LOS RASGOS PSICOLÓGICOS DE LOS AGRESORES

En la mente del maltratador: cómo son y qué los lleva a caer en esta conducta

Con o sin estudios, ricos o pobres, ancianos o jóvenes, los patrones sociológicos no sirven para clasificar a los maltratadores, pero sí los psicológicos

Foto: Manifestación contra la violencia machista el pasado lunes en Madrid. (EFE)
Manifestación contra la violencia machista el pasado lunes en Madrid. (EFE)

Los maltratadores son expertos en ocultar su psicopatía a ojos de quienes los rodean, y ni siquiera los psicólogos especializados en violencia machista son capaces de identificarlos sin someterlos antes a un exhaustivo análisis de personalidad. Con o sin estudios, ricos o pobres, del ámbito urbano o del rural, ancianos o jóvenes, los patrones sociológicos no sirven para clasificar a los maltratadores. “Suelen estar bien adaptados socialmente y sólo utilizan la agresividad contra aquellas personas con las que tienen una vinculación muy fuerte e íntima”, advierte Blanca Vázquez, psicóloga especialista en violencia de género y que realiza peritajes a víctimas.

Identificar a un maltratador es prácticamente imposible para las personas de su entorno, pues en la mayoría de ocasiones “responden perfectamente a los requerimientos sociales y saben controlarse fuera de casa, por lo que pueden ser buenos compañeros de trabajo o fantásticos vecinos”, explica la psicóloga Lola López Mondéjar, autora de varios ensayos y artículos científicos sobre violencia machista. Lo que sí es posible es definir algunos rasgos psicológicos comunes a todos ellos, tanto a los que se limitan al maltrato emocional como a los que traspasan esa barrera hasta derivar en la agresión física y, en un alarmante número de ocasiones, en el asesinato de sus parejas.

Sufren una depresión encubierta

Con o sin estudios, ricos o pobres, del ámbito urbano o del rural, ancianos o jóvenes, los maltratadores no entienden de patrones sociológicos

Muchos de los asesinos de sus parejas que luego acaban suicidándose padecen una depresión encubierta, que ni tratado ni han reconocido a su entorno. “Por su personalidad no dan la cara ni piden ayuda. Además, son incapaces de aceptar la pérdida, normalmente de su pareja (pero también puede ser laboral o económica), por lo que la atacan cuando sienten que van a ser abandonados, ya sea esta una percepción real o imaginaria”, apunta Vázquez. Principalmente en el caso de los maltratadores que luego se suicidan, sufren un ataque de ira cuando la mujer los deja y entonces surge un estallido agresivo, normalmente con consecuencias mortales, añade la especialista.

Padecen inseguridad crónica

Sienten una gran inseguridad emocional, ya no sólo en el terreno marital o de pareja, sino en general, socialmente. En términos psicológicos, como explica Mondéjar, “poseen una subjetividad muy precaria que tratan de suplir identificándose con los valores machistas”. Además, siempre culpan a los demás de sus defectos, es decir, a la mujer, a quien conciben como un complemento y pagan con ella sus problemas, ya sea mediante el maltrato psicológico, en un primer estadio, o con el físico en una fase más avanzada de su trastorno.

Han sido maltratados en su infancia

Algunos autores han concluido que existen ciertas variables comunes a los maltratadores, como que en su infancia han sufrido humillaciones por parte de su padre y sin obtener el apoyo de su madre. Una humillación que les produce inseguridad en la vida adulta y que tratan de proteger adhiriéndose miméticamente a los valores del patriarcado.

Concentración en Ponferrada contra el último crimen de violencia machista. (EFE)
Concentración en Ponferrada contra el último crimen de violencia machista. (EFE)

No son conscientes de que discriminan

Al concebir a la pareja como un objeto interno de ellos mismos, y no como sujeto distinto, no creen que la estén discriminando, advierte Mondéjar. Mantener una relación bajo estas pautas, propias del patriarcado, “es imposible, no puede sostenerse a la larga porque, por más que sus mujeres estén acostumbradas a servirlos, son un sujeto independiente”, añade. De este modo, cuando se produce una reacción de independencia que el maltratador no se espera, siente cuestionada su masculinidad y se le reabre la herida de la inseguridad. Es entonces cuando estalla la violencia, cuyo fin no es otro que reorganizar su universo fortaleciendo nuevamente su situación de poder sobre la pareja.

No soportan perder el control sobre sus parejas

Debido a su miedo horrible a la separación, no soportan que la mujer tenga una vida propia, que sea más que un objeto pegado a ellos. Estas situaciones, que pueden experimentar simplemente si la pareja decide trabajar, salir con sus amigas o realizar cualquier actividad de ocio con otras personas, producen en el maltratador una sensación de pérdida de control, que desemboca en una reacción agresiva.

Identifican a la pareja como un objeto de su posesión

El maltrato es una especie de 'continuum', primero empiezan con el psicológico y luego siguen con el sexual y el físico

La relación no es de sujeto a sujeto, sino de sujeto a objeto. Mondéjar recurre a la metáfora de la metrópolis y las colonias para ejemplificarlo. Se trata de la misma relación de poder que tenían las antiguas metrópolis con sus colonias, es decir, una relación de subordinación. Para que se produzca esta situación niegan la subjetividad a la otra persona, no la reconocen como tal.

Unas pautas propias del patriarcado en las que también han sido educadas las mujeres que sufren maltrato, reconoce la psicóloga. Así, muchas de ellas han recibido pautas en su niñez para identificar primero el deseo del otro antes que el propio, así como entregarse a los demás y subordinarse a sus deseos.

Cada vez se hacen más agresivos

El maltrato es una especie de continuum, primero empiezan con el maltrato psicológico, y luego siguen con el sexual y el físico. “Estas conductas insidiosas van instaurándose poco a poco, por lo que una persona no se vuelve maltratadora de la noche a la mañana, sino que comienzan con pequeñas conductas de control, con un maltrato emocional menos severo, como no dirigirle la palabra a su pareja o despreciarla”, explica Vázquez. Si bien los maltratadores no pasan generalmente de este estadio porque logran mantener bajo control a sus víctimas, sí genera igualmente muchas secuelas y en un número alarmante de casos va in crescendo hasta acabar en la agresión física.

De lo que están convencidos todos los psicólogos especializados en violencia de género es de que se trata de una patología que se puede revertir. “Aunque tengan unas pautas concretas de comportamiento, que tienen que ver con procesos equivocados de aprendizaje, basadas en el patriarcado, se pueden intentar remodelar”, apunta Trinidad Bernal, psicóloga y directora de los programas de mediación de la fundación Atyme. Sin embargo, reconoce que es imposible reeducar a aquellos que no tienen voluntad para ello y que lo más conveniente es actuar a edades tempranas, promoviendo la educación en igualdad.

Alma, Corazón, Vida
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