LA VENGANZA DE LOS BORDES

Por qué la gente con mala leche vive más y triunfa en su profesión

No solo son capaces de arruinar el día al más pintado, sino que además obtienen otras ventajas de ello, como si fuesen vampiros alimentándose de las desgracias ajenas

Foto: Todo mal, menos para él. (iStock)
Todo mal, menos para él. (iStock)

Si hiciésemos caso a los estereotipos de la literatura de autoayuda, bastaría con no dejar de sonreír hasta que nos agrieten los labios y la sangre manase de ellos para llegar donde nos propusiésemos. No hay más que ser felices, proactivos y afrontar todos los retos con positividad para que nos abran todas las puertas, la gente nos admire y, cuando llegue el momento, San Pedro nos acoja en el Cielo cual portero de discoteca de la gloria celestial.

¿De verdad es así? La triste realidad es que los más altos niveles de la política, las empresas y otras organizaciones están ocupadas por personas con muy mal genio, cenizas y que dispensan un trato regular hacia los demás. Esa gente a la que si le dices que les iría mejor si persiguiesen sus sueños a través de sus deseos más sinceros, a lo mejor te escupían a la cara (y con razón). Hay muchas situaciones en las que ser un borde de tomo y lomo resulta rentable, como recordaba un reciente artículo de la 'BBC'. Otra cosa es que hagamos uso de nuestra moral y recordemos que tratar a la gente como si el mundo se fuese a acabar en media hora no está muy bien.

¿Hay una explicación común en todos estos casos o no se trata más que de una coincidencia?

Entre las supuestas ventajas de tener mal carácter se encuentran ganar más (enfrentarse mejor a la organización económica), ser más creativo, vivir más tiempo (por ejemplo, sufriendo menos problemas cardíacos) o una mejor salud en tu matrimonio, al menos en sus primeras etapas. Son todo ventajas, parece. La pregunta del millón es la siguiente: ¿hay una explicación común en todos estos casos o no se trata más que de una coincidencia? Quizá no se trate tanto del humor como del considerado como pesimismo defensivo, una pragmática filosofía de vida que exime a estos gruñones de incurrir en grandes riesgos, como haría un optimista, o de hundirse en la miseria, como un pesimista a secas.

Bueno para tu corazón, malo para la amistad

Comencemos centrándonos en lo (en apariencia) exclusivamente fisiológico. ¿Viven más tiempo las personas malhumoradas? Al menos, parece ser que tienen menos posibilidades de sufrir un ataque al corazón, como aseguraba una investigación publicada en 2010 en el 'American Journal of Cardiology', y que aseguraba que aquellos con una “furia reprimida” tenían más papeletas de sufrir un ataque al corazón que los que no experimentaban furia… O la expresaban. En definitiva, y como recordarían nuestras abuelas, mejor fuera que dentro: uno se queda mucho más a gusto si se desahoga.

Vivirá eternamente. (iStock)
Vivirá eternamente. (iStock)

No se trata de una cuestión meramente fisiológica, como sugería otra investigación publicada en 'Psychology and Aging', que se centraba, ante todo, en los pesimistas. En primer lugar, la investigación señalaba que vamos viendo el futuro cada vez más negro a medida que pasa el tiempo (nada nuevo), pero también, que aquellos que eran pesimistas respecto a su porvenir –o que infraestimaban las posibilidades de estar sanos– se veían beneficiados. “Aceptar o incluso prever posibles pérdidas futuras puede servir para inmunizarse ante posibles amenazas en el futuro y por lo tanto sirve como un mecanismo de control secundario”, señalaba el estudio. Es decir, cuando piensas que todo te va a ir mal, te preparas pronto para que te vaya bien.

Razonablemente, no es lo mismo ser un pesimista que tener mal carácter, aunque parezca que ambas cosas van de la mano. Lo que está claro es que la euforia suele ser mala consejera si lo que pretendemos es salvaguardar nuestra salud, y si no, piense lo que pasó la última vez que recibió una buena noticia y decidió descorchar el champán (e irse de copas hasta el amanecer…): como recuerda en el artículo de 'BBC' Gabriele Oettingen, de la Universidad de Nueva York, el optimismo suele hacer que nos relajemos y, por lo tanto, dejemos de esforzarnos en cuidarnos.

Los autónomos pesimistas ganan más que los optimistas, pero no ocurre lo mismo entre los asalariados

No digamos ya en los casos de sufrir un desorden bipolar, que ilustran bien lo que ocurre a mucha gente cuando su ánimo está alterado. Como explicaba un estudio publicado en 'Current Directions in Psychological Science', las emociones positivas que experimentan estas personas pueden terminar siendo negativas, puesto que suelen conducir a la asunción de comportamientos de riesgo, como gastar demasiado dinero en compras.

Un capullo, sí, pero llegará lejos

Por si fuera poco, un grado de mala leche parece ser bueno para tu carrera profesional y tu creatividad. Las investigaciones encajan con el estereotipo del artista torturado, introvertido y más seco que la mojama. Como aseguraba una investigación publicada en el 'Journal of Experimental Social Psychology', las personas furiosas son, de entrada, mucho más creativas que las que están relajadas o tristes. Eso sí, debido a que el proceso provoca una explosión desenfrenada de ingenio, rápidamente empieza a decaer. No todo son ventajas: la creatividad desencadenada por la furia suele estar mucho más desestructurada que la alcanzada por otros caminos.

¿Son las personas creativas más exitosas y, por lo tanto, ganan más? No necesariamente. Un 'paper' llamado de manera elocuente “El poder del pensamiento (no) positivo” señalaba que los autónomos pesimistas ganan más que los optimistas (aunque, entre empleados, son los optimistas los que ganan más). De nuevo, volvemos al razonamiento del pesimista a la defensiva: entre los trabajadores por cuenta propia, el optimismo afecta directamente a su rendimiento, puesto que gran parte de sus resultados dependen de “un acercamiento realista a sus alternativas”. Por el contrario, el entorno laboral de una empresa convencional puede favorecer a los optimistas.

Una buena noticia para los gruñones que lo ven todo negro: es posible que aguanten más tiempo junto a sus parejas, especialmente al comienzo de la relación. ¿Cómo? ¿Por qué? Una vez más, entra en juego el perfecto ajuste entre expectativa y realidad que llevan a cabo los más cenizos del barrio. Como señalaba una investigación publicada en el 'Journal of Personality and Social Psychology', aunque se considera que el optimismo puede ser positivo ya que conduce a que los individuos tomen cartas en el asunto cuando la cosa va mal, también puede ser una vulnerabilidad en determinados casos, por ejemplo a la hora de solucionar los problemas durante los días conflictivos. Es probable que un optimista lo deje estar, y a la larga, se enquiste.

El mal humor incrementa el escepticismo de la gente y su capacidad para detectar los engaños

Se trata, como hemos visto, de una hábil adaptación entre la realidad y las expectativas, que provoca que esas personas sean capaces de hacer frente a las dificultades con un estoicismo digno de elogio. Como señalaba otro estudio publicado en el 'Journal of Experimental Social Psychology', “el mal humor incrementa el escepticismo de la gente y su capacidad para detectar los engaños, mientras que el buen humor lo hace descender”. ¿Moraleja? Un poco de mala leche y desesperación no vienen mal, pero eso sí, en pequeñas dosis, por favor.

Alma, Corazón, Vida

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