EL TRUCO DEFINITIVO PARA ORGANIZARNOS

La regla de los 30 segundos o el hábito que cambiará por completo tu vida

Poner por escrito aquello que nos ha ocurrido a lo largo del día es una sencilla manera de organizarnos y de distinguir lo importante de lo accesorio

Foto: Poner por escrito aquello que hemos aprendido nos servirá a organizar nuestro tiempo y a ayudar a los demás. (Corbis)
Poner por escrito aquello que hemos aprendido nos servirá a organizar nuestro tiempo y a ayudar a los demás. (Corbis)

En Estados Unidos, mantener un diario tiene una gran importancia, mucho mayor que lo que ocurre en los países europeos, como pusimos de manifiesto en un reciente artículo. Poner por escrito aquello que nos ha ocurrido a lo largo del día es una sencilla manera de organizar nuestra mente, distinguir lo importante de lo accesorio y, además, constituye un buen prolegómeno para la acción.

En una línea semejante se encuentra aquello que la emprendedora Robyn Scott proponía en un artículo publicado en Medium, y que ha circulado rápidamente por internet como una reveladora herramienta para nuestro éxito personal. El consejo no es suyo, sino que tiene ya unas cuantas décadas de antigüedad, y hay quien lo sigue de manera inconsciente.

Scott, fundadora de organizaciones como OneLeap o Introsto, lo aprendió después de una reunión con un consultor y escritor con el que se encontró con el objetivo de trabajar en un proyecto en África. Este, a su vez, lo había aprendido de su abuelo, que nació durante el siglo XIX. Rápidamente, la empresaria notó que su interlocutor apenas abría la boca pero, cuando lo hacía, contribuía a reenfocar el debate y evitaba que se fuesen por las ramas.

Aunque no la corrijas posteriormente, realizar una nota en 30 segundos puede marcar la diferenciaEllo proviene del método que su abuelo le proporcionó cuando aún era un niño, y que consiste en lo siguiente: “Inmediatamente después de cada reunión, cada clase o experiencia significativa, utiliza 30 segundos (ni más, ni menos) para escribir las cosas más importantes. Si siempre haces esto, me dijo mi abuelo, e incluso si tú simplemente haces esto, sin ningún otro tipo de corrección, te irá bien”. Scott ha seguido el consejo del abuelo de su interlocutor durante unos meses, y reconoce que le ha ido bien, pero también proporciona una serie de enseñanzas que le han permitido optimizar al máximo el método.

No se trata de tomar apuntes

Más bien, el objetivo de este procedimiento es distinguir entre aquello que es primordial y aquello que es secundario. Obliga a la mente no a reproducir lo dicho, sino a manipular la información que se ha recibido. “Se trata de un acto de interpretación, priorización y toma de decisiones”, explica la autora.

Requiere esfuerzo

Scott señala que es muy sencillo pensar que hemos entendido todo lo que se nos ha contado, pero que resulta mucho más difícil sintetizarlo en tan poco tiempo y verbalizarlo. Volver sobre aquello que nos acaba de ocurrir resulta complicado porque supone realizar una relectura totalmente diferente de aquello que, en apariencia se ha contado, pero también sirve para sacar a la luz algunos aspectos ocultos que se nos pueden haber pasado por alto.

El diablo está en los detalles

Pensemos en la última reunión que hemos tenido. ¿Qué recordamos de ella? Probablemente, el tema general que se ha tratado. Quizá, también, alguno de los chistes o cotilleos que en ella han salido durante la misma. Pero, ¿cuáles fueron sus auténticas conclusiones, qué aprendimos? Quizá se encuentre oculto entre toneladas y toneladas de banalidades. Aprender a utilizar la regla de los 30 segundos nos ayudará a afilar nuestra percepción.

Tienes que ser veloz

La primera impresión es la que cuenta, afirma el dicho, y así parece ser también con esta regla de los 30 segundos. Nuestras percepciones cambian a medida que el tiempo pasa, y no únicamente porque reflexionemos sobre lo acontecido, sino porque nuestra memoria se moldea continuamente. Al apuntar rápidamente las conclusiones, tendremos también presente ese gesto que nos ha llamado la atención, ese titubeo que desvela más de lo que su emisor pensaba y, en definitiva, toda esa información que estamos a punto de borrar de nuestra memoria.

Aprendes a escuchar y a hacer mejores preguntas

En ocasiones, al enfrentarnos con los 30 segundos de que disponemos para resumirlo todo, nos damos cuenta de que hemos hecho caso omiso a los aspectos más importantes del tema o estos no han quedado lo suficientemente claros. Nuestra atención cambia, y afinamos mejor nuestro oído para sintonizar aquello realmente sustancial.

Ayudarás a los demás

Parecería que un método de organización así tan sólo beneficia a aquel que lo lleva a cabo, pero Scott asegura que la regla de los 30 segundos nos ayuda a comprender las necesidades de los demás. A menudo, las reuniones tienen como objetivo descubrir qué se puede hacer por los demás, ya sea con un cliente, con un superior o con un subordinado. Si extraes conclusiones claras sabrás qué puedes hacer en lo consecutivo para remar en la misma dirección.

Es cada vez más útil (y más fácil)

La empresaria asegura que a medida que repites el procedimiento, este resulta más sencillo y funciona cada vez mejor. Así pues, se pregunta, ¿a qué estás esperando?

Alma, Corazón, Vida
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