Según todos los libros de historia, el navío holandés Duyfken, capitaneado por Willen Janszoon, fue la primera embarcación europea que llegó a Australia. Concretamente en 1606, cuando la expedición llegó al golfo de Carpentaria. El comandante holandés estaba tratando de llegar a la isla de Java y se topó con el continente australiano. Una reproducción de la embarcación es hoy en día una de las mayores atracciones del Museo Marítimo Nacional de Australia y Janszoon, el Colón de las antípodas. Pero todo podría cambiar en los próximos meses.

Un manuscrito portugués del siglo XVI muestra un dibujo detallado de lo que parece ser, a todas luces, un canguro: un animal que sólo se encuentra en Oceanía. El libro pertenecía a un marchante de libros raros portugués, pero fue adquirido por la galería Les Eliminures de Nueva York, que lo vende por 15.000 dólares.

Es posible que los portugueses hubieran llegado ya a Australia, pero como eran extremadamente secretistas sobre sus rutas comerciales, nadie lo sabíaEl documento está datado entre 1580 y 1620, lo que hace sospechar que pudo haber europeos que llegaran a Australia antes que Janszoon, y vieran y documentaran los canguros. Además, el libro incluye ilustraciones de dos hombres semidesnudos, con coronas de hojas, que los investigadores creen que podrían representar a aborígenes australianos.

El misterioso manuscrito, del tamaño de un libro de bolsillo, es de tipo procesional: un manual litúrgico con texto y música. Sólo un nombre propio moderno aparece en el mismo, el de su propietaria: Caterina de Carvalho, que según los investigadores de la galería neoyorquina fue una monja oriunda de Caldas da Rainha en Portugal.

Imagen del manuscrito que muestra al supuesto aborigen. (Enluminures Gallery)Imagen del manuscrito que muestra al supuesto aborigen. (Enluminures Gallery)

El secretismo portugués: bueno para el comercio, malo para la historia

¿Cómo es posible que aparezca en el manuscrito un dibujo de un canguro? Para Laura Light, investigadora de la galería, la presencia del marsupial en un manuscrito tan temprano “es la prueba de que el artista que lo creó había estado en Australia o, lo que es aún más interesante, los informes y dibujos de los viajeros sobre los animales interesantes que habían encontrado en este nuevo mundo ya estaban disponibles en Portugal”.

En opinión de Light, que ha explicado su tesis al diario australiano The Age, es posible que los portugueses hubieran llegado ya a Australia, pero como “eran extremadamente secretistas sobre sus rutas comerciales durante ese periodo”, nadie lo sabía.

Aunque la idea de que fueron los portugueses los primeros europeos que llegaron a Australia es defendida por muchos historiadores, es muy difícil de demostrarLa presencia del canguro en este manuscrito no es el primer indicio que apunta a que los portugueses llegaron antes a Australia. El historiador Peter Trickett ha defendido siempre que una expedición marítima portuguesa recorrió la costa australiana mucho antes del desembarco holandés, en concreto entre 1521 y 1522. Para Tricket, por tanto, “no es sorpendente que una imagen de un canguro llegara a Portugal en algún momento de finales del siglo XVI”.

Pero no todos opinan igual. Según el responsable de los mapas de la Librería Nacional Australiana, Martin Woods, que también ha atendido a The Age, el dibujo que aparece en el manuscrito puede ser un canguro, pero no es prueba suficiente para andar cambiando los libros de texto. “El parecido del animal con un canguro o marsupial es clara, pero podría ser también un animal del sudeste asiático, pues hay especies de ciervos que se levantan sobre sus patas traseras para alimentarse de las ramas más altas. Por ahora, desgraciadamente, la presencia de un animal de orejas y patas grandes en un manuscrito no aporta demasiado”. Otros expertos han señalado que, dado el margen que contempla la datación, el manuscrito, aunque por poco tiempo, podría haberse escrito con posterioridad a la llegada de los holandeses a Australia. 

La idea de que fueron los portugueses los primeros europeos que llegaron a Australia es defendida por muchos historiadores, pero es muy difícil de demostrar. El terremoto que arrasó Lisboa en 1755 acabó con la poca documentación que podía haber al respecto y, a falta de datos, sólo queda la especulación y, desde ahora, un canguro en la letra capital de un manuscrito.