Del baño en el ángulo oscuro...

El motivo por el que tienes que volver a usar el bidé del baño

Está ahí y tiene un cometido. Aunque parezca un inútil objeto del pasado, el bidé puede tener un sentido en nuestra era. Te explicamos el porqué

Foto: No lo abandones. Te está esperando. (iStock)
No lo abandones. Te está esperando. (iStock)

Es quizás el accesorio doméstico más ignorado y ha quedado prácticamente excluido de todos los pisos de nueva construcción. Por otro lado, muchos jóvenes y extranjeros que alquilan un apartamento que no ha sido reformado se preguntan cuál es la utilidad de esa especie de híbrido entre váter y lavabo que ocupa un precioso espacio en un cuarto de baño minúsculo.

El bidé forma parte de las costumbres de higiene de los ciudadanos de Grecia, Italia, Portugal y, por supuesto, España, así como de algunos países de Sudamérica (en particular de Argentina, Paraguay y Uruguay). Las variedades y los avances tampoco faltan: bidé de chorro horizontal, de chorro vertical o ducha invertida, portátiles…

Por su cómoda posición, ligeramente por debajo de las rodillas, algunos lo siguen empleando para lavarse los pies, pero olvidan su función original: la limpieza de los genitales y del ano.

Cada vez más hogares están prescindiendo del bidet. ¿Un paso atrás para la higiene?

Uno de los motivos por los que ya no se usa tanto es porque muchos hombres y mujeres prefieren llevar sus zonas íntimas totalmente rasuradas. Buena culpa del fenómeno lo tiene la estética de la pornografía que ha dado lugar a lo que en el mundo anglosajón se conoce como sujetos spornosexuales (palabra formada por la mezcla de deporte, “sport”, porno y metrosexual). Además de los motivos estéticos, queda también esa impresión de que nuestras partes pudendas se encuentran de este modo más aseadas. Sin embargo, si el vello púbico está ahí, será por algo.

Siguiendo la magnífica apología del bidé que hizo Bigas Luna en su película “Huevos de oro” te vamos a dar un argumento por el que no deberías suprimirlo de tu cuarto de baño. Las alarmantes conclusiones de un estudio son la causa real.

El vello es bello

El vello púbico es un protector natural contra la entrada de patógenos, pues dificulta que los mismos accedan al sistema urogenital. Es particularmente relevante para las mujeres, ya que la vagina es mucho más ancha y accesible para los gérmenes que el conducto masculino. Por otro lado, el vello sirve también como amortiguador de la región genital durante el coito, que al ser un acto piel con piel puede generar enrojecimientos muy molestos.

Los aficionados a la depilación frecuente suelen ser sexualmente mucho más activos que quienes no dan importancia a semejante práctica

El vello púbico tiene, por tanto, una importante función sexual, y son muy pocos los beneficios para la salud que se consiguen con su completa eliminación.

Como muestra además un reciente trabajo de investigación publicado en la revista ‘Sexually Transmitted Infections’, si se suprime el vello púbico, el riesgo de contraer enfermedades venéreas se acaba disparando. Los pequeños cortes que se forman en la piel son el principal motivo que llevan a aumentar las posibilidades de contagio.

Menos vello: más infecciones

Los resultados se extraen de una encuesta realizada entre más de 7.500 adultos de los Estados Unidos. Un país que por muy civilizado que esté no tiene bidés.

Casi tres cuartas partes de los individuos estudiados reconoció que se había afeitado o depilado en alguna ocasión, lo que dice mucho de la importancia que se da ahora a esta parte de nuestro cuerpo. En particular, el 84% de las mujeres y el 66% de los hombres declararon que lo había hecho. Un 17% solía llevar a cabo una depilación extrema, eliminando todo el vello de dicha zona por lo menos una vez al mes. Por otro lado, un 22% reconocía que dedicaba algún momento de la semana a su cuidado.

Los doctores aconsejan no depilarse por completo. En el caso de que aparezcan cortes es importante esperar a que la piel se cure

El estudio muestra además las diferencias entre sexos a la hora de acicalar las zonas íntimas. Mientras los hombres suelen preferir las maquinillas eléctricas, las mujeres son más propensas a utilizar las cuchillas. Uno de cada cinco individuos reconoce que emplea también las tijeras para realizar algunos arreglos.

Entre los que se depilan, aquellos que efectúan una eliminación más extrema del vello llegan a tener entre tres y cuatro veces más posibilidades de contraer una enfermedad de transmisión sexual que quienes prefieren que la naturaleza siga su curso. En particular, las enfermedades que más se pueden contagiar son el herpes genital y el VPH (virus del papiloma humano).

El estudio dice además que los aficionados a la depilación frecuente suelen ser sexualmente mucho más activos que quienes no dan importancia a semejante práctica. De ahí quizás la gran preocupación estética de dichos sujetos.

Los médicos recomiendan dejar siempre algo ahí abajo. (iStock)
Los médicos recomiendan dejar siempre algo ahí abajo. (iStock)

La única buena noticia para quienes aman las cuchillas y la cera caliente es que este hábito previene la transmisión de piojos como el 'pthirus pubis', es decir, las famosas ladillas. Eso sí, una vez contraídas, la depilación y el afeitado no llevarán al exterminio total de estos parásitos.

Los doctores de la Universidad de California que llevaron a cabo la investigación aconsejan encarecidamente dejar siempre algo de vello, o en el caso de que se suprima y aparezcan cortes en la piel, esperar por lo menos a que esta se cure por completo.

No vamos a acabar estas líneas redactando una oda al vello púbico, pero igual que todo el mundo juega con su peinado, su barba, sus cejas o sus pestañas para mejorar su apariencia, ¿no sería mejor darle un toque de creatividad a aquello que nos guardamos para situaciones especiales, en vez de cortarlo a ras?

En el proceso de acicalado entra la higiene, y ahí vuelve otra vez nuestro protagonista de hoy: el bidé. Sabemos que no vamos a romper tendencias con este artículo, pero queremos recordar que el bidé existe y es una pena que, por ignorancia sanitaria, se encuentre en peligro de extinción. Incorporemos, pues, el bidé en nuestros hogares. Hagamos que de su condición viejuna pase a ser algo vintage o retro.

Alma, Corazón, Vida

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