ES UNA CUESTIÓN CULTURAL

Qué es lo que ocurre cuando dejas de beber alcohol durante un mes (y no es tan bueno)

¿Sirve de verdad para algo intentar recuperarnos de los excesos navideños dejando por completo el alcohol? Este reto desvela una realidad que debería preocuparnos

Foto: Beber solo en casa y para olvidarte de todo, algo cada vez más frecuente. (iStock)
Beber solo en casa y para olvidarte de todo, algo cada vez más frecuente. (iStock)

Estos últimos días, los medios estadounidenses se han llenado de artículos sobre el conocido como Dry January (o Dryuary). Es uno de esos retos de año nuevo que consisten en dejar de beber alcohol por completo entre el uno de enero y el día 31. Los objetivos pueden ser muy variados, desde bajar de peso y mejorar tu salud a través de un cambio nutricional, como hacen aquellos que han dejado el azúcar, hasta demostrarse que uno puede conseguirlo, pasando por tener un contenido atractivo para publicar en Instagram.

Que en España el movimiento apenas haya tenido repercusión quizá sea una buena muestra de lo inútil –e incluso peligroso– que puede resultar (y no lo decimos por chauvinismo). EEUU, el país que ha adoptado esta costumbre, tiene una cultura alcohólica muy diferente a la española, pero también, a la del resto de Europa o a la de sus propios vecinos mexicanos. Sin embargo, señala una tendencia cada vez más popular durante los años: sustituir el autocontrol por una censura absoluta a la hora de consumir alcohol.

Es preferible no beber durante dos o tres días a la semana que dejar de hacerlo durante todo un mes completo

Lo explica bien la periodista de origen alemán Gisela H. Kreglinger en un artículo publicado en 'Quartz'. “El concepto alemán del vino es muy diferente del de los americanos”, señala la autora. “No somos inocentes, hemos desarrollado valores muy firmes sobre el alcohol que se centran en la moderación y beber en compañía desde muy pronto”. Algo aún más acentuado en las culturas latinas donde el alcohol está relacionado con la vida en la calle y en comunidad.

“Según mi experiencia, cuanta más gente crece en una sociedad en la que beber esté asociado con las ceremonias culturales y la familia, menos probable es que los miembros de dicha sociedad abusen del alcohol”, añade. Como recuerdan a menudo los críticos de Dry January, este promueve una relación muy poco natural con las bebidas alcohólicas, convertido en un reto promocionado en redes sociales y en la cual se desprecia al bebedor casual y olvidando que, como recuerda el doctor de la Universidad de York Ian Hamilton en 'Seeker', es preferible no beber durante dos o tres días a la semana que aceptar este reto.

Después de la Nochevieja, los bares se vacían. (iStock)
Después de la Nochevieja, los bares se vacían. (iStock)

No es el único problema que puede ocasionar dejar el alcohol, aunque parezca paradójico. Los alcohólicos saben que intentar pasar de un consumo desmejorado a la abstinencia total ocasiona efectos como el 'delirium tremens', pero no hace falta recurrir a casos extremos. Como recuerda un reportaje publicado en 'Business Insider', esta clase de programas restrictivos pueden provocar un efecto similar al rebote que se produce con las dietas milagro. Es decir, que una vez se alcanza el objetivo, y tras habernos controlado tanto tiempo, volvemos con más fuerza a pegarnos atracones, olvidando que la clave se encuentra en el punto medio aristotélico.

Un cambio de paradigma

La moda de Dry January probablemente sea una consecuencia natural de las costumbres de consumo alcohólico que han proliferado en EEUU y se han acentuado durante los últimos años. Dos son las principales tendencias: beber solo (¿no les ha extrañado que en las películas de Hollywood alguien se ponga una copa nada más a entrar a casa?) y los atracones, el 'binge drinking'. Como recuerda Kreglinger, “el problema es que demasiada gente recurre al alcohol para protegerse de la soledad y el aislamiento”.

