DEMANDAN AUTÓNOMOS DEPENDIENTES

Este es el nuevo tipo de trabajador que necesita Silicon Valley (y van a dárselo)

Un juzgado estadounidense ha asegurado que los conductores de Uber deben ser considerados empleados de la compañía. Silicon Valley demanda una nueva figura laboral que les satisfaga

Foto: El conductor de Uber Glen Snower dando un servicio en Chicago. (Reuters)
El conductor de Uber Glen Snower dando un servicio en Chicago. (Reuters)

Las mentes privilegiadas de Silicon Valley son conocidas por crear nuevas cosas que nunca pensamos que necesitábamos. Pero su última creación, tal como sugiere Caroline O'Donovan en BuzzFeed, nada tiene que ver con la tecnología. La última obsesión de los gurús del valle del silicio consiste en crear un nuevo tipo de trabajador, que satisfaga las necesidades de lo que ellos consideran economía colaborativa: esa que promueven plataformas como Uber, Airbnb o BlaBlaCar.

En un principio muchas de estas plataformas prometían el intercambio libre de bienes entre particulares: como voy a hacer un determinado viaje, te llevo y compartimos gastos; como este fin de semana me voy de puente, te dejo mi casa, y me pagas por ello. Pero la realidad es que, en cuanto se popularizaron los servicios, surgieron profesionales que vieron la oportunidad de trabajar para las plataformas a tiempo completo, de una forma no del todo legal, pero difícil de perseguir.

En España el fenómeno es bastante novedoso, pero en EEUU, donde este tipo de plataformas llevan más tiempo funcionando y alcanzan a más sectores, están empezando a surgir los primeros problemas laborales de importancia. Esta semana la Comisión Californiana del Trabajo ha dado la razón a una conductora de Uber, Barbara Ann Berwick, que pedía ser considerada legalmente empleada de la compañía, con las protecciones y beneficios que esto supone: salarío mínimo, horarios, protección de desempleo…

Ante la amenaza del conflicto laboral, los gurús de Silicon Valley han optado por hacer lo que mejor saben hacer: desafiar el 'statu quo'

El caso ha abierto el melón, y es de esperar que muchos otros trabajadores demanden las mismas condiciones que Ann, algo que preocupa enormemente a los propietarios de estas compañías. Los empleados cuestan a un negocio mucho más que un autónomo, y si todo el mundo exigiera ser contratado la sostenibilidad de estos servicios estaría seriamente comprometida. Pero claro, detrás de estas compañías están algunos de los inversores más poderosos del mundo, y salir perdiendo no está entre sus planes. Así que, ante la amenaza del conflicto laboral, los gurús de Silicon Valley han optado por hacer lo que mejor saben hacer: desafiar el statu quo, demandando un nuevo tipo de trabajador que satisfaga las necesidades de su nueva economía.

Silicon Valley está presionando a Washington para que se cree un nuevo tipo de figura laboral, similar a la del autónomo dependiente, que mezcle la flexibilidad de los autónomos con las protecciones de las que gozan los empleados. Se trataría de un tercer tipo de trabajador, con lo mejor de ambos mundos…. O lo peor.

La conductora de Uber, Barbara Ann Berwick, en su casa de San Francisco. (Reuters)
La conductora de Uber, Barbara Ann Berwick, en su casa de San Francisco. (Reuters)

El mango está en manos del empresario

No hay que ser una lumbrera para darse cuenta de que el modelo de empleo tradicional, con contrato indefinido, está desapareciendo paulatinamente. Y si los nuevos trabajos bajo demanda que promueven plataformas como Uber prosperan, los trabajadores autónomos y freelance no serán la excepción, serán la norma. Y no estamos hablando de emprendedores, ni de gente que cree ser “su propio jefe”, estamos hablando de trabajadores precarios cuyo sustento depende de los servicios que ofrecen en unas plataformas a las que les preocupa bien poco sus condiciones laborales.

La situación actual es perfecta para este tipo de compañías: sólo funcionan como intermediarios y no tiene que preocuparse de prácticamente ningún derecho, ni de los consumidores, ni de los trabajadores. Es su particular forma de entender la economía colaborativa: ellos colaboran, nosotros cobramos.

En EEUU, donde este tipo de servicios llevan más tiempo funcionando, el número de trabajadores por cuenta propia no ha dejado de crecer: según un estudio reciente de la Freelancers Union y la plataforma Elance, el 34% de los trabajadores americanos es autónomo. Y la situación está empezando a ser insostenible.

“¿Qué va a pasar con todas esas personas que no tienen pensión ni nada que les respalde en su vejez? ¿Van a conducir todos hasta que tengan 90 años?”

Tras conocerse la sentencia de la conductora de Uber, el senador Mark Warner ha pedido que se legislen este nuevo tipo de trabajos, antes de que el asunto se enquiste y tenga que resolverse cada caso, demanda por demanda, Estado por Estado. Así que la medida se está empezando a discutir en Washington donde, sorpresa, Silicon Valley cuenta con un poderosísimo lobby ante el que este tipo de trabajadores, que ni siquiera cuentan con sindicatos, tiene poco o nada que hacer.

Tal como están las cosas, las empresas teconológicas son las primeras interesadas en encontrar la forma de legalizar la situación de sus trabajadores al menor coste posible, sin que tengan tiempo de formular la más mínima queja. El nuevo tipo de contrato laboral que proponen permitiría a los trabajadores mantener fondos comunes de protección –sí, como hacían los sindicatos en el siglo XIX– o extender las protecciones salariales básicas a este tipo de autónomos.

En opinión de los dueños de estas nuevas empresas, la ley actual no les permite tratar bien a sus trabajadores, pues no hay manera de darles ningún tipo de protección sin que se conviertan en empleados, algo que, aseguran, ellos tampoco quieren ser, pues tendrían que pagar impuestos y perderían su flexibilidad.

Al final, estos nuevos trabajadores quieren lo que todo el mundo: un cierto grado de estabilidad que no comprometa su independencia. Pero es dudoso que alguien esté dispuesto a ofrecer ambas cosas. Y mientras, trabajadores como José Galvez, un conductor de Uber que ha contado su historia en BuzzFeed se pregunta qué les deparará el futuro: “Ahora estoy en mis primeros años de trabajador y no estoy poniendo nada en mi seguridad social. ¿Qué va a pasar con todas esas personas que no tienen pensión ni nada que les respalde en su vejez? ¿Van a conducir todos hasta que tengan 90 años?”.

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