Domingo, 16 de junio de 2013

"En mi generación teníamos la costumbre de respetar a los mayores"

"En mi generación teníamos la costumbre de respetar a los mayores"
Juan Eslava Galán y Diana Eslava
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“Si se reunieran Rajoy y Rubalcaba en torno a una mesa a comer un buen cocido podrían charlar distendidamente en la sobremesa y pensar un poco más en la gente y menos en su partido”. El escritor Juan Eslava Galán es un defensor de la cultura gastronómica tradicional española y de los valores que trae consigo nuestra cocina. Una costumbre que le vino transferida de su madre y que se ha encargado de regalar por igual a su hija Diana, junto con la cual ha emprendido la tarea de rescatar dicha cultura, perdida según ellos en la sociedad moderna en la que vivimos. “No es que haya un tiempo pasado que fue mejor”, aclara Diana Eslava, “pero sí que hay unos valores familiares muy férreos que intentamos transmitir”.

Ella absorbió de su abuela y de su padre la importancia de los principios de la cocina de antaño: “Antes implicaba sentarse alrededor de la mesa y participar con otros miembros de la familia como tíos y abuelos. Era un espacio de la casa de unión, algo que hoy se está perdiendo”.

El discurso de ambos confunde por un momento: ¿hablamos de los valores de la cocina o de la situación económica de España? Los dos asuntos circulan como líneas paralelas: la gastronomía tradicional resulta ser un estupendo máster en economía en el que prima saber lo que comemos (tema candente en los últimos días), tener siempre reservas que solucionen urgencias imprevistas, prestarle atención y tiempo, establecer diálogo y ser austeros; es decir, reciclar las sobras y no derrochar en lujos.

La tertulia, una más de la familia

Diana recuerda su niñez siempre en familia y en especial destaca lo aprendido en la época estival en Arjona, el pueblo natal de su padre: “Siempre hemos pasado los veranos todos juntos con los abuelos y tíos. Cada uno de ellos me ha transmitido algo que me gustaría trasladar a mis hijos: es muy importante que conozcan a sus abuelos de verdad, crecer con ellos”. Considera que los niños de hoy pasan demasiado tiempo “con sus maquinitas” y se aíslan, mientras que durante su infancia “estábamos acostumbrados a formar parte de las tertulias familiares, aunque no entendiéramos nada de lo que se decía”.Hay que hacer el esfuerzo de sentarse a la mesa sin el televisor y charlar en familia

Diana invita a echar vista atrás para no olvidar algunos principios que hace unos años estaban generalizados: “Los de mi generación respetan a los mayores y se alegran de haber vivido esto; sin embargo, a las generaciones futuras les va a faltar algo cuando miren atrás y vean que no han podido disfrutar de sus padres o abuelos”. El apoyo familiar es esencial para la educación de los hijos según esta licenciada en Derecho.

La vida moderna y el progreso no son incompatibles con las buenas costumbres de la familia tradicional, estiman ambos, aunque sí que proponen una adaptación a conciencia y hacer el esfuerzo de sentarse a la mesa sin el televisor y charlar en familia, aunque uno llegue cansado, porque lo más fácil es mirar al plato, comer en cinco minutos y marcharte a hacer lo que quieres”.

Volver a los fogones

Eslava Galán retrocede hasta los años 50-60 de España para encontrar razones de la pérdida de estas costumbres: “Aquí hubo una generación que emigró del campo a la ciudad y le dio la espalda a las tradiciones del campo, incluido un recetario que forma parte de nuestra cultura y tiene que ver con cómo nos relacionamos entre nosotros”.

Padre e hija acaban de publicar un libro que trata de recuperar los platos de nuestras abuelas, la de Diana en concreto, “más baratos” que la “cocina falseada” que está de moda, según explican. El escritor considera que “tenemos que adaptarnos a las circunstancias de la crisis”, abandonar “esa cocina poco elaborada, pero cara, que se hace hoy y volver a los fogones”.

