EL SECRETO DEL ÉXITO

Los 13 hábitos que tienes que evitar si quieres que te vaya bien en el trabajo en 2016

Teniendo en cuenta lo mucho que han cambiado los puestos de trabajo, es importante identificar qué tipo de hábitos laborales están minando nuestra capacidad para cumplir mejor con nuestras tareas
Foto: Saber trabajar en equipo es decisivo para tener éxito. (iStock)
Saber trabajar en equipo es decisivo para tener éxito. (iStock)

Aunque para tener éxito en el trabajo no basta con ser un tipo eficiente, es muy difícil destacar si nuestra labor no ofrece ningún resultado apreciable. Y para ser más productivo no basta con echar horas en la oficina, lo importante es lograr aprovechar al máximo el tiempo que estamos en ella.

Teniendo en cuenta lo mucho que han cambiado los puestos de trabajo, es importante identificar qué tipo de hábitos laborales están minando nuestra capacidad para cumplir con nuestras tareas mejor y más rápido. Rachel Gillet señala en 'Business Insider' trece costumbres perniciosas con las que deberíamos tratar de acabar en 2016 no sólo para ser más productivos y, por tanto, poder escalar en el trabajo, sino para que éste sea más llevadero y nos provoque menos estrés.

1. Perderse en internet

Cada vez más personas utilizan internet como una importante herramienta de trabajo, pero es muy fácil que acabemos horas buscando información sin ni siquiera lograr solucionar el problema para el que necesitábamos ayuda. Y eso por no hablar de la cantidad de gente que pierde el tiempo en las redes sociales con asuntos que nada tienen que ver con su trabajo.

Aunque mucha gente piensa que es buena haciendo varias tareas al mismo tiempo, lo cierto es que sólo el 2% de la población es capaz de lograrlo

Si tienes tareas que hacer, es importante no perderse en internet si no es para buscar rápidamente la respuesta a una pequeña duda, de lo contrario no haremos más que perder la concentración. Si te surgen dudas que no sean urgentes anótalas y trata de solucionarlas en un momento en que estés más relajado.

2. Apostar por la multitarea

La multitarea ('multitasking' en inglés) es un concepto que proviene de la informática, dada la habilidad de los ordenadores para realizar múltiples trabajos de forma simultánea. Aplicado a los humanos se refiere a la aparente sensación de que podemos hacer varias cosas al mismo tiempo, algo que en realidad no es cierto, pues se ha comprobado infinidad de veces que los humanos no somos nada buenos a la hora de concentrarnos en más de una tarea a la vez.

Aunque mucha gente piensa que es buena haciendo varias cosas a la vez, lo cierto es que sólo el 2% de la población es capaz de realizar con eficacia dos tareas al mismo tiempo (y son capaces de responder a este test). Si el resto de nosotros tratamos de hacer dos cosas a la vez nuestra atención decrece y acabamos siendo menos productivos en el largo plazo.

3. Mirar el correo todo el día

En la actualidad, la mayoría de personas se comunican con jefes, compañeros y clientes a través del correo electrónico. No cabe duda de que es una herramienta necesaria para nueastro desempeño cotidiano, pero también que solemos recibir muchos más correos de los que serían necesarios para realizar nuestras tareas. Hay trabajos en el que se reciben cientos de correos diarios que en su mayoría no sirven para nada y si recibimos notificaciones con cada nuevo mensaje no haremos otra cosa que nadar en spam.

Lo ideal para no malgastar el tiempo es configurar nuestro correo de tal manera que sólo recibamos notificaciones de los remitentes importantes

Según un estudio realizado por Microsoft entre sus empleados, cada vez que recibimos una notificación de un correo o mensaje de texto nuevo perdemos de media 10 minutos en leerlo pero, además, perdemos entre 10 y 15 minutos adicionales en ver el resto de correos, ver los enlaces o documentos adjuntos y otras tareas relacionados con el simple hecho de echar un vistazo a la bandeja de entrada.

