar su intensidad y nos ayuda a liberarlos, reconocerlos, comprenderlos y aceptarlos.
  • Ayuda a reflexionar sobre ellos desde un estado más sereno e intentar ver por qué cierto hecho tiene tanta importancia para nosotros con el objetivo de ver algo diferente bajo una nueva luz.
  • Podemos considerar nuevos ángulos o perspectivas que contribuyan a resignificar la historia, nuestra historia y a explorar modos de reaccionar diferentes al habitual, buscando un mejor lugar, de mayor fuerza, en relación con los demás.

Roberto descubrió gracias a su terapia que anhelaba profundamente ser aceptado por la familia de su mujer y la buena opinión de ellos, pero también que solicitaba de ésta un apoyo explícito en dicha situación y que, tristemente, ella negaba los desprecios sistemáticos a los que le sometía su madre.

La herida cicatriza. (iStock)
La herida cicatriza. (iStock)

Con el tiempo obtuvo una nueva perspectiva del conflicto que lo desangraba. Quedaron expuestas nuevas dinámicas y nuevos significados, la madre de Nuria no sólo despreciaba a su yerno sino que con ello también procuraba decirle a su hija que el hombre que había elegido no era suficientemente valioso. Intentaba seguir protagonizando la vida de su hija para eludir la dolorosa idea de los nuevos cambios al tener un lugar diferente respecto a la nueva familia creada por ésta. Se sentía desplazada porque ya no ocupaba el lugar preponderante que como madre anhelaba. Su hija había crecido, no la necesitaba como antes y tenía su propia familia.

Roberto, a su vez, pudo resignificar los ataques de su suegra y comprender que parte de su gran enfado se debía a que desplazaba sobre ella la hostilidad que le producía la ceguera sistemática de su mujer y su tenaz negación del conflicto.

Gracias a su terapia Rodrigo se sintió muy orgulloso y feliz porque consiguió gestionar esta compleja situación de forma más satisfactoria para él. Luchó contra sus hondos temores (a enfadarse, a montar un escándalo, a dejarse invadir por sus sentimientos negativos….). Y, ocurrió que logró:

  • No expresar sus emociones negativas disruptivamente
  • No optar por alejarse de una situación que le disgustaba sin enfrentar el conflicto

Lo resolvió de forma constructiva. Expresó a su mujer su malestar de forma conciliadora y le expuso su enfado a su negativa a reconocer el conflicto. Le solicitó que en lo posible contribuyera a que él se sintiera tolerablemente a gusto cuando visitara a su familia. Roberto logró también decir de viva voz a su suegra que muchos de sus comentarios no le hacían sentirse bienvenido. Lo que contribuyó a silenciarla y a hacer el tiempo de estancia con su familia política más tolerable para él.

Vivir implica tolerar la presencia de cierto nivel de conflicto en nuestra existencia y procurar hallar la manera de manejarlo de forma constructiva

Sintió que con ello ganaba su respeto. Abandonó la expectativa de pretender gustarles y que éstos le gustaran a él, al tiempo que aceptó sus propios sentimientos negativos. No le gustaba su familia política porque sencillamente no le dispensaban un buen trato, pero al asumirlo así no le generó un nuevo conflicto en su autoconcepto.

Roberto trabajó para manejar la situación familiar de forma que él se sintiera mejor parado, tratando de identificar sus puntos débiles y mitigándolos.
Vivir implica tolerar la presencia de cierto nivel de conflicto en nuestra existencia y procurar hallar la manera de manejarlo de forma constructiva. Éste es el vibrante reto que se abre para cada uno de nosotros. Y se ha demostrado que la psicoterapia constituye un abordaje útil para obtener una ayuda efectiva ante situaciones emocionales complejas cuando transitamos por este camino maravilloso de continuo aprendizaje que es la vida.

Raquel Tomé López es psicóloga y psicoterapeuta en el Centro Guía de Psicoterapia.

Alma, Corazón, Vida

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