EL FUTURO DEL EURO según martin wolf

“Para España, el coste de la crisis es enorme y probablemente nunca desaparecerá”

Martin Wolf, editorialista jefe del Financial Times y uno de los economistas más relevantes, explica por qué el optimismo sobre el futuro debe ser moderado

Foto: Martin Wolf, ayer en la Fundación Rafael del Pino en Madrid. (Fotografías: Enrique Villarino)
Martin Wolf, ayer en la Fundación Rafael del Pino en Madrid. (Fotografías: Enrique Villarino)

A finales de los años sesenta, Martin Wolf abandonó la carrera de Clásicas para dedicarse a la Economía. Cuarenta años después, es editor jefe de la sección de opinión de Financial Times y una de las más importantes referencias en el análisis económico de todo el planeta, una experiencia que deposita cada día en su columna del FT o en libros como Por qué funciona la globalización (Yale University Press) o Arreglando las finanzas globales (Johns Hopkins University Press).

Todo proviene, como él mismo ha contado en alguna ocasión, de la preocupación por lo que la economía puede propiciar en el plano político y social. Su madre, de origen judío, perdió 30 familiares durante el Holocausto: si la economía no hubiese alcanzado su nadir en los años 20, ello no había ocurrido. Wolf recibe a El Confidencial en la Fundación Rafael del Pino, donde este miércoles ha impartido una conferencia sobre lo que nos espera en los próximos años.

PREGUNTA.- El título de su conferencia es “Después de la crisis: ¿qué le espera a la economía global?” Así pues, ¿qué está por venir?

RESPUESTA.- Básicamente diré que hay una visión de consenso que a mí me parece muy plausible por la cual el mundo desarrollado va a recuperar sus niveles de crecimiento. Algo obvio en la Eurozona, también en Estados Unidos, probablemente Japón, Reino Unido ya lo ha conseguido… El proceso de recuperación del crecimiento está teniendo lugar. Hay grandes preguntas acerca de otras economías, pero creo muy posible que los países emergentes sigan creciendo con velocidad, especialmente en Asia, donde China mantendrá un crecimiento del 7 o del 8%. La perspectiva es optimista.

La perspectiva económica general es moderadamente optimistaEn segundo lugar, la crisis ha dejado un legado enormemente grande de pérdida de producción y, obviamente, de un alto desempleo, y una de las grandes cuestiones para los países en vías de desarrollo es cuánto serán capaces de recuperar. Estamos hablando de que aunque el crecimiento está intentado alcanzar los niveles anteriores a la crisis, la pérdida en producción puede ser permanente.

La tercera cuestión es si la tasa de crecimiento está siendo apoyada por factores beneficiosos, como ha ocurrido en Estados Unidos, donde han obtenido beneficios en energía, se ha producido un ajuste financiero y los precios inmobiliarios se han corregido. Por ello hay un gran potencial de crecimiento en EEUU y, hasta cierto punto, eso se aplica a otros lugares.

Finalmente, hay algunos riesgos en el mundo. Una pregunta, obviamente, es qué ocurre en la Eurozona y si de verdad ha conseguido realizar ajustes que sean duraderos. Aún existe una gran incertidumbre, como en España. Otra pregunta es sobre el futuro crecimiento chino, que creo que es un importante factor en el mundo y puede constituir un riesgo. Hay otros riesgos en los países en desarrollo, aunque no me pongan muy nervioso; y otros causados por razones geopolíticas, como en Ucrania o entre Japón y China. La perspectiva general es moderadamente optimista.

 

Martin Wolf analiza el futuro de la economía

Vídeo: entrevista a Martin Wolf, editorialista jefe de 'Financial Times'

 

P. ¿Qué ocurre con España?

R. España es un caso especial, en el sentido de que tenía su propia crisis, que no era independiente de la crisis mundial, porque estaba relacionada con el auge del crédito y el sector inmobiliario de finales de los noventa y principios de siglo, lo que hizo coincidir la crisis local con la internacional y la empeoró. Además, estaba en el contexto específico del euro. Creo que, como resultado de todo esto, el euro y España sufrieron una enorme depresión en términos de demanda doméstica.

Creo que sería justo decir que en España, como en otras partes, se ha producido un cambio de rumbo, las cosas no van a peor. Ha habido una gran cantidad de ajustes externos, mejoras en competitividad y se vuelve a tomar aire.

