sabroso y sin bacterias

Lo que nunca debes hacer cuando fríes un filete de pollo: estos son tus errores

En sartén o 'grill' y con poca grasa, preparar carne de ave parece lo más sencillo y sano del mundo. Y lo es, siempre que lo estés haciendo bien

Foto: Intentemos no fastidiarlo de aquí al plato... (iStock)
Intentemos no fastidiarlo de aquí al plato... (iStock)

Ha sido un día duro y necesitas una cena rápida y ligera para tener tiempo de digerirla bien antes de irte a la cama. El pollo, con su aporte de proteínas, su carne magra y su sabor suave, fácil de aderezar y de combinar con cualquier guarnición, es tu principal aliado. En unos minutos, estará listo para consumir. ¿O no?

Cuidado porque si, como la mayoría, no has hecho un curso de manipulación de alimentos, puede que estés haciendo varias cosas importantes mal. Los deslices de los que vamos a hablar no solo provocan problemas en el sabor sino que abren la puerta de par en par a organismos non gratos en nuestro sistema digestivo.

Descongelarlo despacio

Muchos aún creen que lo mejor para descongelar algo es dejarlo a temperatura ambiente. Suena natural, pero los congeladores y frigoríficos modernos no son naturales ni deben serlo; las bacterias sí. Como explican en 'Mashed', la temperatura media en casa puede estar en unos 20 grados, es decir, justo en medio de la franja en la que más fácilmente se reproducen microorganismos tóxicos como la salmonela.

Ponerlo en la plancha o la sartén directamente del frigo no es buena idea. Por fuera parecerá hecho pero es probable que por dentro siga crudo

La mejor forma de descongelar el pollo (y la carne en general) es introducirlo en una bolsa de cierre hermético y sumergirlo en agua fría. Para nota, ve sustituyendo el agua cada poco rato, de forma que se mantenga siempre fría. Incluso haciendo esto último, el proceso será más rápido que dejarlo en la encimera de la cocina durante horas, lo cual da tiempo a las bacterias para establecerse a gusto en la capa exterior del filete mientras por dentro el núcleo sigue duro como una piedra.

Cocinarlo nada más sacarlo de la nevera

Aunque lo hayas mantenido fresco en la nevera, ponerlo en la plancha o la sartén directamente del frigo no es buena idea. Por fuera parecerá hecho enseguida y adquirirá un apetecible tono dorado, pero es probable que por dentro siga crudo.

Sin huesos no sería tan espectacular. El pollo tampoco. (iStock)
Sin huesos no sería tan espectacular. El pollo tampoco. (iStock)

Para evitar esto, sácalo un rato antes del refrigerador. ¿Y las bacterias? Se calcula que empiezan a hacer de las suyas a partir de 20 minutos a temperatura ambiente, así que espera solo un cuarto de hora, más o menos, y estarás en el justo punto medio.

Manipularlo sin cuidado

La carne de ave es uno de los lugares preferidos para vivir de la salmonelosis, y lo peor es que cuando está presente no se aprecia a simple vista. Someter el pollo a altas temperaturas en la sartén es una forma de acabar con las bacterias, pero todo lo que rodea a esa operación debe ser higiénico para que sirva de algo.

Nunca uses el mismo cuchillo para cortar los filetes crudos y los ya hechos: si es el mismo, lávalo con lavavajillas, no solo con agua, y sécalo con un trapo limpio que no haya estado en contacto con la carne sin hacer. Lo mismo con los platos y las manos: deben estar recién limpios en cada fase del proceso.

Muchos quitan la piel antes de cocinar el pollo para no engordar, pero no deberían: da sabor al plato aunque no te la comas y lo protege del calor excesivo

Otro error común que resulta fatal es lavar el pollo con agua (corriente o no) en el fregadero. No añades ninguna higiene sino todo lo contrario: esparces las posibles infecciones por la pila y la superficie de cocina alrededor, multiplicando las posibilidades de contagio a otros utensilios y alimentos. Si llega a suceder y la pieza de ave está afectada, habría que lavar todo a fondo con desinfectante para eliminar el problema.

Quitar los huesos y la piel antes de cocinarlo

Queda claro entonces que comer carne poco cocinada es peligroso. Pero cuando está demasiado hecha, arruinamos su jugosidad y sabor, porque pierde toda la humedad. Para evitar que el filete quede seco como una suela de zapatilla, hay que intentar que conserve parte del líquido que contiene.

Una buena forma de conseguir esto es cocinarlo con la piel y los huesos. Muchos quitan la piel para evitar tentaciones (en ella se acumula la grasa y temen engordar), pero no deberían: la piel da sabor al plato aunque no te la comas y protege al pollo del calor excesivo, ayudando a mantener la humedad. Los huesos también absorben algo de calor, lo que aumentará el tiempo de preparación pero también el placer al hincarle el diente al resultado.

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