Lunes, 22 de julio de 2013

LA CREATIVIDAD ES LA CLAVE

Los valores en la educación: cómo dejar de arruinar el talento de los niños

Los valores en la educación: cómo dejar de arruinar el talento de los niños
Cada niño expresa de forma diferente su talento en una determinada materia. (Corbis)
Javier Pérez 25/02/2013   (06:00)
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Guillermo silba una dulce melodía mientras se habla de él. Tiene doce años y desde muy pequeño disfruta cantando. “Su clase preferida es música”, dice Luisa, su madre. “Habitualmente toca la flauta, ahora empieza a manejar otros instrumentos, pero lo que más le gusta es ensayar con sus compañeros la canción que cada semana elige uno”. El rendimiento de este adolescente cambia notablemente de las asignaturas comunes a su favorita. “Le encanta”, tanto, que a menudo, con aplastante lógica pregunta a los de su alrededor por qué no hay más días de esta materia.

La música es la pasión de Guillermo y, además, como cree su madre, tiene talento. Ken Robinson, gurú en educación, diría que este muchacho ha encontrado su Elemento: “El punto de encuentro entre las aptitudes naturales y las inclinaciones personales”. El autor británico ha difundido su crítica a la educación convencional por entorpecer la creatividad de los más pequeños y reprimir su motivación para aprender. Por un lado, encuentra un problema en la jerarquización de las asignaturas, ya que se relegan las artes y se separa de las ciencias. Y por otro, ve anacrónicos los programas basados en moldear personas para el sistema productivo.

Rara vez, como en el caso de Guillermo, los niños gestan su talento en la escuela. Los colegios son lugares donde se evalúa a las personas según su capacidad matemático-verbal. Otras aptitudes ni se valoran ni se incentivan. La estandarización de las pruebas pretende homogeneizar a los niños sin tener tampoco en cuenta la heterogeneidad de sus habilidades y las diversas formas de manifestarse. Carolina Bermúdez, maestra de teatro del Colegio Ignacio Zuloaga, considera que a los alumnos se les carga de mucha información y no se confía en las cualidades internas que tienen.

“En el colegio hay pocos espacios donde las niñas y los niños puedan dar otro tipo de cosas, las que son de uno mismo”, asegura Bermúdez. En su opinión, está todo tan reglado que no hay lugar para la imaginación y libertad, para que cada uno busque y descubra su talento. Las materias lectivas “están más orientadas a que hagan lo que tengan que hacer sin preguntarse. ¡Vas, te sientas, escuchas y haces! Queremos amoldar al niño para que no moleste ni grite, no importa que esté en otro mundo mientras esté en silencio. Eso no son niños, son robots”.

Las actividades extraescolares

El aburrimiento en las aulas es algo manifiesto. Probablemente, el tedio rutinario produce la desmotivación del escolar por aprender. El perjuicio será aún mayor si se decide saturar con clases de apoyo o refuerzo curricular, lo que habitualmente sucede con las clases extraescolares. José Luis Pazos, presidente de la Federación de la comunidad de Madrid Asociaciones de Padres y Madres del Alumno (FAPA) Giner de los Ríos, sostiene que la misma actividad extraescolar puede ser contraproducente. “Se trata de tener un complemento que, por supuesto, tenga más parte lúdica que disciplinaria”.Hay que buscar un punto de encuentro entre las aptitudes naturales y las inclinaciones personales

La sola preocupación por los resultados frustra a muchos adolescentes hasta que eligen abandonar el colegio o instituto. Legisladores, profesores, alumnos son responsables de tal desgana; igualmente lo son los padres y madres que, obsesionados por el futuro incierto en una sociedad fragmentada y competitiva, meten a los hijos en clases extraescolares para complementar su currículum. Carlos Fernández, Coordinador de Actividades Extraescolares Madrid, cuya empresa oferta este tipo de actividades a las asociaciones de padres y madres, comenta que, además de deportes, se demandan bastante los idiomas, sobre todo el inglés, “y ahora están pidiendo mucho chino”.