Dejar de beber por completo puede provocar que, cuando terminemos el reto, volvamos con más fuerza y nos peguemos un atracón

Citando el proverbio africano, “hace falta un pueblo entero para aprender a disfrutar de una copa de vino”. Como recuerda la autora, que en muchos estados de EEUU la edad mínima para beber alcohol sean los 21 años, y no los 16 de Alemania (14 bajo la supervisión de un adulto) muestra no tanto la preocupación de las autoridades públicas como un problema de difícil solución: la ausencia de una educación en el consumo de bebidas por parte de los padres y el resto de la sociedad, que empiezan a relacionarse con el alcohol en bares y con sus amigos.

Podemos pensar que en España estamos inmunizados ante dicha tendencia, pero no es así, como señalan las últimas estadísticas sobre consumo alcohólico y que sugieren que nos estamos acercando al modelo de dichos países. Según la última 'Encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España' la edad media de inicio en el consumo de alcohol se sitúa en los 13,9 años. Un 57,6% de los participantes había hecho botellón durante el último mes y un 22,2% se había emborrachado.

Es un síntoma de que la situación ha cambiado sensiblemente durante las últimas décadas. Como señalan las estadísticas de la FAO, hasta 1982 el vino fue la bebida preferida de los españoles, pero en los años siguientes, esta pasó a ser sustituida por la cerveza. Como afirmaba el sociólogo Francisco Alvira Martín, de la Universidad Complutense, en el estudio 'Cambios en el consumo de bebidas alcohólicas', el alcohol se estaba empezando a tomar a una menor de edad y primaba más la búsqueda de sus efectos embriagadores como motivación para consumirlo.

Dos grupos, una realidad

En definitiva, y aunque siempre haya existido la figura del alcohólico parroquiano, nuestra relación con el alcohol parece estar cambiando para parecerse un poco más a lo que ocurre en EEUU. Como escribía José Antonio Marina recientemente, “el alcohol va a estar presente en nuestras sociedades, pero es importante consumirlo de forma inteligente y evitar que afecte a la convivencia”. El filósofo señalaba que en España somos tolerantes con el consumo abusivo de alcohol, pero ¿cuál es la solución?

El 37% de la población laboral en España afirma no beber ni una gota (hasta un 54% entre las mujeres)

Ante ese estado de las cosas, la pregunta es: ¿abstinencia o responsabilidad? España es, curiosamente, uno de los países con mayor número de abstemios. Según un estudio realizado por Premap Seguridad y Salud, el 37% de la población laboral en España afirma no beber ni una gota (hasta un 54% en el caso de las mujeres, 29% en el de los hombres). El porcentaje ha aumentado sensiblemente. Si en el año 2003, un 43% d ellos jóvenes se declaraba abstemio, tan solo un 9% lo hacía en el año 1989. En 2001, España era junto con Rumanía el país con mayor número de abstemios, según los datos de la OMS.

En apariencia, debería tratarse de un dato positivo. No obstante, que el porcentaje de jóvenes con problemas alcohólicos sea mayor señala a una inequívoca polarización del consumo de las bebidas alcohólicas: muchos deciden prescindir de ellas por completo, quizá porque sus opciones de ocio son muy diferentes, pero los que las toman lo hacen en mayor cantidad y con otros objetivos relacionados directamente con sus efectos embriagadores. Y, como siempre que ocurre cuando una situación se polariza, los extremos tienden a reforzar sus propias posturas, algo preocupante en el caso de los inexpertos consumidores.

Botellón en la Universidad Complutense durante San Cemento. (Enrique Villarino)
Botellón en la Universidad Complutense durante San Cemento. (Enrique Villarino)

El problema de movimientos como Dryjanuary es que parecen dejar fuera la posibilidad de que tomar una cerveza o una copa de vino forme parte del ocio responsable, y que beber alcohol pueda tener objetivos diferentes a perder el control, más relacionados de manera íntima con las costumbres de sociedades como la nuestra. Una idea que durante mucho tiempo se transmitía de generación en generación, que conllevaba un aprendizaje de los propios límites, y que puede estar perdiéndose, visto el papel que el alcohol está empezando a jugar en nuestra sociedad.

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