El cerebro manda

Cómo perder peso sin dejar de comer

¿Por qué es tan difícil adelgazar llegados a determinada edad? El autor Ignacio Morgado plantea la influencia de nuestro cerebro en las posibilidades de adelgazar, independientemente de lo que comas
Foto: La ciencia sigue investigando la manera de controlar el peso mediante tratamientos conductuales y hormonales.(Corbis)
La ciencia sigue investigando la manera de controlar el peso mediante tratamientos conductuales y hormonales.(Corbis)

En La fábrica de las ilusiones. Conocernos más para ser mejores (Ariel), Ignacio Morgado, referente en nuestro país en el estudio del cerebro y los procesos mentales, se ha propuesto responder a preguntas comunes sobre su especialidad de una forma breve y clara, pero siempre con un ojo puesto en los últimos avances científicos.

Un libro que nos descubre que el cerebro crea a través de las neuronas ilusiones y conceptos como la felicidad y el amor y produce estrés y enfermedades, pero también nos ofrece armas para conseguir nuestro bienestar, por lo que es fundamental conocerlo a fondo. Recogemos un extracto en el que el autor explica cómo el cerebro determina las necesidades de ingesta y, en consecuencia, es el responsable de las posibilidades que tenemos de perder peso.     

¿La única forma de perder peso es darle a la ensalada? (Corbis)
¿La única forma de perder peso es darle a la ensalada? (Corbis)

Adelgazar sin dejar de comer

Ese sería el libro ideal para determinadas personas. Ilusa pretensión, pues hoy por hoy el mejor modo de adelgazar, aunque no el único ni el definitivo, consiste en comer menos. La obesidad no nos gusta ni por razones estéticas ni por razones de salud, y es mucho lo que sufren las personas que la padecen. «Pero si como muy poco», dicen algunas personas cuando no consiguen adelgazar. Sin embargo, lo que deberían decir es «Apenas como, para lo que comería si pudiera hacerlo», pues muchas personas valoran mal la cantidad de comida que ingieren.

Comer poco y hacer mucho ejercicio suele ser un procedimiento duro y complicado, difícil de mantener en el tiempo. El adelgazamiento se consigue muchas veces con motivación, voluntad y esfuerzo, pero el problema es casi siempre mantenerse en el peso deseado una vez conseguido. En algún momento de la vida el cuerpo que tenemos parece anclarse en un peso, determinado por factores genéticos y ambientales, y presenta una gran tendencia a volver a él cada vez que hacemos esfuerzos para modificarlo. La investigación científica, a pesar de sus muchos esfuerzos, no consigue encontrar el modo de que las personas obesas adelgacen con un procedimiento que resulte fácil y asequible y sin que tenga efectos colaterales negativos. ¿Por qué es tan difícil conseguirlo?

Falta de comida: saltan las alarmas

Una metáfora puede aportar luz al problema. Supongamos que una persona en paro se dispone a irse a dormir teniendo concertada una entrevista de trabajo a las ocho de la mañana del día siguiente. En esa cita se juega mucho, pues de ella depende el conseguir o no un buen empleo. Antes de meterse en la cama pone en una hora su despertador para que suene a la mañana siguiente dos horas antes de su cita y disponga así de suficiente tiempo para acudir a ella. Pero, para estar más seguro de que se despertará a esa hora, activa también la alarma de su teléfono móvil. Aun así, como tiene miedo de no despertarse, decide llamar a un amigo y le pide que haga el favor de llamarle por la mañana. Se asegura de ese modo de que si falla algún aviso otro funcionará.

Ocurre con frecuencia que, aunque ya estemos saciados y sin hambre, seguimos comiendo mientras el sabor de la comida siga resultando placentero

Ahora cambiemos de escenario e imaginemos que esa cita es la hora de comer de esa persona y que su importancia radica en la imperiosa necesidad que tienen las células y órganos de su cuerpo de conseguir los nutrientes que precisan para funcionar. Si llegada esa hora no saltase la alarma del hambre y se olvidase de comer, los nutrientes no llegarían a tiempo, las células y los órganos de su cuerpo dejarían de funcionar con normalidad y la persona podría enfermar e incluso morir. ¿Cómo garantizar que eso nunca ocurra?    

