EL DÍA QUE EMPEZÓ EL OTRO SIGLO XX

Tres días de enero: la advertencia que Eisenhower hizo a John Fitzgerald Kennedy

Puede servir como historia con moraleja: ¿qué quiso decir realmente el presidente republicano de EEUU antes de dejar su cargo en manos del flamante político?

Foto: Enemigos íntimos, amigos públicos. (Cordon Press)
Enemigos íntimos, amigos públicos. (Cordon Press)

El 17 de enero de 1961, el presidente republicano Dwight Eisenhower se dirigió por última vez al pueblo estadounidense sentado a su mesa del despacho Oval, después de ocho años en la Casa Blanca. El 20 de enero, John Fitzgerald Kennedy, que había vencido dos meses antes a Richard Nixon, fue cortejado en la inauguración de su presidencia. Apenas unas horas para el hombre, un gran paso para la humanidad que dejaba atrás la herencia de la posguerra y comenzaba a mirar ¿al futuro?

Esos tres días son el eje central de 'Three Days in January: Dwight Eisenhower's Final Mission' (William Morrow) que, muy oportunamente, intenta explicar por qué el paso de una presidencia a otra fue un momento clave en la historia estadounidense. Y no se debe únicamente al célebre discurso pronunciado por el político saliente, en el que se acuñó el término “complejo militar-industrial”, sino también por la advertencia que realizó a su sucesor que, como sabemos, no terminó muy bien.

Le dijo 'calma, figura. Cuidado. Equilibrio. No vayas demasiado lejos'. Estaba mandando un mensaje tranquilizador a la nación

“Lo que Eisenhower hizo fue avisar a Kennedy”, ha explicado el autor del libro, el presentador de noticias políticas de la Fox Bret Baier, en la cadena radiofónica WGN. “Le dijo 'calma, figura. Cuidado. Equilibrio. No vayas demasiado lejos muy rápido…' Estaba mandándole un mensaje tranquilizador a la nación”.

Lo hizo en su discurso de despedida, que ha pasado a la historia por su reconocimiento del creciente poder que la industria militar estaba obteniendo y que podía llegar a comprometer la independencia de los líderes políticos estadounidenses. Es más, Baier recuerda que en realidad quería hablar del “complejo militar-industrial-congresista”, a causa de “los tentáculos que los negocios tenían en la política americana, y por ese ciclo de trabajar para el gobierno y entonces liderar una empresa o una junta directiva”.

“En el gobierno, debemos guardaros ante la adquisición de influencia, ya sea deseada o indeseada, por parte del complejo militar-industrial. Existe potencial para un desastroso crecimiento de poder en las manos equivocadas”, señaló durante su salida del poder. “Nunca debemos dejar que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades o procesos democráticos. No deberíamos dar nada por hecho. Solo una ciudadanía alerta y con conocimiento puede forzar el correcto funcionamiento de la maquinaria industrial y militar de defensa con nuestros métodos y objetivos pacíficos, para que la seguridad y la libertad puedan prosperar juntas”.

Su argumento principal era realmente una advertencia para no deshacerse del bipartidismo

Como explicó en 'CBS News', Baier interpreta las célebres palabras de Eisenhower como una manera de facilitar el traspaso de poder, algo que le preocupaba enormemente tras una década en el Despacho Oval. “Eisenhower intentó prever un modelo para que el país pudiese seguir adelante”, ha manifestado el autor. “Pero su argumento principal era realmente una advertencia sobre determinadas cosas, una advertencia para no deshacerse del bipartidismo. Intentar trabajar con el adversario”.

Dos partidos, una realidad

En otras palabras, Eisenhower parecía querer advertir a su sucesor que el enemigo no estaba tanto en el partido adversario como en los intereses de las influyentes industrias estadounidenses del armamento. Como explicaba Baier, “quería asegurarse de que Kennedy entendía que cuando llegas al despacho Oval, algo distinto ocurre. Es una sensación diferente, una responsabilidad distinta la que recae sobre tus hombros”.

Reunidos en Camp David en 1962. (Cordon Press)
Reunidos en Camp David en 1962. (Cordon Press)

La relación entre el presidente saliente y el entrante era aparentemente cordial. Como recordaba un artículo publicado en 'The Christian Science Monitor', Kennedy intentó acercarse a su predecesor, y este le elogió en público como “una de las mentes más capaces y brillantes que me he encontrado jamás”. Sin embargo, dijo de él que “no tenía ni idea de la complejidad de su trabajo” cuando lo conoció, poco antes de acceder al cargo. De ahí que utilizase su discurso de despedida como una advertencia ante lo que tenía por delante.

Eisenhower salió en defensa de Kennedy en público después de la crisis de bahía de Cochinos, y se reunió con él en Camp David. Sin embargo, fue muy crítico en privado con él, y como explica Richard Reeves en 'President Kennedy: Profile of Power', llegó a recriminarle “¿te limitaste a seguir los consejos de tus expertos o recogiste todas las opiniones y entonces tomaste una decisión?” Después de su asesinato en noviembre de 1963, el antiguo presidente compareció ante los medios y ofreció un mensaje de apoyo a la familia. “Ante algo ante terrible, estoy seguro de que la nación entera se unirá como un solo hombre, y expresará su determinación de apoyar al gobierno”, explicó ante las cámaras.

Un libro con moraleja

La de los largos tentáculos del complejo militar-industrial no fue la única advertencia que Eisenhower realizó a su nación y sucesor. También alertó sobre el peligro de dejar que los intereses particulares se antepusiesen al general: “En nuestros días finales, el Congreso y la Administración hemos cooperado bien en los asuntos más vitales, para servir al bien nacional más que al propio, y de esa manera hemos asegurado que nuestra nación salga adelante”.

“Gastamos todos los años en defensa más que los ingresos de todas las empresas americanas”, recordó Eisenhower

Aún más interesante es quizá de qué manera un alto déficit podía poner en peligro la independencia política de EEUU, sobe todo si este provenía del gasto militar. “Tres millones y medio de hombres y mujeres participan directamente en el 'establishment' de la defensa. Gastamos todos los años más que los ingresos de todas las empresas americanas”, recordaba, antes de referirse por primera vez al célebre concepto. “La unión de este 'establishment' militar inmenso y una gran industria de las armas es nueva en la experiencia americana. La influencia total (económica, política, incluso espiritual) se siente en todas las ciudades, en todos los Estados, en todas las oficinas del gobierno Federal”.

A nadie le pasará inadvertido que la publicación del libro coincide con la salida de la Casa Blanca de Barack Obama y la entrada de Donald Trump. A su manera, el libro es también una advertencia al presidente entrante, que es un primerizo como lo había sido Eisenhower en su día. ¿Cuál es el consejo que da Eisenhower, vía el conservador Baier, al nuevo inquilino de su antigua residencia? “Le recomendaría precaución, equilibrio y medida. Y escuchar a las voces discordantes. También contar con el bipartidismo”.

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