ENTREVISTA CON ANDREW SOLOMON

“La depresión es universal: podemos convivir con ella, pero no hacerla desaparecer”

El periodista estadounidense lleva más de 20 años conviviendo con una fuerte depresión, una experiencia que reflejó en "El demonio de la depresión", una de las grandes obras sobre dicha enfermedad

Foto: Andrew Solomon detalló en El demonio de la depresión qué ocurre cuando se sufre una fuerte enfermedad mental. (James Duncan Davidson/TED)
Andrew Solomon detalló en "El demonio de la depresión" qué ocurre cuando se sufre una fuerte enfermedad mental. (James Duncan Davidson/TED)

“Cuando me preguntan cómo se siente uno cuando tiene depresión, respondo ‘¿alguna vez te has despertado a las cuatro de la mañana y has pensado que no puedes enfrentarte a ninguna situación de tu vida, que no está haciendo lo que debes en el trabajo o que tus hijos van a tener muchos problemas, una sensación muy vívida que no te deja dormir y que no desaparece?’ Si quieres saber cómo es la depresión imagínate que en lugar de 45 minutos, esa sensación dura horas, días, semanas, meses…” Andrew Solomon ganó el National Book Critics Circle Award y fue finalista del Pulitzer por El demonio de la depresión (Debate), publicado por primera vez hace 15 años y recién reeditado. En él, el periodista ofrecía un atlas de la depresión en la que mezclaba el reportaje periodístico con la investigación científica y sus propias experiencias personales.

En sus peores momentos, Solomon no podía abandonar la cama, sufría miedo permanente, rechazaba todos los encuentros personales. Llegó a intentar infectarse de sida manteniendo relaciones sexuales con desconocidos y, aunque finalmente mejoró, no pudo evitar volver a caer en las manos de la enfermedad. Más de 20 años después, el escritor es consciente de que nunca dejará de ser una persona deprimida, que ello forma parte de su identidad pero que no debe impedirle llevar una vida feliz junto a su marido y sus hijos, seguir publicando libros como Lejos del árbol: historias de padres e hijos que han aprendido a quererse (Debate), vestir como un dandy, disfrutar de los placeres de la vida o atender a entrevistas como esta con un apasionante entusiasmo.

Tomo medicación, y creo que seguiré tomándola el resto de mi vidaPREGUNTA. Generalmente, esta pregunta sería mera cortesía, pero en su caso adquiere un cariz distinto. ¿Cómo se encuentra?

RESPUESTA. Ahora mismo me encuentro muy bien, encantando de conocerte y de estar hablando contigo. En general, no estoy deprimido, pero es una patología que hay que controlar, y creo que lo estoy haciendo con éxito. Tengo días peores, pero básicamente estoy bien.

P. ¿Cómo afronta la depresión, por ejemplo, en un día como hoynbsp;

R. Tomo medicación, y creo que seguiré tomándola el resto de mi vida. Veo a un psicoterapeuta, porque quiero asegurarme de que no recaigo y tengo a alguien que conoce bien mi situación y pueda darse cuenta cuándo no estoy bien para hablar de ello y ver qué pasa. Me gusta tener ese asesoramiento regular. Intento regular mi sueño y vigilar lo que como. Intento hacer ejercicio, aunque no me gusta nada. Intento hacer todas esas cosas y mantenerme alerta sobre lo que ocurre a mi alrededor. Es estupendo poder decir que estoy bien aunque las circunstancias sean estresantes. Continuamente me estoy vigilando, siendo consciente de lo que pasa, para dar un paso atrás cuando las cosas se ponen mal.

P. Ha tardado muchos años en llegar a dicho equilibrio. ¿Cada persona que sufre depresión debe encontrar su propia fórmula?

R. Hay cosas que son universales. Hay consejos que se pueden dar a todo el mundo, pero cada persona que se enfrenta a la depresión es diferente y se enfrenta a ella de forma distinta. Hay una relación compleja entre la personalidad y la enfermedad, y si eres una enfermera o un médico debes preocuparte cuáles son las características de la enfermedad y cuál es la personalidad del paciente, y en qué aspectos se encuentra mejor y en cuáles debería centrarse más.

P. De igual forma que una persona que sufre vértigo tiene un mayor riesgo por su fobia que por la posibilidad real de caer al vacío, ¿no resulta paralizante el miedo a volver a caer en una fuerte depresión?

