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Por qué las mujeres fingen los orgasmos: todo lo que debes saber

En muchos sentidos, las mujeres que simulan el clímax sexual están perpetuando el estereotipo que dicta que la satisfacción del hombre es todo lo que importa en la cama
Foto: Cuando se miente a menudo, acaba siendo difícil saber qué es verdad. (iStock)
Cuando se miente a menudo, acaba siendo difícil saber qué es verdad. (iStock)

Puede ser doloroso descubrir que tu pareja (mujer) no disfruta tanto del sexo como tú (hombre). Y lo que es peor, que ese sexo salvaje que creías estar ofreciéndole apenas le alcanza para tener un orgasmo en la décima parte de los encuentros. Tu único consuelo es que no eres el único.

Hay algo que tenemos que empezar a tener claro si queremos mejorar nuestra vida sexual: casi la mitad de las mujeres heterosexuales no suele alcanzar el orgasmo durante el coito. Y una gran mayoría (el 68%, según recientes investigaciones) finge con frecuencia haber alcanzando el clímax.

Hasta hace bien poco la información que teníamos sobre el asunto era muy limitada: al fin y al cabo, a nadie le gusta saber que le están mintiendo (y más en lo que respecta a algo tan delicado como la destreza sexual), así que era mejor correr un tupido velo y, valga la redundancia, pensar que todo el mundo se corre.

El orgasmo debería ser una forma de satisfacción mutua y durante mucho tiempo se ha negado a las mujeres la posibilidad de vivir este con la misma frecuencia e intensidad que los hombres. Por suerte, de un tiempo a esta parte, las mujeres están empezando a reivindicar su derecho al sexo satisfactorio: saben qué funciona y están cansadas de mentir sólo por el bien de una relación.

¿Recurso evolutivo?

Algunos científicos creen que las mujeres se han acostumbrado a fingir los orgasmos desde tiempos remotos, pues es un recurso biológico útil para conservar una pareja, prevenir infidelidades y asegurar que no abandone a su prole. Esta es la principal conclusión de un estudio de 2011, publicado en la revista 'Archives of Sexual Behavior', que aseguraba también que más de la mitad de las mujeres en relaciones duraderas fingen los orgasmos en una u otra ocasión.

Los autores del estudio explican que las mujeres son más teatreras cuanto más debilitados estén los vínculos con la pareja y más posible parezca una infidelidad. Además, incurren en otras estrategias como vestirse para complacer a su compañero o vigilarle cuando no está junto a ellas.

Los hombres se empeñan en que sus parejas alcancen el clímax mediante la penetración, pero una gran mayoría de mujeres es incapaz de disfrutar así

La función biológica del orgasmo en hombres y mujeres no es otra que transferir el esperma y retener este, pero las mujeres no tienen por que alcanzar el clímax para quedarse embarazadas y, menos aún, cuando no están ovulando.

Según explican Rany Thornhill y Steven W. Gangestad en su libro 'The Evolution Biology of Human Femal Sexuality' (Oxford University Press), fingir orgasmos en los días de baja fertilidad puede servir inconscientemente a las mujeres para fomentar el compromiso en la relación, pero también para reservar los “buenos genes” de su pareja para el momento adecuado. En definitiva, para ellas es más sencillo y útil fingir la mayor parte del tiempo y reservar los orgasmos reales para los momentos en los que son más útiles: cuando las posibilidades de concebir son más elevadas.

Esta perspectiva evolucionista del orgasmo está muy bien para explicar el comportamiento biológico de hombres y mujeres pero, claro, si consideramos que es la forma correcta de actuar a día de hoy perpetuaremos para siempre los roles tradicionales de género: el de la mujer que sólo necesita el sexo para tener hijos y el del hombre que lo necesita todo el rato para no irse con otra.

Con práctica los orgasmos pueden parecer muy reales. O no. (iStock)
Con práctica los orgasmos pueden parecer muy reales. O no. (iStock)

¿O simple machismo?