Lo ideal para no malgastar el tiempo es configurar nuestro correo de tal manera que sólo recibamos notificaciones de los remitentes realmente importantes, como nuestro jefe o compañeros directos. El resto de correos podemos leerlos al principio y al final de la jornada. Consultar el 'mail' sólo dos veces al día es la clave de la productividad.

Revisar el correo cada 20 minutos es una pérdida de tiempo. (iStock)
Revisar el correo cada 20 minutos es una pérdida de tiempo. (iStock)

4. Recurrir a “licencias morales”

Una “licencia moral” es el término que se utiliza para definir aquellas cosas que hacemos a sabiendas de que son malas como recompensa a un supuesto buen comportamiento generalizado. Es muy habitual, por ejemplo, en las dietas: llevamos una semana comiendo verduras hervidas y pescado a la plancha y pensamos que nos merecemos hincar el diente a los donuts que ha traído nuestro compañero por su cumpleaños.

Es mucho más fácil que reunamos las fuerzas para acabar con las tareas más complejas al arrancar la jornada, no al finalizarla

Esta licencia es muy perniciosa para tratar de instalar cualquier nuevo hábito, incluido todos los relativos a hacer mejor nuestro trabajo. Lo importante para adoptar una nueva costumbre es pensar que no es algo que hacemos contra nuestra voluntad. Si ahorramos dinero o tratamos de hacer ejercicio lo hacemos porque queremos, no porque algo nos está obligando: y sí lo hacemos bien la recompensa es lograr nuestro objetivo, no minarlo.

5. Dejar lo más duro para el final

Mucha gente comienza el día cumpliendo con las tareas más sencillas y dejando las más complejas para última hora. Esto es una malísima idea que suele acabar de dos formas: obligándonos a alargar nuestra jornada laboral –algo que acaba minando nuestra productividad, por mucho que le pese a algunos directivos– o haciendo el trabajo de forma chapucera.

Los investigadores coinciden en señalar que todos tenemos una fuerza de voluntad limitada, que decrece a medida que avanza el día. Es por ello que es mucho más fácil que reunamos las fuerzas para acabar con las tareas más complejas al arrancar la jornada, no al finalizarla.

6. Celebrar demasiadas reuniones

Nada interrumpe mejor la productividad que una reunión innecesaria. Es cierto que hay asuntos que es mejor tratar cara a cara, pero en demasiadas ocasiones las reuniones no sirven para nada y son una auténtica perdida de tiempo, máxime cuando se alargan 'ad infinitum'.

Lo mejor para la productividad de una empresa es que el departamento de Recursos Humanos obligue a la persona que convoca una reunión a establecer un esquema concreto de qué va a tratarse en ella, que contemple necesariamente el tiempo que se va a emplear en revolver el asunto.

La mayoría de reuniones son una pérdida de tiempo. (iStock)
La mayoría de reuniones son una pérdida de tiempo. (iStock)

7. Estar todo el día sentado

No mover tu culo de la silla no sólo es malísimo para tu salud –hoy sabemos que las personas que están sentadas más de ocho horas al día tienen el doble de riesgo de padecer problemas cardiovasculares que las personas que pasan en una silla cuatro horas o menos–, además puede minar tu productividad. El simple hecho de levantarnos a hablar con la gente hace que se refresquen nuestras ideas.

Nilofer Merchant, autor del libro 'The New How: Creating Business Solutions Through Collaborative Strategy', asegura que ha ayudado a numerosas compañías a fomentar la creatividad realizando reuniones andantes, que se realizan durante un paseo. “Te sorprendería cómo el aire fresco fomenta el pensamiento fresco”, asegura.

8. Retrasar el despertador

Un buen descanso nocturno es necesario para que seamos productivos, felices y más resueltos en la toma de decisiones. Para lograr dormir como es debido hay que seguir una serie de hábitos pero algo muy importante es no caer en la trampa de retrasar el despertador.

Warren Buffett decía que la diferencia entre la gente exitosa y la gente muy exitosa es que los segundos dicen ‘no’ a casi todo

Muchas personas acostumbran a dilatar el momento de salir de la cama retrasando la alarma de su despertador una y otra vez. Al final, acaban despertándose antes de tiempo sólo para poder retrasar lo inevitable. Esto es una estupidez, pues estás perdiendo horas de sueño verdaderamente reparador para ganar unos minutos de sueño fragmentado que sólo servirá para que estés más cansado. Si eres incapaz de no caer en la trampa, aleja el despertador lo suficiente para que no puedas andar retrasando la alarma.