Cocina sin tonterías va más allá de las recetas y recoge esa cultura gastronómica castiza. Las tonterías son, para los Eslava, dar la espalda a lo verdadero, olvidar lo esencial o disfrazar los alimentos con sabores que engañan. Para el escritor jienense, el ejemplo de esa cocina falseada es “la deconstrucción de una tortilla de patatas que se toma con cuchara en una copa” o “una uva que al romperse en la boca lo que contiene es una aceituna”.

Sin embargo, ambos reconocen otra moda que se ha impuesto “porque las circunstancias nos obligan”, la cocina retro. La difícil situación por la que están pasando muchas familias se está imponiendo. Es una moda, sí, pero es lo verdadero, dice Eslava Galán.  

La cocina sin valores es un plato preparado al que no aportamos nadaLa cocina sin valores es, por ejemplo, ese plato que calentamos en el microondas y al que no aportamos nada, dice el autor. Sin perder su carácter de escritor de novela histórica, ha pincelado esta última obra con anécdotas sobre la relación de algunos personajes de la historia de España con la comida. Y con respecto a los que protagonizan la actualidad también tiene su recomendación. Apenas duda cuando se le pregunta a quién le dedicaría un plato sin valores: “No se lo daría a nadie, aunque hay gente que se lo merece, como los que se llevan el dinero a Suiza. Sin embargo, yo le haría buenos platos a los políticos de uno y otro signo, para ver si se deciden a reunirse y compartir un buen cocido para pensar en el país y no en su partido”.

Mano a mano, padre e hija, acostumbran a cocinar juntos y defienden esta buena práctica como forma de perpetuar el vínculo paterno-filial. Según lo explican, parece más una suerte de terapia familiar. En resumen: promueve la colaboración y el trabajo en equipo y fomenta el debate. También genera controversias, dicen, pero de las que no llegan muy lejos y se olvidan en cuanto nos sentamos a mover el bigote.
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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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4pepitoforero 20/02/2013 | 18:26

#3 Lo de tratar de vd al padre afortunadamente se perdió porque se tomaba
totalmente en serio, en la familia tradicional de hasta hace bien poco
las madres eran un cero a la izquierda, el papel del patriarca era despótico
y tiránico hacia los hijos.
El caso que usted cuenta es una "simpática excepción", lo más normal es
que como mínimo en la cena de nochebuena el patriarca pusiera un revólver
encima de la mesa. En los años 70 los jóvenes salíamos pitando de casa,
no era agradable vivir con un clon de Franco como padre.
Los hijos que hemos sufrido a estos tiranos hemos creado familias más
igualitarias en las que los nietos se resisten a visitar a los abuelos
por mucho que nos chantajeen con la dichosa herencia.

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3quisquilla 20/02/2013 | 17:31

Hace poco estuve comiendo en un pueblo de la Castilla profunda y el hijo cincuentón trataba de vd. a su padre setentón.

Entre ellos habia una gran confianza pero los modales eran rigurosos. Les comenté mi extrañeza y los dos se rieron como camaradas. Con eso me bastó.

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2goepri 20/02/2013 | 16:41

Efectivamente ademas de ser un buen escritor,es un gran gastronomo,ya que disfruta de la comida,yo he podido compartir un plato de callos con garbanzos a las 12 de la noche,y daba gusto verlo comer.

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1alacant40 20/02/2013 | 10:49

Soy un lector asiduo de los libros de Eslava Galán , ya que trata los diarios problemas con bastante ironía y mucho humor ,aunque en algunos de ellos se pase un poco . Pero donde gana muchos enteros [por lo menos desde mi punto de vista ] es en sus comparecencias públicas ,como presentación de sus obras ... y sobre todo en el debate posterior ;ya que no rehuye ninguna de las preguntas que se le hace y da unas respuestas sencillas que todo el mundo puede comprender...no va de "figura " sino que transmite calidez humana y bonhomía

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