PAUL MASON, ¿EL NUEVO PIKETTY?

Un libro vaticina el final del trabajo: “en 30 años habrá la mitad de empleos”

En su último libro, el columnista inglés Paul Mason explica que el capitalismo está a punto de desaparecer, lo cual puede provocar o el caos o el fin del trabajo tal y como lo conocemos
Foto: Mason es célebre por su activismo público, como en este piquete informativo frente a la BBC. (Reuters/Toby Melville)
Mason es célebre por su activismo público, como en este piquete informativo frente a la BBC. (Reuters/Toby Melville)

El año pasado, El capital de Thomas Piketty se convirtió en un inesperado éxito editorial gracias a su argumentada y documentada crítica de la desigualdad económica, que propició un acerado debate que aún no ha tocado a su fin. Si el francés utilizaba el título del célebre libro de Karl Marx para dar nombre al suyo al mismo tiempo que señalaba su linaje, este año otro volumen recién publicado en Inglaterra y firmado por Paul Mason, antiguo marxista de línea dura reconvertido en columnista de The Guardian y editor de economía de Channel 4 puede ocupar su lugar como guía de lo que está por venir.

La tesis de Postcapitalism: a guide to our future (Allen Lane) se puede resumir en apenas un par de líneas pero dar lugar a toneladas de think-pieces. El capitalismo tal y como lo conocemos está condenado a desaparecer, en especial en la vertiente neoliberal que la caída del Muro de Berlín contribuyó a reforzar. Al igual que ocurrió con el final del feudalismo, la sociedad evolucionará no gracias a una revolución de izquierdas que acabe con el mercado, sino por la inevitable vía abierta por la tecnología y una sociedad basada en la información, que contradice la lógica del mercado, basada en la escasez.

La diferencia frente a otras etapas de la evolución social es que en esta ocasión, la tecnología no creará más trabajos, sino que los eliminará

Lo resumía –y analizaba– S. McCoy en un reciente artículo: los tres pilares sobre los que se desarrollará esta nueva economía son el auge espontáneo de la economía colaborativa, con proyectos como Wikipedia que se escapan a la lógica del mercado; la imposibilidad del mercado de formar correctamente precios, gracias a las particularidades de la información; y, por último, y no menos importante, la disminución de la demanda laboral, algo que ya ha experimentado el currante del siglo XXI, que ha visto cómo la barrera entre el trabajo y el ocio ha desaparecido al mismo tiempo que los sueldos no han dejado de bajar. Puede que no todos compartan los vaticinios sobre el fin del neoliberalismo de Mason, pero sus apuntes dicen mucho de lo que ocurrirá con el trabajo durante las próximas décadas.

El callejón sin salida neoliberal

Lo explica en una entrevista concedida el pasado fin de semana a The Irish Times. “El futuro del neoliberalismo son los sueldos bajos. En los próximos 30 años, entre el 40 y el 50% de los trabajos desaparecerán y serán automatizados, sobre todo el comercio y los trabajos de oficina”. No sólo eso, sino que empleos para los que antiguamente se necesitaba cierta formación técnica también lo harán: “En mi trabajo en la televisión cada vez participa menos gente especializada a medida que el sonido y el montaje han sido automatizados”.

La diferencia frente a otras etapas de la evolución económica, señala Mason, es que en esta ocasión, la tecnología no creará más trabajos, sino que los eliminará. Aunque la revolución industrial provocó la automatización de las cadenas de montaje y la desaparición de gran parte del sector agrícola, también generó nuevos trabajos para los que se necesitaba profesionales especializados. La desaparición del feudalismo permitió que humanistas, científicos, abogados y artistas encabezasen la transformación social. Por el contrario, asegura el autor, muchos de los proyectos en los que actualmente invierten los empresarios están relacionados con trabajos de escaso valor añadido y largas jornadas laborales, como “cafeterías, nails bars, o locales de striptease”.