R. No tengo vértigo, aunque siento miedo a las alturas, y el miedo a caer hace que tengas más probabilidades de caerte. Desarrollamos ese miedo para no caer, pero cuando estás en esta situación, parece que algo te arrastra al vacío. La depresión es también un estado de alerta, que te dice que debes tener cuidado con esto, con esto otro, protegerte de aquello... Hay muchas maneras de conseguir esa protección. Hay personas para las que esta es tener un mundo más limitado y relaciones menos expositivas, o tomar la decisión que tomé yo y vivir una vida plena, grande y rica. Pero cada persona debe tomar su decisión. Si tienes tendencia a la depresión, debes pararte a pensar: ¿Estoy triste hoy? ¿Porque estoy triste simplemente, porque echo de menos a alguien, por algo que me ha ido mal, o porque estoy deprimidonbsp;

Cuando estaba deprimido, me sentía triste por muchas cosas. Por tener que levantarme y ducharme, por tener mensajes en el contestador, por la perspectiva de tratar con gente que me resultaba intimidante y ahora lo que me hace sentir triste es el conflicto de Oriente Medio, el calentamiento global, los ataques terroristas en países europeos, la inevitabilidad de la muerte, que mis hijos tengan un problema en el colegio... Me entristecen cosas que merecen la pena, y no tonterías que no merecen esa pérdida de tiempo y energía.

 

Cuando estaba deprimido, me sentía triste por muchas cosas. Por tener que levantarme y ducharme, por tener mensajes en el contestador o por la perspectiva de tratar con gente que me resultaba intimidante

P. Como dice, hay muchas personas que reducen su mundo cuando sufren depresión. Sin embargo, usted mantiene una actividad emocional, física y afectiva muy superior a la de la media. ¿Cómo lo compatibiliza?

R. Era un niño asustadizo y nervioso. La mayoría de la gente suele ser muy valiente cuando es niña y a medida que pasa el tiempo son cada vez más cautelosos. En determinado momento, me di cuenta de que me había perdido muchas experiencias vitales por ese nerviosismo, y tomé la decisión de que no quería tener una vida reducida. En parte tuvo que ver con el hecho de haber sentido vergüenza por ser gay. Al salir del armario, decidí no meterme en ningún armario más. 

Pero creo que la depresión tiene un doble efecto. Cuando estás en ella no eres capaz de hacer nada. Cuando yo lo estaba, no podía salir de la cama, y tan sólo podía hablar con las personas que me rodeaban. Como ocurre con otras personas, cuando dejé de estar deprimido pensé "estoy estupendamente, no sé cuánto tiempo va a durar, así que voy a sacarle el máximo partido posible, y lo voy a llenar con todas las experiencias posibles". Me dio energía y una vida más rica. Pero ¿quién sabe? Puede ser que vuelva a deprimirme la semana que viene, y no quiero perderme nada. Si tengo que dar un paso atrás, lo haré, y cuando vuelva a estar bien volveré a sacar el jugo a la vida.

P. En una sociedad como la americana y, por extensión, la occidental, predomina el mito del hombre hecho a sí mismo. ¿No es fácil y perverso identificar la depresión con el fracaso personal?

R. Lo es. Pero al mismo tiempo es persistente en la sociedad. Hemos avanzado al entender que se trata de una enfermedad, y que afecta al cerebro. Pero cuando alguien se suicida y lees los periódicos, casi siempre se dice que se debe a que había perdido su dinero, o porque su pareja le había dejado, o porque tenía párkinson... Y yo siempre digo que no, una persona se suicida porque tenía depresión y algo lo ha desencadenado. Es la enfermedad la que hace sufrir a la gente.

Recientemente, un querido amigo perdió a su hijo maravilloso de 16 años. Su madre decía que no entendía por qué, y es difícil reconfortar a alguien así. Si hubiera tenido cáncer o leucemia, el sufrimiento habría sido menor, ya que si se hubiese preguntado que por qué tenía leucemia, la respuesta habría sido que simplemente la tenía. La depresión es igual. Puede ser mortal para muchas personas, y desgraciadamente es así. No tiene por qué haber una explicación. 

P. En una cita del libro, Joe Biden compara la lucha contra la depresión con la lucha por los Derechos Civiles. Al igual que ocurría con otras situaciones sociales, ¿es la gente que sufre depresión una minoría olvidada y oprimida?

R. Hay un doble sentido. Sí, las personas deprimidas son olvidadas. Por otra parte, en el movimiento feminista o de Derechos Civiles, la gente consideraba a esas personas inferiores porque la gente los trataba así. Por un lado, la presión de la sociedad hace que la enfermedad sea más dura y el dolor sea más fuerte que si eres mujeres, gay o de otra raza. Por otra parte, hay un dolor inherente a la depresión y a las enfermedades mentales. Puedes acabar con todo el estigma, pero eso nunca lo va a convertir en una experiencia positiva. 