En muchos sentidos, las mujeres que fingen los orgasmos están perpetuando el estereotipo que dicta que la satisfacción del hombre es todo lo que importa en la cama. La doctora Breanne Fahs, profesora de estudios de género de la Universidad Estatal de Arizona, entrevistó a 20 mujeres (12 heterosexuales y ocho lesbianas o bisexuales) y todas ellas admitieron que de vez en cuando fingían orgasmos para reforzar las habilidades sexuales de su pareja, con el único objetivo de que no se sintiera incómoda. Y su estudio, publicado en la revista 'Culture, Health & Sexuality', apuntaba al origen del problema: los hombres se empeñan en que sus parejas alcancen el clímax mediante la penetración vaginal, pero una gran mayoría de mujeres es incapaz de disfrutarlos por esa vía.

Si te acostumbras a fingir en una relación, tu compañero no sabrá nunca qué debe hacer para que alcances un orgasmo real

Los datos son devastadores. Si, como puso de manifiesto un metaestudio publicado en el libro de Elisabeth Lloyd 'The Case of the Female Orgasm' (Harvard University Press), en el que recogía datos de los últimos 80 años, sólo el 25% de las mujeres suelen tener un orgasmo vaginal durante el coito, tenemos un problema

Muchas chicas que quieren conservar a sus parejas acaban renunciando al placer del sexo, que se convierte sólo en un recurso para contentar a su compañero y que, sencillamente, no se vaya con otra. En este sentido, fingir el orgasmo es la máxima expresión del machismo: un recurso engañoso para mantener contento al hombre.

Pero parece que no es esta su única utilidad.

Debes luchar por tu derecho al placer

Los científicos evolucionistas no son los únicos que han tratado de explicar por qué las mujeres fingen el orgasmo, y hay quien ha llegado a conclusiones aparentemente opuestas. Según un reciente y revelador estudio realizado por investigadores británicos y publicado en 'The Journal of Sexual Archives', muchas mujeres no fingen los orgasmos como un recurso para contentar a sus parejas y evitar conflictos, sino para aumentar su propia excitación.

Los autores entrevistaron a 481 mujeres sexualmente activas. Un 80% reconoció fingir orgasmos de veza en cuando y, la mayoría de ellas, aseguró que lo hacía para aumentar la excitación general. Tener un orgasmo falso para alcanzar uno real no es tan descabellado como parece. Al hacerlo la otra persona se excita más, lo que hace que tú estés más excitado y, por tanto, las posibilidades de alcanzar el clímax aumentan para ambos.

Si de verdad existe el clímax vaginal es muchísimo más difícil de alcanzar que el del clítoris y, desde luego, hay muchas mujeres que no lo experimentan

Quizás este objetivo del teatrillo orgásmico es más loable y más útil, pero no deja de enmascarar de nuevo el problema de fondo, y es que la mayoría de mujeres tiene dificultades para alcanzar el clímax gracias al sexo vaginal de toda la vida. ¿No sería mejor, por tanto, que sus parejas se esforzaran por contentarlas de otra forma?

Si te acostumbras a fingir en una relación y, a no ser que expliques a tu pareja que te gusta hacerlo (algo para lo que hay que ser muy lanzada), tu compañero no sabrá nunca qué debe hacer para que alcances un orgasmo real. Y, como hemos explicado en repetidas ocasiones, el orgasmo vaginal es mucho más difícil de alcanzar que el clitoridiano: para muchas mujeres es, incluso, imposible.

Según un informe de la Sociedad de Ginecólogos y Obstetricistas de Canadá, sólo un tercio de las mujeres son capaces de alcanzar orgasmos de forma regular gracias a un coito normal y corriente, el resto necesita una estimulación adicional del clítoris. Es más, un estudio de 2014 publicado en la revista 'Clinic Atonomy' concluyó que el orgasmo vaginal que experimentan la mayoría de mujeres es en realidad un orgasmo clitoridiano que se logra por la estimulación de este organo eréctil durante la penetración. En la opinión de sus autores, que comparten gran parte de los científicos: el punto G es un mito y el sexo vaginal una quimera.

Cierto es que la existencia o no del punto G es una discusión en curso, pero lo que es seguro, y eso no lo duda nadie, es que si de verdad existe el orgasmo vaginal es muchísimo más difícil de alcanzar que el del clítoris y, desde luego, hay muchas mujeres que son incapaces de experimentarlo. Así que ¿por qué insistir? Ellas también tienen derecho a tener un orgasmo. Así que, déjate de remilgos, y céntrate en su clítoris. Te lo agradecerán (sin fingir).  

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