Empezar por la fruta, en lugar de dejarla para el final de la comida, es la forma más eficaz para controlarnos durante una comida, sobre todo cuando nos encontramos en un bufé libre o restaurante. Así lo concluye un estudio llevado a cabo por nutricionistas de la universidad de Cornell y publicado en la revista científica PLoS ONE. Según sus resultados, las personas que siguen esta regla consumen un tercio menos de alimentos ricos en grasas que la media y muestran una mayor aversión por la comida basura. Una estrategia que es eficaz en un 85% de los casos.

La tentación por la comida menos saludable representa una de las mayores dificultades a la hora de consumar una dieta. Los mejores aliados para no romper antes de tiempo con el régimen son pues las frutas, pero también los yogures o un simple vaso de leche, siempre y cuando se coman en primer lugar. Los participantes en el estudio que así lo hicieron se inclinaron mucho más por los alimentos saludables que por los grasos o fritos, por lo que ingirieron menos calorías. Se trata de lo que los nutricionistas denominan el “efecto disparo”.

Las posibilidades de acabar una dieta se duplicanLos autores de la investigación, Brian Wansink y Andrew Hanks, partieron del dato de que más de dos terceras partes de las personas que siguen una dieta la rompen antes de llegar a su final. Sin embargo, adoptando esta sencilla estrategia, las posibilidades de conseguir el objetivo del régimen se duplicaron.

La colocación de la comida también influye

El estudio también llega a la conclusión de que la colación de los alimentos, y no sólo el orden en el que se consumen, influye enormemente a la hora de comer más o menos, cuando se trata de un bufé libre en el que los platos están dispuestos en varias mesas. Si a nuestro lado tenemos alimentos más ricos en grasas, tenderemos a seguir consumiendo más comida con estas mismas características. Si por el contrario nos colocamos más cerca de la fruta y otros alimentos con pocas grasas, nos seguiremos inclinando por este tipo de comida durante el resto de la comida.

Para llevar a cabo esta investigación, los autores estudiaron las reacciones de más de un centenar de personas a las que se las invitó a un bufé libre y pusieron dos grandes mesas, ambas con dos líneas de platos. En una de ellas se colocaron frutas, yogures, queso y huevos, mientras que en la otra se pusieron alimentos grasos y comida basura. Los investigadores los sentaron al azar, y después del primer plato se les dijo que se cambiasen de lado. El resultado fue que los que empezaron comiendo la comida menos grasienta saciaron antes su apetito.