P. Niega que la depresión sea una enfermedad moderna y de clase media. ¿Son esos los mitos más perniciosos sobre la enfermedad?

R. Cuando estaba trabajando en este libro, decidí oponerme a esa idea de la depresión como enfermedad moderna, de clase media-alta. Ya fue descrita por Hipócrates hace más de 2.500 años, pero también aparece en comunidades indígenas, así que estudié a los inuit de Groenlandia, los rituales contra la depresión en África, de los jemeres rojos de Camboya... La depresión existe en todas las sociedades, en todas las categorías, lo que indica que es parte de la experiencia humana. La depresión está en todas partes. Parte del estigma social se basa en la idea de que hemos creado algo extraño a través de nuestra vida occidental, y que podremos eliminarla si averiguamos la receta. Podemos tratarla, convivir con ella, reducirla, pero nunca hacer que desaparezca. Es algo universal.

Existe la idea de que hemos creado algo extraño a través de nuestra vida occidental, y que podremos eliminar la depresión si averiguamos la recetaP. En ese sentido, cada vez más personas idealizan un pasado en el que supuestamente no existían enfermedades mentales, nos alimentábamos de lo que caía de los árboles... Pero usted celebra haber nacido ahora y no hace 50 o 100 años.

R. Una de las personas que entrevisté, Frank Russakoff, me dijo "vivimos en la época adecuada". Estoy muy agradecido de tener acceso a los tratamientos que me han permitido desarrollar mi vida. Hay miles de cosas que van mal en el mundo, el reparto desigual de la riqueza, la contaminación..., pero cuando hablamos de enfermedades mentales sabemos mucho más ahora. Hace tan sólo 50 años, si hubiera sufrido esta patología habría sufrido mucho. Mi esperanza es que dentro de 50 años la gente diga "¡cómo podían tomar esas pastillas tan horrorosas y tratar la depresión de esa manera!" Dicho esto, vivimos en una sociedad muy estresante, por lo que hace 50 años quizá no habría estado deprimido. Pero no puedo saberlo. 

P. Realiza una esclarecedora comparación entre las lentillas y la medicación de la depresión: explica cómo ambas cosas son necesarias para su vida diaria, pero a la sociedad le parece bien que utilice lentillas, no así que tome antidepresivos. La medicación parece el tabú definitivo. ¿De dónde viene? ¿Es el miedo a los efectos secundarios? ¿Es por pensar que lo natural es siempre mejor?

R. Una y otra vez, a lo largo de la historia, hemos pensado que las cosas que utilizan tecnología son poco naturales. Y es verdad, pero tampoco lo es estar en este edificio de siete plantas. Nuestros antepasados no se lavaban los dientes, y por eso se les caían. Tampoco es natural que coja un avión de Nueva York a Madrid para hablar contigo. Pienso en la fecundación in vitro. Cuando empezó se hablaba de los bebés probeta de forma negativa, como si no fuesen a salir bien. Pero lo cierto es que mucha gente ha podido tener hijos gracias a esta ayuda, y nadie los ha señalado como si fuesen distintos. Con la medicación, actualmente hay mucha incomodidad, pero con el paso del tiempo la gente entenderá que la medicación nos permite salir adelante. 

Por otra parte, depender de cualquier cosa, como una medicación, es un problema. Odio pensar que si se produjese, por ejemplo, un ataque nuclear, me quedaría sin pastillas y no sabría cómo salir adelante. Es una carga. Por eso la gente es reticente. También existe la siguiente pregunta: ¿La medicación me permite ser como soy realmente o me convierte en otra persona? Y si soy otra persona, ¿cómo soy? Es imposible de contestar. La medicación me ha permitido liberarme, pero soy diferente a como era antes de tomarla.

P. En el libro habla de las campañas contra el Prozac, el medicamento más demonizado. Incluso hay libros, como el de Lou Marinoff, que se llamaba Más Platón y menos Prozac. Imagino que es una fórmula que no sirve a una persona de verdad deprimida.

R. Hace 2.500, años Hipócrates señaló que la depresión era una disfunción orgánica del cerebro que podía ser tratada con medicación, por lo que estaba anticipando la idea del Prozac. Platón dijo que se trataba de un problema filosófico que podía solucionarse hablando, lo que anticipaba la idea del psicoanálisis. Es un debate histórico. El problema surge cuando se intenta universalizar el tratamiento: todo el mundo debería tratarse con Prozac o leyendo a Platón. Hay personas a las que les va muy bien con distintos tratamientos. Lo importante es tener el mayor número de posibilidades y que cada cual averigüe qué es lo que le resulta más efectivo.

