LA CIENCIA AVANZA QUE ES UNA BARBARIDAD

El truco viral de una joven inglesa para enfriar rápidamente el vino o la cerveza

Cuando no tengas otra opción más que esperar a que el tiempo pase para que el alcohol se refresque, piensa en esta otra alternativa que nos ofrece una habilidosa británica

Foto: Fresquito entra ¿mejor? (iStock)
Fresquito entra ¿mejor? (iStock)

A todos nos ha pasado. Pasamos por el supermercado al salir del trabajo, compramos unas cervezas, llegamos a casa y nos damos cuenta, rayos y truenos, de que está tan caliente que más que acompañarlas con unas aceitunas mejor les echamos unos fideos y ya tenemos sopa para la cena. Ante una encrucijada vital tan dura, una tuitera ha encontrado una solución definitiva, tan útil que, en el momento de escribir este artículo, había recibido más de 183.000 “me gusta” en dicha red social y más de 70.000 retuits.

“Oh, Dios mío, mi vida adulta ha tocado techo” era el irónico comentario con el que Clare Potts, una mancuniana de 28 años, acompañaba las dos imágenes con su truco. Este consiste, básicamente, en utilizar el dispensador de agua de la nevera para, en lugar de echar agua, hacer lo propio con el líquido alcohólico que queramos enfriar rápidamente. Potts utiliza vino, pero nosotros le vemos más utilidad a la cerveza, entre otras razones, porque la mayor parte de vinos no necesitan ser enfriados.

Eso sí, tenemos una mala noticia: si no dispones de uno de esos frigoríficos americanos con dispensador de agua –la mayoría de los que se utilizan en nuestros hogares no son así, aunque sí se pueden adquirir en cualquier tienda a un alto precio y siempre y cuando nos sobren unos cuantos metros cuadrados de cocina para tener dónde encajarlo– ya puedes irte olvidando de 'hackear' tu propia vida.

Como decían en 'Parque jurásico', la vida –y la cerveza fría– siempre se abren camino

Sin embargo, incluso para aquellos que no dispongan de uno de estos dispositivos en su casa, este truco puede darnos alguna idea. Por ejemplo, rellenando con cerveza una de esas fuentes de agua mineral que suele haber en las empresas y, así, disfrutar de birra congelada a lo largo de todo tu horario de nueve de la mañana a cinco de la tarde (un buen regalo de Navidad para el empleado desmotivado, ¿no?).

La fama (momentánea) no se ha hecho esperar para esta joven. Otro tuitero la proponía para persona del año de 'Time', en lugar de Donald Trump (que, entre sus logros como presidente, desde luego que no se encuentra habernos enseñado a enfriar nuestras bebidas alcohólicas). La mayoría, simplemente, la calificaba de genio por haber conseguido cambiar las reglas del juego con esta muestra de pragmatismo 'millennial'. ¿Quién dijo que la tecnología frenaba la creatividad? Al final, como decían en 'Parque jurásico', la vida –y la cerveza fría– siempre se abren camino.

¡Ojo, polémica!

No todo el mundo se muestra de acuerdo con que el método utilizado por Potts sea útil, especialmente, si de lo que estamos hablando es de vinos. Gracias por tu inestimable aportación, amigo Maneki Neko: aunque su nombre pueda despistarnos, este usuario es galo y manifiesta en otro célebre tuit (ha sido faveado 328 veces y retuiteado unas 47; no es lo mismo, pero no está mal) su indignación ante el truco: “Como francés, estoy espantado. Un vino abierto en la nevera es rápidamente alterado por el resto de la comida almacenada”.

Tiene toda la razón. Una vez un vino se abre, debemos mantenerlo cerrado siempre y cuando no lo estemos sirviendo. Ni qué decir tiene que un vino abierto en la nevera se deteriorará muy rápidamente, pero incluso en el caso de que el frigorífico estuviese completamente vacío, debería conservarse cerrado por el tapón de la botella. De otra manera, se favorece la circulación de oxígeno, lo que termina mermando las cualidades organolépticas del vino.

Hay otra razonable reserva respecto a esta manera de conservar el alcohol más español: ¿desde cuándo hace falta enfriar el vino para beberlo? Cada uno tiene su propia temperatura óptima que, por lo general, nunca son los 4ºC que de media suele tener un frigorífico. La OCU tiene una completa guía que nos permite descubrir cuál es la temperatura ideal para cada vino e, incluso en los casos en los que esta sea más baja (como ocurre con los espumosos como el cava o el champán), esta no desciende de los siete grados. No digamos ya las temperaturas a las que deben servirse los tintos crianza (15º) o los reserva y gran reserva (17º).

Como alerta la página, tomar el vino muy frío –entre los dos y cuatro grados– puede provocar que apenas se perciban los aromas y que los sabores ácidos se acentúen. Además, la OCU propone un truco alternativo y mucho más casero (no necesitamos gastarnos miles de euros en un frigorífico con dispensador): meter la botella en un recipiente con hielo y agua. Sí, exactamente lo mismo que hacen en todos los restaurantes cuando solicitamos una botella en lugar de una copa. No es magia viral, pero se parece mucho.

Alma, Corazón, Vida

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