La mayor parte de la población española no va a notar los efectos de la recuperación económica en mucho tiempoPero si me preguntasen cuán lejos se encuentra España de una recuperación completa, primero habría que preguntarse qué significa una recuperación plena para España. Si significa volver a las tasas de crecimiento previas a la crisis, más del 3% al año, aún no estamos ahí, pero podría ocurrir en los próximos dos, tres o cuatro años. Es poco probable, pero podría suceder. Si queremos decir volver a las tasas de desempleo previas a la crisis, es probable que no ocurra hasta los años 20, si es que ocurre.

Así que, para España, el coste de esta crisis es enorme y probablemente nunca desaparecerá. Es un evento que ha creado una marca indeleble en la economía española, y creo que hay un riesgo real de que la recuperación sea muy lenta en términos del producto interior bruto y el empleo. La mayor parte de la población española no va a notar los efectos de la recuperación económica en mucho tiempo. España es un caso extremo de esta situación general.

P. ¿Se han tomado las decisiones políticas correctas para reconducir a nuestro país?

R. Tiendo a pensar que el grado de libertad que han tenido los Gobiernos españoles desde que empezase la crisis ha sido muy pequeño. Así que la mejor forma de no encontrarse en el lugar en el que España se encuentra es haberla sorteado. Y eso tiene que ver con decisiones tomadas hace 10 o 15 años, no en los últimos 3 o 4. Habría sido muy difícil para España evitar la crisis, aunque podría haber sido menos mala.

Cuando discutía en los años 90 con españoles, les decía '¿de verdad entiendes lo que significa entrar en el euro?' y la respuesta era noAl fin y al cabo, España no ha podido financiarse fácilmente, lo que la convirtió en dependiente de agentes externos, como el Banco Central Europeo, que retrasó demasiado su toma de partido, lo que empeoró la situación. Dada la herencia de la crisis, no puedo ver fácilmente lo que el Gobierno podría haber hecho para mejorar el sistema. Vives en una especie de sistema parecido al patrón oro, así que una vez la crisis te golpea, el déficit ha de ser eliminado, lo que genera una gran contracción de la demanda interna y, por lo tanto, altos niveles de desempleo.

Tuvieron que producirse fuertes cambios en el mercado laboral, lo que influye en la demanda interna, así que me temo que ya que no controláis vuestra financiación pública y vuestros tipos de cambio. El ajuste se ha producido de la única manera que uno esperaría que ocurriese en un país de esas circunstancias. Cuando discutía estos asuntos en los años 90 con españoles, gente muy experimentada, les decía “¿de verdad entiendes lo que significa entrar en el euro?” y la respuesta era que no. Ahora ya lo saben.

P. En un artículo escribió que el único error de España fue haber entrado en el euro.

R. Es, desde luego, algo exagerado, pero si España no hubiese entrado en el euro y se hubiese conducido correctamente, las tasas de interés habrían sido más altas, se habría producido una mayor apreciación de los tipos de cambio, el déficit no habría sido tan alto y el boom inmobiliario habría sido más pequeño. Al estallar la crisis, la moneda habría caído un 30 o un 40%, el ajuste externo habría sido mucho más fácil y la austeridad fiscal no habría tenido por qué ser tan aguda, aunque aún habría sido sustancial.

Habría sido más como en Reino Unido, aunque un poco peor porque el auge de la construcción aún habría sido grande. No quiero decir que unirse al euro fuese el único problema, pero lo hizo mucho peor. En una unión monetaria, los ajustes que haces son ajustes cuantitativos, porque los precios relativos no cambian rápidamente. En un sistema fluctuante, es más fácil manejar esto.

P. ¿Tendría algún sentido salir ahora del euro?

R. Es un proceso de una única dirección. No digo que España no tendría que haber entrado nunca en el euro, pero no creo que fuese buena idea unirse cuando lo hizo. Hay una gran diferencia entre no unirse y salir. Abandonar el euro es un caos. Es un proceso muy complicado que desestabilizará las expectativas, desestabilizará el sector financiero y probablemente conduciría a shocks muy grandes.

Las medidas que se tomen para mejorar la competitividad externa reducirán la demanda interna en el corto o medio plazoQuizá sea cobarde, pero nunca he recomendado en la crisis que nadie abandone el euro, ni siquiera Grecia, porque las consecuencias pueden ser terribles. Sin embargo, cada vez estoy más preocupado por la debilidad de la Eurozona y la incapacidad del Banco Central Europeo para conseguir que crezca la demanda interna, así como por la posibilidad de deflación y el retorno de la crisis como resultado de las decisiones políticas. La historia no ha terminado y España ha hecho un importante trabajo de ajuste, por lo que sería una locura salir ahora.