Las clases extraescolares tratan de conciliar la vida laboral de los progenitores con la familiar alargando el horario escolar de los niños. Como asegura Fernández, ha descendido la demanda por obligación: “La gente en paro tiene más tiempo libre y no se deja tanto a los niños en estas actividades”. No obstante, Pazos piensa que también se debe a que son un simple relleno. Había familias que decidían que su niña o niño hiciese actividades extraescolares “porque todos los demás lo hacían y el suyo no fuera menos que nadie, sin importar si esas clases aportaban mucho”.

En cambio, si los pequeños se inclinan por algo, el solo ejercicio puede combatir su aburrimiento e incrementar sus cualidades. En el AMPA del Colegio Zuloaga comentan que en ocasiones deciden los niños a qué apuntarse. “Los papás quieren inglés y los niños prefieren fútbol, multi-danza o cosas más divertidas”. Concretamente son las más artísticas, las que permiten a los escolares explorar con su desbordante imaginación. El dilema es que no siempre se completan los grupos para poner en marcha actividades como el “taller de creatividad o de jóvenes talentos”.

Creatividad y autonomía

Realizar cualquier actividad con gusto abre una puerta a la curiosidad. “La gente dice inglés, inglés, inglés, porque el niño de pequeño aprende la lengua”, observa la profesora de teatro Bermúdez. Pero critica que no se haga lo mismo con la creatividad. Los niños no están estimulados en este aspecto y “no saben qué hacer cuando pasan a improvisar”. Así que enseña “juegos que realmente aprendan a conocerse, a expresarse con su cuerpo, a trabajar con las emociones”.Los niños rara vez gestan su talento en la escuela

Al final, la profesora contempla toda una explosión de sentimientos. Ahora bien: “No saben qué hacer con el afecto, los chicos no quieren hacer un juego donde se tienen que dar un beso para salvar al otro. También se ponen nerviosos porque no saben qué hacer con el cuerpo del otro cuando los pongo en el suelo a hacerse masajes. Les da miedo porque están acostumbrados a escuchar y tragar”. Aun así, Bermúdez cree que todos tienen condiciones, “únicamente hay que encontrar lo que a cada uno le estimula”.  También, aprecia que los más problemáticos en horas lectivas son los que más talento tienen en su hora de teatro.

Según decían en el colegio, Mariana tenía problemas de atención. Desde que va a taller de arte sus capacidades fluyen más que nunca. Sus padres le han cambiado de francés a clases de manualidades impartidas en la asociación vecinal de su barrio, lo cual parece que incentiva a la pequeña. Eduardo cree que su hija está mejorando su confianza para aprender por su cuenta, y encima, sus obras encantan a todos. La semana pasada terminó de moldear un original búho que servirá de hucha. Lo más positivo, mantiene Eduardo, es que durante ese rato sale todo de ella, de sus manos: “Se expresa con la arcilla, y en casa pasa ilusionada imaginando la próxima figura que creará”.

El reto de estimular la creatividad

La educación escolar, como proceso planificado de aprendizaje,  pretende individuos para el mercado laboral y no tanto el desarrollo íntegro de personas. Bien claro lo tiene el ministro de Educación, José Ignacio Wert: “Los estudiantes no tienen que estudiar lo que quieren, sino lo que es necesario y propicie su empleabilidad”. Entre las concepciones funcionales y tan utilitaristas aparece alguna más romántica.  Al mismo tiempo que la falta de recursos se ve reflejada en prescindir de las supuestamente improductivas actividades, se nota cierta necesidad de expresarse libremente.Muchos pueden hallar y ampliar su talento lejos de aburridas aulas

En este sentido, las artes requieren una gran capacidad creadora pero toda disciplina, incluidas las ciencias, necesitan de creatividad. “El hecho es que se puede ser creativo en cualquier cosa, ―escribe Ken Robinson―: cualquier cosa que requiera inteligencia”. Es más, como el talento “se expresa de forma diferente en cada individuo” se debe ser creativo para buscar cada uno el suyo. Previsiblemente, lejos de aburridas aulas, muchos pueden hallar y ampliar su talento.

El aprendizaje en las escuelas rara vez es libre y espontáneo. Así, se presenta el reto de recuperar y crear formas lúdicas fuera de los centros que motiven la imaginación de una criatura. Un buen ejercicio para ponerla en marcha es la improvisación, afirma la profesora Bermúdez: “Improvisar es dificilísimo, cuando nosotros los mayores vamos a las clases de teatro, tenemos que recuperar el niño para ello. Pero hoy lo estamos perdiendo antes de que crezca”. Ya que el futuro es de los niños, lo más prudente sería dejarlo correr con ilusión.  

