Las memorias del corredor de bolsa Jordan Belfort, El Lobo de Wall Street (Deusto), llevadas ahora a la gran pantalla bajo la dirección de Martin Scorsese, han hecho que sea difícil volver a mirar con los mismos ojos al mundo financiero. Para acercarnos a su particular retrato en primera persona del mundo financiero, nadie mejor que sus colegas de profesión. ¿Todos los brokers son megalómanos, lascivos, trepas y prepotentes sin escrúpulos? ¿Tienen un estilo de vida común? ¿Las drogas, el sexo y el desenfreno son su verdadera seña de identidad?

Coincidiendo con el preestreno del filme, el diario británico The Guardian ha reunido a un grupo de inversores y asesores financieros para contrastar su experiencia personal con la narrada por Belfort. “Los escandalosos comportamientos de unos pocos son los que nos han desprestigiado a todo el resto de profesionales”, lamenta uno de los participantes, que trabajó en la década de los 90 para un gran banco de inversión de Wall Street. Luego añade: “Espero que la gente sepa contextualizar esta historia, que hoy en día no podría suceder”.

Belfort vivió de lleno el éxtasis financiero de los 90, cuando era el rey del corral. Se hizo famoso por montar fiestas descomunales en la misma oficina de la compañía, que solían acabar en orgías. Además de haber sido un confeso adicto a las prostitutas y la cocaína, se hizo famoso por comprar uno de los yates más lujosos del mundo, construido originalmente para Coco Chanel, y naufragar con él en la costa de Cerdeña, tras desoír los consejos de su capitán.

¿Una visión alejada de la realidad?

Otros de los financieros que surfearon las bolsas en los trepidantes años 90 son menos amables con la historia guionizada por Terence Winter, creador de la serie Boardwalk Empire: “Ahora mismo estaría muy decepcionado si tuviese que haber pagado para ver algo absolutamente irreal”. Unas críticas que otros suavizan un poco más describiendo la opulencia que rodea a este mundo, como “reuniones en los hoteles más lujosos o cenas que derivan en fiestas a rebosar de alcohol y drogas”. Por supuesto, añade este último, “los que tienen un estilo de vida tan desenfrenado son un círculo de personas bastante reducido, al igual que quienes recurren a prácticas fraudulentas”.

Las personas que trabajan en el mundo de las finanzas hoy en día lo hacen en un entorno sumamente regulado, por lo que es imposible que puedan volver a darse este tipo de casosSólo un año después de empezar a trabajar como bróker, Belfort se hizo con el control de Stratton Oakmont, una de las agencias de corredores con más éxito de la época, conocida por operar como una boiler room (“cuarto de calderas”): un call center en el que se vendían bonos basura utilizando todo tipo de técnicas injustas, deshonestas y, en su mayoría, fraudulentas.

Escándalos recientes como el de la manipulación del Líbor y el Euríbor, así como el de las hipotecas basura, o las preferentes en el caso español, hacen ser más cauto al participante con más edad, que lleva en el sector desde 1981: “Sólo han pasado cinco años desde el inicio de la crisis. Yo no diría que este tipo de prácticas son cosa de un pasado lejano”. Lo que sí forma parte de la historia son “las comidas interminables en los mejores restaurantes”, asegura con sorna. La ironía tampoco escapa a las palabras de otro de los participantes en el debate, que se pregunta “cómo puede levantarse todos los días a trabajar una persona que cada noche, durante varios años, se emborracha y se droga”.

¿Una descripción interesada que aprovecha el malestar ciudadano?

En lo que todos los participantes coinciden es en el poder de esta película para moldear la opinión de la ciudadanía sobre los banqueros y el sistema financiero en general. A uno de ellos le preocupa especialmente que se generalice y cunda la desconfianza entre la población. “La imagen de los banqueros no pasa por sus mejores momentos, pero esta película podría perjudicarla aún más, por mucho que nosotros tengamos claro que es una ficción”, apunta un bonista.

Quienes más dinero ganan son los gestores de los hedge funds, pero no son ellos quienes venden productos tóxicos a una pobre ancianaEn el caso del Lobo de Wall Street, que llegó a ganar 12 millones en tan sólo tres minutos, la Justicia acabó poniendo las cosas en su sitio. En 1998 fue imputado por estafa y blanqueo de dinero. Belfort reconoció los cargos y se mostró dispuesto a colaborar con el FBI, ofreciendo información de otros estafadores. Sólo pasó 22 meses en prisión, pero fue condenado a devolver 100 millones de dólares a los accionistas a los que había estafado. Aún a día de hoy, sigue pagando parte de la deuda.

“La gente que ahora tiene una mala opinión de los banqueros e inversores o se sienta estafada por la banca va a ver en la película sólo lo que quieren ver. Sin embargo, está llena de prejuicios”, critica un bróker de 56 años y con casi 30 de experiencia en el sector. “Cualquiera que esté mínimamente familiarizado con el sector financiero sabrá que esta película es una mera parodia”, añade uno de sus compañeros de visionado.

La única mujer que participa en el debate, exabogada de la City londinense, subraya que las actitudes machistas y la promiscuidad siguen siendo predominantes en este mundo, aunque reconoce también que se trata de una parodia malintencionada.

¿La historia vuelve a repetirse con los hedge funds?

El guionista Terence Winter defendió durante la presentación del filme que se trata de una prueba de cómo la historia vuelve a repetirse. “Es un reflejo de lo que todavía está sucediendo en los mercados y se nota que no hemos aprendido de nuestros errores”, sentenció. Una afirmación que trata de desmontar el participante que abrió el debate: “Las personas que trabajan en el mundo de las finanzas hoy en día lo hacen en un entorno sumamente regulado, por lo que es imposible que puedan volver a repetirse este tipo de casos”.

En la recta final del debate uno de los participantes alude al personaje de Gordon Gekko, interpretado por Michael Douglas en las películas Wall Street y Wall Street 2: El dinero nunca duerme (ambas dirigidas por Oliver Stone). Este personaje, basado en el broker Ivan Boesky, fue interpretado más como un modelo a seguir que como un villano. “La gente decía, 'yo quiero hacer eso, la codicia es buena'. Ahora bien, las nuevas generaciones tienen otra visión de las cosas y están más sensibilizadas con lo que es moralmente inaceptable”, apunta uno de los presentes.

“Las personas que más dinero ganan ahora son los gestores de los hedge funds, que ciertamente juegan en los límites de la regulación”, replica otro de los participantes. Sin embargo, reconoce, “no son ellos los que venden productos tóxicos a una pobre anciana ni mucho menos los que más fiestas hacen. Por lo general se limitan a trabajar duro”.