el lado oscuro de la red

"Facebook es el portero de las noticias que leemos y es quien las rentabiliza de verdad"

Con el libro 'Internet no es la respuesta', el periodista Andrew Keen alerta de la concentración de poder en manos de las empresas tecnológicas
Foto: El periodista Andrew Keen, autor de 'Internet no es la respuesta'. (Jens Panduro)
El periodista Andrew Keen, autor de 'Internet no es la respuesta'. (Jens Panduro)

Las tesis del periodista, exemprendedor tecnológico y columnista de la CNN Andrew Keen son atrevidas. No porque sean especialmente innovadoras, sino porque el simple hecho de plantearlas genera muchas animadversiones. Keen afirma, por ejemplo, que "internet es un bucle de retroalimentación negativa en el que sus usuarios son más sus víctimas que sus beneficiarios". O que “la red ha hecho posible que los empleados trabajen sin cobrar, que los empresarios no tengan que someterse a trabas legales y que, además, sean reverenciados como líderes sociales”. O que “mientras que los vendedores de tiendas físicas emplean 47 personas por cada 10 millones de dólares en ventas, Amazon apenas emplea a 14 personas. (...) Amazon destruye puestos de trabajo, no los crea; en 2012 acabó con 27.000 solo en Estados Unidos”.

No son puntos de vista populares en un entorno donde la tecnología y el emprendimiento en la red son vestidos como las panaceas a nuestros males, algo que Morozov denominó "solucionismo tecnológico". Pero resulta adecuado escarbar entre los panegíricos para encontrar qué hay de realidad y qué de utopía en este entorno, e 'Internet no es la respuesta' (Ed. Catedral), el libro que ha publicado en nuestro país, es una guía bastante ajustada. El Confidencial conversó con Keen en Madrid acerca de los valores de la cultura de la red.

PREGUNTA. Internet nos iba a liberar, nos permitiría aumentar nuestras posibilidades, nos ofrecía todo un mundo nuevo. Al final, es un conjunto de monopolios y de redes de poder que dista mucho de lo prometido. Pero también ha traído cosas muy positivas, ¿no?

RESPUESTA. La gran ventaja de internet es que ha cambiado nuestras vidas de un modo muy eficiente. Cuando iba de viaje, solo podía comunicarme con mi familia una vez a la semana, y ahora estoy permanentemente conectado. Es importante para mi trabajo como periodista e investigador, y no podría haber escrito este libro sin la red. Y también nos hace valorar mucho más lo físico, las interacciones personales y las reuniones cara a cara. Hay algo cierto: desde el teléfono puedes sacar tus billetes, contratar un hotel y hacer mil cosas. Internet es central en nuestras vidas, y vivir sin él es como quitar la electricidad a la industrialización.

"En el XIX, los adolescentes trabajaban en las fábricas por un salario ridículo. Hoy trabajan para Instagram y Facebook sin que se les pague nada"

P. Sin embargo, mientras hay consenso en celebrar los aspectos positivos, quien se atreve a señalar otros más preocupantes es con frecuencia despreciado, como alguien que no fuera a la par de su época.

R. Es importante ir más allá de eso. Te dicen que eres pesimista, pero yo no lo soy. Soy realista, aporto un montón de datos empíricos que apoyan mis tesis. Uno de los problemas a los que nos estamos enfrentando es que parece que hoy no nos dividimos por ser de izquierdas o de derechas, sino por ser optimistas o pesimistas. Es una visión muy infantil. Es como si sales a la calle, está nublado, lo dices y te contestan que eres un pesimista. No, es un hecho. Es realismo. Mi papel es advertir de las cosas.

P. Pues hablemos de una de las que pasan más inadvertidas, el poder en internet. ¿Qué nos espera en el futuro? ¿El mismo modelo que ahora pero acelerado?

R. A finales del siglo XIX, los adolescentes trabajaban en las fábricas por un salario ridículo. Hoy trabajan para Instagram y Facebook sin que se les pague nada. La paradoja es que cuanto más utilizamos estas redes, y más contenidos y datos les proporcionamos, más poder tienen. Fíjate en Peter Thiel, el billonario accionista de Facebook, que ha tratado de acabar con un medio periodístico, 'Gawker', porque dijo de él algo que no le gustó. Ha demostrado lo que pasa cuando te metes con gente con dinero. La clave aquí es tratar de devolver el poder a la gente, pero también de conseguir que sean más responsables y no se contenten con disponer de contenido gratis. Tiene que haber un cambio en el modelo de negocio, porque lo gratis también significa explotación. Y esto va a ir a peor. Habrá más aceleración, más inteligencia artificial, más internet de las cosas, más 'big data'. Recabarán más y más datos sobre nosotros. El tiempo apremia.

"El problema de la desigualdad a que nos abocan es grave porque no solo tienen poder económico, sino que también cuentan con mucho poder político"

P. Menciona a Peter Thiel, una de las cabezas visibles de los billonarios tecnológicos. ¿Representan esa clase de perfiles a los nuevos poderosos en esta etapa del capitalismo? ¿Hemos pasado de la era industrial a la digital y eso implica nuevos magnates y nuevas formas de poder?