Parece que alguien esté inventándose trabajos inútiles sólo por tenernos a todos ocupados

La tecnología de la información aún no ha cambiado el mercado ni ha encontrado un nuevo lugar a la fuerza laboral, como sí ocurrió con las previas transformaciones, y ello se debe a que su lógica está completamente lejos de la del capitalismo neoliberal, explica Mason. Por eso ha sido tan complicado entender las dinámicas del capitalismo cognitivo en las que el valor añadido proporcionado por el know-how y el conocimiento que se deposita en cada producto es más valioso que la parte física que se necesita para producirlos: frente al comportamiento del mercado, que se basa en la escasez, la información es abundante, fácilmente reproducible hasta el infinito a un coste muy bajo o nulo y muy difícil de evitar que caiga en manos de la población.

Un futuro sin trabajo… y sin paro

Estamos, por lo tanto, en una encrucijada, en la que la mayor parte de trabajos pueden ser fácilmente simplificados o automatizados, pero al mismo tiempo, la creación de trabajo se centra en empleos que aportan muy poco valor añadido y, por lo tanto, reciben sueldos muy bajos. Es lo que David Graeber llamó bullshit jobs en un célebre artículo publicado en Strike! Magazine. Como explicaba el antropólogo y activista, en lugar de que los adelantos tecnológicos hayan provocado que la población mundial vea descender el número de horas dedicadas al trabajo, los empleos relacionados con la administración –de los recursos humanos a los relaciones públicas– han aumentado de forma increíble, hasta el punto que “parece que alguien esté inventándose trabajos inútiles simplemente por tenernos a todos haciendo algo”.

Es una lógica completamente contraria a la del capitalismo, recordaba Graeber, ya que en este ninguna empresa o administración paga a un empleado por hacer un trabajo innecesario. En opinión del activista, si se creaban estos trabajos, era por razones morales y políticas: por una parte, una población feliz y productiva que dispone de mucho tiempo libre es “un peligro mortal”. Por otra, resulta conveniente seguir defendiendo que el trabajo es un valor en sí mismo y que aquel que no desea pasar un gran número de horas esforzándose en su puesto de trabajo es un haragán. Mason está de acuerdo en dicha visión, y añade que se trata de trabajos “a los que no puedes aplicar tecnología, empleos que reciben sueldos mínimos”.

Ante dicho panorama, sólo pueden ocurrir dos cosas. Por una parte, que la élite decida reforzar la situación de crisis que ha creado, y que sean los trabajadores los que lo paguen, favoreciendo el auge de partidos extremistas y rebajando aún más los sueldos hasta que el nivel de vida de los países desarrollados descienda sensiblemente. “Si no podemos crear un orden global sostenible y restaurar el dinamismo económico, las décadas que sigan a 2050 serán un caos”, explicaba. Crisis de las instituciones, desaparición de las leyes internacionales y fin de la globalización son tres probables consecuencias de seguir defendiendo “un modelo de negocio desfasado que se basa en el descenso de los sueldos”.

Si no podemos crear un orden global sostenible y restaurar el dinamismo económico, las décadas que sigan a 2050 serán un caos

La alternativa es el futuro que Mason propugna, y en el cual, la economía colaborativa cambiará la forma en que los ciudadanos se relacionen con el trabajo. Citando el Fragmento sobre las máquinas de Marx, en el que el alemán vaticinaba una sociedad en la que las maquinas producirían bajo la mera supervisión del ordenador y en la que la principal fuerza productiva sería la información, la producción se realizará de forma colaborativa gracias al uso compartido de esta en las redes que la tecnología ha fomentado.

“Estamos preparándonos para ser capaces de vivir esta vida que ahora es posible”, señalaba en una entrevista con The Independent. “Cazar por las mañanas, pescar por la tarde, recoger el ganado por la noche, discutir después de la cena”. En resumidas cuentas, si la sociedad evoluciona de la forma que la tecnología lo permite, terminaremos viendo cómo “el tiempo que se necesita para producir lo que la humanidad necesita se reduce al mínimo”. La utópica visión de Mason incluye banqueros centrales elegidos de forma democrática y una renta básica universal que permita que la gente “haga voluntariado, monte cooperativas, edite la Wikipedia, aprende a utilizar software de impresión 3D, se jubile antes y empiece su carrera más tarde y cambie más fácilmente de trabajo”. El 1% se resistirá, pero el 99% puede conseguirlo, concluye Mason: “El postcapitalismo nos hará libres”.

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