PROVIENE DE LA ANTIGUA INDIA

El beso de Singapur, el olvidado truco que provoca superorgasmos

Para mejorar nuestra vida no hace falta que nos azotemos o nos disfracemos de cosas ridículas: basta con hacer unos sencillos ejercicios que nos descubre una costumbre sexual milenaria
Foto: Para que esta técnica funcione, el hombre debe adoptar un papel absolutamente pasivo. (Corbis)
Para que esta técnica funcione, el hombre debe adoptar un papel absolutamente pasivo. (Corbis)

Si se nos pregunta qué podemos hacer para mejorar nuestra vida sexual, probablemente pensaremos en todos esos trucos que han terminado por convertirse en lugares comunes, como prolongar los preliminares, probar alternativas tan, ejem, arriesgadas como el sexo oral o el anal, disfrazarse de alguna cosa ridícula o, últimamente, darse unos cachetes gracias a 50 sombras de Grey. En lo que raramente repararemos es en algunas técnicas milenarias como la del pompoir y su variante árabe, el kabazza.

El sexo tiene que ver con la fricción, y de ahí la obsesión que muchas mujeres –y hombres– tienen por el tamaño de los penes. Se entiende que, a más tamaño (preferiblemente grosor a longitud), mayor será la satisfacción. Dicho pensamiento se encuentra en la base del conocido como pompoir o, más poéticamente, el beso de Singapur (o, de forma más elusiva, el toque de flauta).

Sumario

¿En qué consiste? Se trata, básicamente, de una técnica sexual en la que la mujer utiliza su vagina para estimular el pene del hombre como si lo estuviese succionando. De ahí su nombre, pompoir, que en francés sería algo así como “chupadora”: la vagina produce un efecto semejante al de la boca durante el sexo oral. En lugar de moverse cabalgando o embistiendo, la pareja permanece quieta y ella utiliza el músculo pubocoxígeo para estimular la erección masculina, lo que se traduce en orgasmos más intensos tanto para él como para ella.

No se trata de una técnica nada sencilla, y aunque algunas mujeres nacen con la habilidad natural de realizar estos movimientos musculares, muchas tienen que entrenarse para conseguirlo. Los libros de historia arrojan algunos casos, como ocurre con la amante del rey Francisco I y Enrique II de Francia, Diane de Poitiers, que tenía una habilidad especial para esta técnica. Como señala un artículo publicado por Emma Gold en GQ, en Shanghái circula la historia de una prostituta capaz de introducir y sacar el pene de su amante simplemente con los movimientos de su vagina.

Un largo camino hacia el placer

Al parecer, la tradición nació en la India hace más de 3.000 años, y de ahí se extendió a otros países orientales como Tailandia o Japón. Parte de la educación de algunas geishas, se centra en desarrollar esta técnica, así como la de las Devadasis indias proscritas desde el año 1988. De hecho, existe una variación conocida con el nombre de kabazzah, y en la cual participan también los músculos del abdomen. La fijación de algunas celebridades por las prácticas sexuales orientales como el sexo tántrico, han devuelto al pompoir a la actualidad amatoria. 

La posición ideal para practicar esta técnica es aquella en la que la mujer se sitúa encima del hombre, puesto que es ella la que marcará el ritmo y la intensidad del encuentro sexual, aunque también puede practicarse de lado. Es más, resulta necesario que el hombre se encuentre en una posición absolutamente pasiva, ya que el movimiento debe ser sutil. Es necesario que la vagina se encuentre dilatada y humedecida, para facilitar su movimiento. Y toda la responsabilidad se encuentra, por una vez, en el lado femenino, que decide a qué ritmo se realiza el acto.

Como explica Denise Costa, fundadora de la página Pompoir Book –una completa guía sobre el beso de Singapur–, en Salon, esta técnica no sólo permite al hombre tener orgasmos más intensos y duraderos, sino que puede provocar que la mujer experimente los tres tipos de orgasmos posibles, a saber: el vaginal, el del clítoris y el menos habitual de todos ellos, el del útero. En ocasiones, la contracción de la vagina se produce de forma natural cuando una mujer experimenta el clímax.

Ejercicios para reforzar nuestra vagina

Muy pocas mujeres son capaces de lanzarse a realizar esta técnica sin haberse entrenado antes. Costa propone en el artículo una serie de técnicas que nos permiten ser capaces de hacerlo en menos de cinco meses, siempre y cuando nos comprometamos a una disciplina de practicar una hora al día. Entre estos ejercicios se encuentran todos los relacionados con el control de los músculos pélvicos, que son los mismos que evitan que la orina se escape: contracciones, apretar, empujar y otra clase de movimientos realizados de forma consciente cuentan como parte del entrenamiento.

El beso de Singapur, el olvidado truco que provoca superorgasmos

Por lo general, esta clase de ejercicios que tienen como objetivo reforzar el suelo pélvico suelen recomendarse a aquellas mujeres que sufren problemas de pérdida de orina o para facilitar el parto, pero también pueden ayudar a reforzar la vagina. Por lo general, suelen basarse en mantener la contracción durante todos los segundos que sea posible, hasta los diez. Estas prácticas reciben también el nombre de ejercicios de Kegel, y pueden reforzarse a través de los conos vaginales (dispositivos que se insertan y que deben sostenerse gracias a la acción de los músculos) o del propio pene de la pareja. Sin embargo, se debe tener cuidado con estos ejercicios, puesto que su mala práctica puede agravar los problemas de incontinencia o provocar un prolapso.

Existe otra técnica asociada a esta, y que recibe el nombre de the mare’s trick (el truco de la yegua). Esta consiste en mantener el pene de la pareja dentro de la vagina, rodeando con las piernas el miembro del hombre y endurecer los músculos de la pelvis, lo que provoca que la erección no desaparezca, algo que puede llegar a ser doloroso en caso de que el hombre ya haya alcanzado el clímax, pero también ayudar a evitar los problemas de erección.

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