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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4Fernan Gonzalez 25/02/2013 | 17:21

Sólo le ha faltado nombrar al sistema educativo de Finlandia para colarnos el mismo rollo ¿de verdad era necesario un artículo para esto?

Por cierto los que tanto anhelan el sistema de Finlandia, que tengan también en cuenta que su nivel de vida incluye ser los terceros productores de petroleo del mundo y un reparto de la riqueza entre cinco millones de habitantes, por lo que las virtudes de sus ingreso no son por su alto nivel intelectual o que alquien me nombre productos novedosos que tengan en
el mercado famosos por su exportación además del petroleo.

Los países nórdicos también tienen un sistema educativo similar pero con estudiantes muy light, así que dejen de soñar en iluminaciones porque la realidad es que en las mejores escuelas del mundo es donde se buscan a los mejores estudiantes y estos lo son porque estudian y le ponen pasión, sin tantas pamplinas.

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3Aldous 25/02/2013 | 15:36

¡¡Me encanta!! Después de 30 años de fracaso educativo basado eso sí en el desarrollo de la autonomía del escolar, y cuando por fin se pone en tela de juicio ese genocidio intelectual que ha sido la Logse, aparecen los [muy bien definidos!] "buenistas" de siempre a cuidar de "lo suyo". Y sin quitar ni poner rey, que por supuesto algo de razón hay en fomentar el desarrollo de la total potencialidad del niño/a/e/u, pretender situar las matemáticas, la lengua, ciencias e idiomas a la misma altura que la Expresión Artística [incluso con mayúsculas la escribo, ¡¡pardiez!!] o la Música, me sigue pareciendo otra astracanada logsiana de primer orden.
Por si no se han enterado, que parece que no, los sistemas de valoración de la calidad de la enseñanza se siguen basando esencialmente en la evaluación de las capacidades matemáticas y linguísticas.
Mención aparte merecen los comentarios acerca de la necesidad de que el niño/a/e/u se exprese libremente en clase... dense una vuelta por un IES para comprobar las magníficas consecuencias de tal ejercicio de autonomía.

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2recover 25/02/2013 | 15:12

Tengo dos hijos a los que les encanta la música y le dedican parte de su tiempo, pero en absoluto estoy de acuerdo con los criterios buenistas del artículo.
Lamentablemente, nuestros hijos están obligados a ser autónomos, a buscarse la vida, a encontrar un hueco en la sociedad, y de ahí la necesidad de contemplar el "utilitarismo" de la educación no como algo negativo sino como algo totalmente necesario.
Seguro que una gran mayoría de los niños de 8 años estarían encantados de seguir sus gustos " hacia donde les lleven", y a mí me parecería muy bien siempre y cuando luego no pidan al resto de la sociedad que subvencione sus gustos o directamente les paque una pensioncita porque no encuentran trabajo "de lo suyo".

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1Esalvador 25/02/2013 | 14:29

Popularmente, se entiende por “Marías” aquellas asignaturas cuya superación no ofrece ninguna dificultad, es decir, aquellas que son fáciles de aprobar; léase Educación Física, Educación Plástica o Música. Son adornos del currículo para sugerir que se persigue una educación integral, pero pocos padres se preocupan si sus hijos tienen en ellas algún problema.
Esto establece una distinción entre asignaturas de primera y segunda categoría que, de alguna manera, también alcanza a sus profesores. Con lo que puede darse el caso de que algunos no se sientan lo suficientemente valorados.
Sin embargo, lejos de sentirse víctimas, todos ellos deberían sentirse agradecidos, porque son unos privilegiados, ya que tienen muchas más opciones de desarrollar una verdadera pedagogía, no condicionada por el utilitarismo y las expectativas de éxito. Tienen la posibilidad de llevar a cabo lo que podríamos llamar una pedagogía aventurera, asentada en el gozo de encaminar el aprendizaje allá donde nos lleve.
http://www.otraspoliticas.com/educacion/el-privilegio-de-impartir-una-maria

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