La evolución y la selección natural han tenido millones de años para desarrollar una solución que haga posible esa garantía. Solución que ha consistido en establecer, en lugar de una sola, muchas alarmas, diríamos volviendo al mismo ejemplo anterior. Sólo que ahora esas alarmas consisten en mecanismos automáticos y alternativos de control y regulación de la energía que generamos y consumimos. Mecanismos que son los mismos que controlan el peso del cuerpo. Los hay que funcionan de manera rápida, a corto plazo, como la hormona grelina, que se fabrica en el estómago cuando llevamos tiempo sin comer y viaja por la sangre hasta el cerebro para activarlo y hacer que sintamos hambre.

Algo parecido hacen las ramas terminales de un nervio, el vago, que se extienden por el interior del cuerpo para informar continuamente al cerebro de si hay comida o no en el estómago, y demás partes del tracto digestivo. Otra hormona, la leptina, informa al cerebro permanentemente de la cantidad de grasas que acumula el organismo. La hormona insulina, fabricada en el páncreas, controla la disponibilidad de glucosa en sangre y su ingreso en las células de los diferentes tejidos, menos en las neuronas, que no la necesitan para captar glucosa. Estas y otras hormonas y mecanismos neuronales convergen e interactúan en el hipotálamo, una importante región de la base del cerebro, de no más volumen que un garbanzo, desde donde se controla el hambre y la cantidad de comida que ingerimos.

A todo ello hay que añadir el poderoso control que el sentido del placer ejerce también sobre la ingesta, pues ocurre con frecuencia que, aunque ya estemos saciados y sin hambre, seguimos comiendo mientras el sabor de la comida siga resultando placentero.   

Avances científicos en el control del peso

Siendo múltiples y complicados los mecanismos de control del hambre y la ingesta de comida, no debe extrañarnos que los intentos científicos que se han producido para controlar el peso del cuerpo mediante tratamientos conductuales, hormonales o de otro tipo, no alcancen el resultado pretendido, pues aunque a veces consigan que se adelgace, pronto se activan en el organismo mecanismos de compensación que tienden a restituir su estado natural.

Algo equiparable a los despertadores mencionados, pues lo que está en juego es tan importante que si falla una alarma, es decir, un mecanismo de regulación y control del hambre, funciona otro alternativo para evitar el peligro de la desnutrición. Recordemos además que el cerebro es uno de los órganos del cuerpo más sensibles a la falta de alimento, particularmente del azúcar glucosa, pues sólo son minutos el tiempo que las neuronas y la mente pueden seguir funcionando sin ella o algún recurso alternativo.

Comer poco y hacer mucho ejercicio suele ser un procedimiento duro y complicado, difícil de mantener en el tiempo

El cuerpo, en definitiva, ofrece una poderosa resistencia al cambio sobre lo establecido por sus propios mecanismos. Esperemos que esa resistencia pueda ser vencida por hallazgos como el que acaban de presentar científicos del Instituto Salk de Estados Unidos, consistente en una píldora que funciona como una especie de comida imaginaria capaz de engañar al cerebro. Probada de momento en ratones, ha sido capaz de reducir el aumento de peso, bajar los niveles de colesterol y controlar el azúcar en sangre. Esperamos tener suerte y que funcione igualmente en personas.

Por último, no debemos olvidar que esos mismos mecanismos han sido importantes a lo largo de la evolución de los seres vivos para garantizar la supervivencia de las especies, sobre todo en tiempos de escasez de alimentos, pues reaccionando compensativamente a la pérdida de peso el organismo busca siempre la forma de volver a la normalidad para sobrevivir.

Hasta que algún nuevo descubrimiento no ofrezca alternativa, el mejor modo que tenemos de controlar el peso es limitar regularmente el consumo de alimentos grasos y energéticos combinando esa restricción con la práctica también regular de ejercicio físico. 

Alma, Corazón, Vida

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