P. Hace unos días, Christine Lagarde pedía a España valentía para acometer más reformas laborales. ¿Es necesario?

R. No sé lo suficiente sobre los detalles de las políticas que se han implementado, pero España tiene un terrible equilibrio. La demanda agregada en España está estancada, después de una gran contracción. Las medidas que se tomen para mejorar la competitividad externa reducirán la demanda interna en el corto o medio plazo, y lo que ocurre es que la balanza externa se mejorará, pero en el contexto de la demanda interna, no generará demasiado crecimiento económico. Así que en el largo plazo, esta política puede crear crecimiento, pero a muy largo plazo. En una economía como la española, crecer basándose en la mejora de la competitividad es un proceso muy largo.

Se podría mejorar la disponibilidad de crédito en España, es algo que se está discutiendo, pero debería cambiar la estructura del gasto del Gobierno y de los impuestos para hacerlo más favorable al empleo, eso sería sensato. Tengo que decir que no está claro que haya ninguna medida que haya podido ser aplicada por el Ejecutivo, dado el estado de la economía, que pueda mejorar rápidamente la situación en España en todos los frentes.

P. Usted ha manifestado que su preocupación por la economía proviene de la época previa a la Segunda Guerra Mundial, donde los desajustes causaron uno de los grandes conflictos de la historia del hombre. ¿Podría volver a ocurrir algo semejante?

R. En 2008 pensaba que estábamos al borde de otra Gran Depresión y que, si no hubiésemos tomado las medidas que tomamos, podríamos haber sufrido una depresión comparable a aquella. De septiembre a noviembre de 2008 estuve muy asustado. Entre el verano de 2010 y el verano de 2012 pensé que la Eurozona estaba al borde del derrumbamiento, y me preocupaban las consecuencias políticas, sociales y económicas de ello.

Crecí en un mundo en el que se aplicaban medidas keynesianas, pero que no era un mundo keynesianoAhora tenemos redes de seguridad que nos permiten afrontar con mayor garantía los shocks que durante los años 30, y el ambiente político es muy diferente: no hay movimientos como el nacionalsocialismo o el fascismo. En resumen, sí, hay eventos que me recordaron a lo que ocurrió en los años 30, y me preocupaban enormemente las consecuencias políticas de los grandes errores económicos, pero afortunadamente muchos políticos han aprendido y actuaron. No está claro si ocurrirá la próxima vez.

P. Se le ha considerado un estandarte del retorno a las ideas de John Maynard Keynes que se ha producido en los últimos años. ¿Cuál fue el proceso que siguió?

R. La razón principal es obvia: el mundo cambió. Crecí en un mundo en el que se aplicaban medidas keynesianas, pero que no era keynesiano. En los 50, 60 y 70, tuvimos una seria recesión, incluso en los ochenta y noventa, que no sufría de una deficiencia crónica de la demanda agregada. Más bien, sufríamos de una crisis crónica de sobreproducción, lo que conducía a la inflación y una política fiscal orientada a altos niveles de empleo que tendían a generar problemas con una exagerada inflación. Ese era el mundo en el que vivíamos. Así que aprendimos a controlar la moneda y la inflación, porque esa era la situación.

Antes de la crisis, me di cuenta de que volvíamos a un mundo de demanda crónicamente deficiente, lo que tenía mucho que ver con el desequilibrio globalPensé que era una situación permanente. Asumía equivocadamente que una vez que estabilizásemos la inflación, la economía sería estable y no sufriríamos sobreproducción, y que eso duraría a lo largo del tiempo. De repente, antes de la crisis, me di cuenta de que volvíamos a un mundo de demanda crónicamente deficiente, lo que tenía mucho que ver con el desequilibrio global, algo que habíamos conseguido hacer frente a través de burbujas. Estas estallaron y terminamos en un mundo de auténtica demanda deficiente, el mundo de Keynes.

En un mundo así, al que nos hemos desplazado durante los últimos 20 años y en el que llevamos viviendo 6, tienen sentido las políticas de Keynes. Cambié mi opinión porque el mundo se transformó en algo parecido al que existía durante la Gran Depresión.

Además, y muy importante, llegué a la conclusión de que el sector financiero, como se había desarrollado, era fundamentalmente inestable, algo que no nos habíamos dado cuenta previamente porque las crisis económicas a un nivel tan alto son muy raras, y no consideré posible, equivocadamente, que pudiese ocurrir algo parecido a lo que sucedió en los años 20 o 30. 

Alma, Corazón, Vida

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