P. Hay una frase del libro que define de forma bella y certera el problema de la depresión: "no hay identidad que no pueda ser destruida". ¿Se encuentra esa sensación en el centro de todo proceso depresivo?

R. La identidad es el tema de mi último libro, Lejos del árbol. Cualquier aspecto de la vida humana puede considerarse una enfermedad, porque es algo que viene de fuera y que se puede experimentar como algo inherente. Todas las identidades están sometidas a cambios. La depresión más severa, en parte, es el resultado de una crisis de identidad. Una persona fuerte puede atravesar una depresión y darse cuenta de que no es tan fuerte como pensaba, y que se ha convertido en una persona frágil. Es una crisis de identidad que puede pasarle a cualquiera, tu sentido de quién eres se tambalea. Para reconstruir tu vida, tienes que incorporar la depresión a tu identidad, y a la hora de pensar en quién eres, debes aceptar que, igual que eres español, sufres depresión. Debes entenderte de esa manera, porque si cierras la puerta y no lo aceptas estará agazapada, esperando. Si la incorporas, estarás preparado para enfrentarte a ella, lo cual no quiere decir que sea menos doloroso, pero tu identidad no sufrirá por ello.

P. Profundizando en el tema de la identidad, esa maleabilidad parece el signo del siglo XXI. La constancia y la consistencia, en el pasado, eran virtudes; sin embargo, hoy en día, se enfatiza la necesidad de tener identidades maleables. ¿No es ese el signo de la época?

R. Tu identidad, por supuesto, está en estado de cambio constante. Pero vivimos en un mundo de movilidad social: mi bisabuelo era campesino en Rumanía y yo estoy en España hablando de mi libro. No estás condenado a vivir la misma vida. Al mismo tiempo que tienes esa flexibilidad positiva, abres las puertas a introducir un gran caos en tu vida. Mi bisabuelo nació como campesino y murió como campesino, y era una vida por un lado triste, pero por otra, predecible y segura. En cierto modo creo que tener una vida en la que constantemente cambiamos nuestro estatus socioeconómico es uno de los grandes triunfos y fracasos de la modernidad.

En mi caso, veo una continuidad respecto a lo que era. Pero soy una persona diferente a cuando tenía 15 años, antes de enfrentarme a la muerte de mi madre, que fue traumática, o de entrar en la universidad, o de hablar abiertamente de mi depresión. Todo eso forma parte de mi enfermedad. A veces se tiene tanto miedo al cambio que uno se amuralla frente a los aspectos positivos. Debes ser flexible de un modo razonable. 

La distinción entre enfermedades físicas y mentales es ridícula

 

P. Las personas que no han sufrido una depresión o no conocen a alguien que ha sufrido una depresión, ¿no son condescendientes o brutales hacia los que sí están deprimidos?

R. Algunos lo son, otros son muy comprensivos y atentos. A veces la gente no entiende por lo que está pasando la persona querida. Uno de los objetivos de este libro es que la gente comprenda. Algunos lectores me dijeron que le dieron el libro a su madre y por fin entendió qué estaba pasando. Se suele deber a la ignorancia y al miedo. La depresión afecta a mucha gente y parece que es contagiosa, pero por otro lado también mucha gente es incapaz de imaginar qué es la depresión. Yo pensaba que podía decirlo porque muchos amigos la tenían, pero uno de los aspectos de la depresión es que pierdes la capacidad de expresarte correctamente. Además, se utiliza la palabra "depresión" para describir muchas cosas distintas: tanto cómo se siente tu hijo cuando llueve el día del partido o una persona a punto de saltar un puente. Por eso la gente piensa que sabe lo que es estar deprimido, pero es categóricamente diferente. No es que no se quiera hacer algo, es que no se puede. Pierdes tu sentido de la autonomía.

P. Hay un episodio muy triste en el libro, en el cual acude al hospital donde poco menos que lo tratan como un niño caprichoso, ya que había acudido por un problema físico pero carecen de su información psiquiátrica. ¿Esta separación entre lo físico y lo mental no es uno de los grandes problemas de la medicina moderna?