9. No saber priorizar

Mucha gente piensa que tener muchos objetivos en mente es la mejor forma de garantizar el éxito, pues si una idea falla al menos hay muchas otras en la recamara. Desafortunadamente, esta idea no sólo no se corresponde con la realidad, además puede ser una estrategia extremadamente ineficiente.

Warren Buffett decía que la diferencia entre la gente exitosa y la gente muy exitosa es que los segundos dicen ‘no’ a casi todo. Hay una gran diferencia entre complacer a la gente y ayudarla. Saber decir 'no' a una persona o tarea cuando no es del todo prioritaria es fundamental para poder finalizar con éxito las tareas verdaderamente importantes.

La planificación es necesaria, pero tampoco es bueno pasarse. (Corbis)
La planificación es necesaria, pero tampoco es bueno pasarse. (Corbis)

10. Hacer demasiados planes

Una correcta planificación de las tareas es fundamental para que seamos productivos, pero en ocasiones podemos pasarnos. Hay gente que resulta demasiado organizada, rozando lo maniático, algo que no es nada bueno para ellas ni su equipo. En nuestro día a día surgen imprevistos que no podemos prever y cuando llegan tenemos que ser capaces de cambiar de planes sobre la marcha, algo que es muy difícil si estamos acostumbrados a tener todo tremendamente parcelado.

En determinados entornos laborales es mejor trabajar con tareas intercambiables que nos permitan tener cierta flexibilidad para lidiar con los imprevistos.

11. No hacer planes

Si planificarlo todo demasiado puede ser poco productivo, aún peor es no tener nada pensado. Antes de acometer ningún objetivo a largo plazo tienes que trazar una estrategia que te guíe por los pasos necesarios para alcanzar tu meta. Darte cuenta a mitad del proceso que lo que tratabas de hacer no es posible es muy frustrante.

12. No apagar nunca tu teléfono

Los 'smartphones' se han convertido en una suerte de apéndice de nuestro cuerpo. Es cierto que, en la actualidad, es difícil prescindir de ellos, en la medida en que es la principal herramienta de comunicación para estar conectados con nuestros familiares, compañeros y amigos. Pero como decíamos antes, si queremos ser productivos tenemos que descansar, y es muy difícil hacerlo si estamos permanemente enganchados a nuestro teléfono.

El perfeccionista tiene expectativas demasiado elevadas de sí mismo y se marca objetivos que no puede cumplir

No sólo es adecuado tratar de dejar a un lado las tareas laborales una vez que hemos completado nuestra jornada, además es un buen hábito que, al menos, apaguemos nuestro teléfono por la noche: las constantes notificaciones hacen que nos desvelemos y fijar la vista en la pantalla justo antes de acostarnos –o, peor aún, en mitad de la noche– es la mejor forma de fastidiar nuestro descanso.

13. Ser perfeccionista

La búsqueda de la perfección suele ser el principal motivo de nuestra infelicidad y la gente que no es feliz no suele tener verdadero éxito. Tal Ben-Shahar, profesor de Psicología Positiva en Harvard y autor de 'La búsqueda de la felicidad' (Alienta), cree que el deseo de mejorar forma parte de la naturaleza humana y es de gran utilidad, ya que se convierte en el responsable del progreso personal y de la sociedad. Pero llevado al extremo, sin embargo, puede causar más perjuicio que beneficio.

El perfeccionista tiene expectativas de sí mismo y se marca objetivos que no puede cumplir; el optimalista se marca objetivos ambiciosos que son difíciles pero factibles. Aunque no existe una técnica para identificar qué objetivos son realistas y capaces de inspirarnos, el psicólogo Richard Hackman sugiere que “la medida adecuada para tener una motivación máxima se encuentra en donde tengas un 50 por ciento de probabilidad de éxito”. 

Alma, Corazón, Vida

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