R. El caso de Thiel es un caso extremo porque representa a un villano desagradable, a alguien de la extrema derecha que apoya a Trump… Es alguien que podría haber inventado yo… Pero no podemos generalizar, no todos los ricos son iguales. Algunos, como Gates, están haciendo cosas para que el mundo sea mejor, y quizá Zuckerberg también. Thiel es el perfecto villano, el malo e inteligente enemigo de Bond que busca venganza porque un periódico dice de él que es homosexual. Pero tampoco podemos fijarnos en sus personalidades, sino en lo que representan para la sociedad: el problema es la gran cantidad de poder que acumulan. Jeff Bezos adquirió el 'Washington Post' y lo utiliza para comprar a la opinión pública y conformar el mundo a su gusto. Pierden la visión de lo que es realmente la sociedad, que no es el 'Burning Man' que tienen en la cabeza, y se les ocurren cosas como montar pequeñas repúblicas 'offshore' o ir a colonizar el espacio, como hace Elon Musk. El problema de la desigualdad a que nos abocan es grave porque no solo tienen poder económico, sino que también tienen mucho poder político. Fíjate en los hermanos Koch o en Mark Cuban, otro de esos millonarios que están haciendo que la política se personalice cada vez más. Son gente que, como Eric Schmidt, de Google, tienen acceso directo y gran influencia en Obama.

P. Hablemos de trabajo gratis. La música es un buen ejemplo, porque todo el mundo subraya las posibilidades que una banda que se inicia tiene gracias a internet, cuando es justo lo contrario. Dice usted que la red, también en la música, está agravando la desigualdad y ahondando en la brecha entre los ricos y los demás. David Byrne afirmaba que para que un grupo de cuatro miembros ingresase el salario mínimo anual, tendría que sonar 250.000 millones de veces en Spotify. Sin embargo, no hay grandes quejas por parte de los músicos.

R. Quiero dejar claro que no todo es negativo, que la música en directo va bien, y que hay una parte de verdad en que los artistas pueden atraer a más y más público gracias a internet, pero también tienen que hacer su propio 'marketing' y convertirse en promotores de sí mismos. El problema es otro, porque si el modelo de negocio se basa en pagar 10 dólares al mes por tener toda la música del mundo, es obvio que no se trata de un modelo sostenible, y máxime cuando el músico recibe una pequeñísima parte de esos ingresos. Hay artistas como Adele que no quieren aparecer en Spotify, y los músicos tienen que tomar conciencia de esto. Pero no solo ellos: los fans tienen que entender que ellos no son los dueños de la banda y que no tienen todo el derecho a que la música sea gratis. Pagamos por el teléfono, por los ordenadores, por los bolígrafos o por las mesas que utilizamos, y también tenemos que pagar por la música. Y los operadores tienen que ser conscientes de que deben construir modelos de negocio valiosos. Hay elementos para la esperanza, como el vinilo, que genera más beneficios que los servicios de 'streaming'. El CD fue un error, un producto con un mal diseño, muy barato pero que se vendía caro y que servía para que las discográficas sacaran dinero reeditando sus catálogos. El vinilo es otra cosa. Pero en el fondo, todo el mundo debe entender que hay que pagar por el proceso creativo. Personas como David Lowery, de Camper Van Beethoven y Cracker, han demandado a Spotify para generar condiciones mucho más justas, y esa clase de pelea es necesario que se dé entre los músicos.

"Facebook se está convirtiendo en el guardián de gran parte de las noticias que se leen diariamente y es quien las rentabiliza de verdad"

P. El problema de la industria musical en general es que resulta muy difícil generar ingresos cuando los contenidos están disponibles gratuitamente a través de la piratería. ¿Quién se beneficia de ella? Porque en su libro afirma que muchas de las empresas multimillonarias de internet son cómplices de la piratería.

R. La piratería es el crimen organizado. No hablo de Pirate Bay, de chicos idealistas, sino de que es un gran negocio para mafias situadas en países donde no pueden ser perseguidas y que ganan mucho dinero a través de la publicidad.

P. Le preguntaba por la música porque es un buen ejemplo. Hay gran cantidad de gente produciendo creaciones y aportando contenidos por los que no reciben nada o prácticamente nada. Pero es un problema común en la red. Usted hablaba de lo que ganan Facebook o Instagram con los contenidos gratis. Y el periodismo también está afectado por esa tendencia a poner todo en la red gratuitamente.

R. Sí, pero es distinto, porque cada vez más periodismo de calidad se protege detrás del muro de pago. Muchos diarios han optado por esa fórmula. Hay contenido que se ofrece gratis, como el 'Huffington Post' o 'Buzzfeed', que hacen dinero con la publicidad, pero el problema es que la mayor parte de los 'links' a periódicos tienen a Facebook como mediador. Facebook se está convirtiendo en el portero de gran parte de las noticias que se leen diariamente y es quien las rentabiliza de verdad. Parte del dinero va a los periódicos, claro, pero es difícil saber si con este modelo de negocio podrán seguir siendo viables, al margen de que deben producir un contenido más sensacionalista para atraer al lector. En todo caso, la mayoría del dinero va a parar a los propietarios de las plataformas que dominan las rutas de acceso. Internet es algo muy centralizado. El 80% de los teléfonos opera con Android, el sistema de Google, la compañía a través de la que se hacen la mayor parte de las búsquedas de contenido hoy. De modo que o los diarios buscan otros modelos, o tendrán que operar bajo plataformas que comprometen su contenido y su rentabilidad.  

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