R. Sí, y espero que esté empezando a mejorar. En EEUU el sistema médico se ha centrado mucho en la privacidad, en garantizar que la historia médica no esté disponible, y entiendo que haya quien no quiera que esa información esté ahí y que pueda ser robada por hackers, pero al mismo tiempo es algo peligroso. Ambas cosas están muy estrechamente relacionadas, el dolor físico puede generar una depresión, y los problemas mentales crean problemas físicos. Necesitamos tratamientos holísticos que reconozcan todas esas cosas. El intento de separarlo viene de las ideas medievales, y más tarde, de Descartes, que decía que el cuerpo y la alma están separados y no, no lo están. A veces digo que la distinción entre enfermedades físicas y mentales es ridícula.

P. Apenas se conocen los efectos permanentes que puede tener sobre nuestro cerebro una depresión prolongada.

R. Es un área que cada vez se está trabajando más. Una depresión prolongada puede tener efectos muy negativos en tu cerebro. La depresión excava un camino en tu cerebro. Muchas veces, la gente dice que quiere luchar la depresión por sus propios medios, sin medicación o psicoterapia, y yo les digo que realmente lo que están haciendo es daño a su cerebro. Si tuvieses una cardiopatía, no dejarías de tomar tu medicación porque no pasa nada si tienes un infarto cada dos años. Hay otros casos como las mujeres embarazadas deprimidas, que tienen más posibilidades de sufrir un parto prematuro.

P. En otro momento del libro habla del consuelo que puede sentir una persona deprimida al entender que la depresión es un proceso químico, puesto que elimina la culpa que ocasiona pensar que la depresión es culpa de uno. ¿Pero debe el enfermo saber que tiene parte de la responsabilidad o es una exigencia demasiado fuerte?

R. Es una patología muy complicada. Políticamente es muy útil definirla como un desequilibrio químico en el cerebro y que puede corregirse con los antidepresivos, cuando en realidad es sólo un elemento, ya que no hemos conseguido descifrar completamente la bioquímica del cerebro. No creo que una sola causa pueda explicar toda la depresión, pero sí hay muchas cosas que puedes hacer para ayudar. Hay gente que cuando tiene una depresión muy leve, tiene una personalidad lo suficientemente fuerte para participar en la lucha. Hay otras que, o bien porque la depresión es más severa o porque tienen otra clase de personalidad, no. La gente hace todo lo que puede, pero cada persona tiene sus cualidades.

Cuando hablo de esperanza, no lo hago trivializando el dolor que se está pasando, porque es muy real, sino diciendo que ese dolor agonizante tiene un valor y que cada cual debe descubrir cuál esP. Al leer el libro, aunque sentía simpatía por lo que contaba, también experimentaba cierta tranquilidad quizá algo egoísta al darme cuenta de que no me sentía reflejado en ninguna de las historias que cuenta. ¿Las personas que, como yo, no nos sentimos identificados, podemos vivir tranquilosnbsp;

R. Nadie puede estar completamente seguro de que no va a desarrollar una depresión, pero si has llegado a la edad adulta sin sufrir una depresión, tienes bastantes posibilidades de no desarrollarla. Quizá a los 75 años, estar enfermo te deprima, pero no es algo que te aceche a la vuelta de la esquina. Poder entender la depresión, no obstante, es importante, porque afectará a tu mujer, tus hijos, tus amigos, tus compañeros, tu jefe u otras de las personas que te rodean, y es de gran ayuda para tratarlo. Estarás preparado y dirás "he leído mucho sobre el tema, sé lo que se puede hacer".

P. ¿Consiguió un mayor entendimiento sobre la naturaleza humana después de sufrir depresión?

R. Por supuesto. Aprendí muchísimo de la experiencia. Me dio el sentido de cómo puede cambiar tu estado de ánimo y esto define todo lo que experimentas. Hasta entonces tenía la sensación de que la narrativa de la vida estaba compuesta por acciones, pero en realidad el relato de tu vida tiene que ver con lo que ocurre en tu interior, que es tan difícil de entender como lo que ocurre fuera. Siempre me han gustado las palabras, quería ser escritor desde los 2 años, ese intento de expresar cosas siempre ha estado ahí pero no sabía qué quería expresar hasta que descubrí esto.

P. ¿Algo más que quiera añadir?

R. Uno de los mensajes del libro es que estar sumergido en una depresión es una agonía inexpresable por la que nadie debería pasar. Pero cuando sales, hay cosas que me ha permitido hacer que no habría hecho de otra forma. Cuando estoy deprimido, no puedo hablar de ella, como estoy haciendo ahora. Así que cuando hablo de esperanza, no lo hago trivializando el dolor que se está pasando, porque es muy real, sino diciendo que ese dolor agonizante tiene un valor y que cada cual debe descubrir cuál es. 

Alma, Corazón, Vida

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