¿Estamos asistiendo al declive del sexo masculino, tal y como afirma Hanna Rosin en su controvertido libro El fin de los hombres? Según otra de las grandes autoras estadounidenses sobre cuestiones de género, Rosalind Wiseman, es incorrecto hablar del fin de la masculinidad, en cuanto que es un concepto simplificador que nos hace olvidarnos de la gran cantidad de dificultades, problemas y ansiedades que los jóvenes han de afrontar en el siglo XXI. Por eso, las reglas han cambiado para todos, tal como explica la autora en su reciente trabajo Masterminds and Wingmen: Helping our Boys with Schoolyard Power, Locker-Room Tests, Girlfriends and the New Rules of Boy World (Harmony).

La gran dificultad de la que derivan un gran número de los problemas de la juventud actual es, precisamente, el tópico que indica que los chicos lo tienen mucho más fácil que las chicas puesto que la presión social es menor en ellos. Se piensa que sus relaciones de amistad y de familia son más sencillas, que no se atormentan tanto por su imagen y que sus jerarquías son menos rígidas. En definitiva, los chicos lo tienen todo fácil y las chicas, todo mucho más difícil.

El universo masculino se rige por unas nuevas reglas que los padres desconocenSegún Wiseman, todo ello es falso: que no hablen de ello en voz alta no significa que no tengan dudas o problemas, y de hecho, el cliché de que los chicos tienen sentimientos más sencillos provoca una espiral del silencio que no hace más que reforzar dicho tópico. Como indica el resumen del libro, el universo de los chicos es uno en el que pedir ayuda o mostrar dolor emocional es virtualmente imposible.

Líderes manipuladores, compañeros fieles

Wiseman saltó a la fama a comienzos de la pasada década tras la publicación de Queen Bees and Wannabes: Helping Your Daughter Survive Cliques, Gossip, Boyfriends and the New Realities of Girl World (Three Rivers), el equivalente femenino de este último trabajo y la inspiración de Chicas malas (Mean Girls, Mark S. Waters, 2004), aquella película en la que Lindsey Lohan y Rachel McAdams peleaban por ser la chica más popular del instituto. Eran las abejas reinas del título, envidiadas por las “quiero y no puedo”; en esta ocasión, los chicos se dividen entre las mentes maestras y los hombres de confianza (o “wingmen”).

Nos pedís que creamos en un sistema que vosotros mismos no os creéis, os estáis engañandoTras un proceso de seis meses en el que Wiseman ha trabajado codo con codo con 150 jóvenes, procedentes de clases sociales y localizaciones geográficas muy diferentes, la autora los dividió en dos categorías, según adopten un papel protagonista o un papel secundario, cuyos roles son muy diferentes a los que normalmente hemos pensado. Ese “wingman” es mucho más práctico de lo que parece, y no se trata tanto del compañero fiel del chico como del amigo que ayuda al joven a ligar porque es más lanzado o atrae a las chicas. Es más, la Wikipedia define dicha figura como “el rol que una persona adopta cuando ha de ayudar a alguien a acercarse a potenciales parejas”. Por otro lado se encuentran las mentes maestras, los cabecillas del universo masculino, donde la jerarquía sigue siendo lo más importante.

El campo de batalla que es el patio del instituto está dominado por una serie de reglas que los padres desconocen en la mayor parte de los casos. Una de las más importantes es que hay que esconder los problemas a los adultos, puesto que su participación sólo puede empeorar las cosas. Ello se traduce en el rechazo a algunas situaciones que en apariencia no deberían ser problemáticas, como es el hecho de que los padres acudan al centro escolar a recoger a sus retoños o acosarlos a base de baterías interminables de preguntas, que pueden ser muy estresantes para estos.

Cinismo, mentiras y poder

El libro se constituye como una útil guía para el padre contemporáneo, no únicamente el estadounidense. Uno de los problemas más graves que sufren los jóvenes del siglo XXI es que tienen unos modelos personales con los que resulta complicado identificarse y que, de hecho, suelen exigir de sus descendientes aquello que ellos mismos rechazan. Como señalaba la autora en una entrevista en Salon, algunos niños le decían “nos pedís que creamos y que participemos en un sistema que vosotros mismos no os creéis. Os estáis engañando a vosotros mismos”. En opinión de la autora, los jóvenes son más cínicos que nunca, puesto que observan la hipocresía de los adultos y la reproducen, lo que en muchas ocasiones acaba con sus sueños o su motivación.

La autora recuerda que la mentira es parte esencial del universo de los adolescentes y que lo importante no es si estos mienten o no (puesto que lo más probable es que lo hagan), sino la motivación que puede haber detrás de dicho comportamiento. “No me había dado cuenta de lo compleja que es la mentira en el mundo de los chicos”, reconoce la autora. “Si no entendemos por qué lo hacen, no podemos transmitir los valores que queremos”.

En cualquier caso, los hombres se sienten más desvalidos que nunca, sólo que no lo confiesan, conscientes de que ello podría empeorar su posición. La autora señala que si se preguntase a un joven de noveno grado, es decir, de unos quince años, quién es más poderoso, si él o la chica de su edad que ya ha pegado el estirón, “la mayoría se reiría en tu cara”. La respuesta está clara: ellas.

El mundo masculino está marcado por los insultos constantes. En la mayor parte de casos, puros vaciles, una manera de establecer intimidad con sus compañeros; pero otras veces, una forma de demostrar quién manda y, en los casos extremos, el inicio del bullying. ¿La consigna? No abrir nunca la boca ante ninguno de estos comportamientos, lo que da lugar a un código de silencio que hace que la frontera que separa lo permisible de lo inaceptable desaparezca.

Ligando en el patio del instituto en el año 2013

¿Cómo ha marcado a los jóvenes la ya célebre cultura del polvo? Como mantienen muchos expertos, de manera conflictiva. Los nuevos roles parecen ser contradictorios, y confunden a ambos sexos por igual: los chicos no son sacos de hormonas que lo único que quieren es acostarse con la más guapa del instituto, y además, tienen serios problemas para identificar el interés que sus compañeras puedan sentir hacia ellos… Y, como es habitual, no se atreven a preguntarle a los mayores, aunque sí a sus amigos.

Los chicos y las chicas deben relacionarse o de lo contrario sólo habrá más confusiónUno de los mitos que Wiseman niega es que sean los chicos más altos en la jerarquía social los que más ligan. Lo que funciona a la hora de establecer relaciones, realmente, es el grupo de amigos, y pasar una gran cantidad de tiempo con las mismas personas. Si formas parte de una pequeña comunidad donde conocer a personas de otro sexo y ganarte su confianza, triunfarás, pero si no es así, lo tendrás muy difícil, por muy popular que seas, sugiere la autora. ¿Un último consejo? Que lo más sano es que los chicos tengan amigas y viceversa: crear compartimentos estancos sólo provoca más incomprensión entre ambos sexos. Quizá Rosin estaría de acuerdo con ello, en cuanto que siempre ha mantenido que el futuro del hombre es parecerse cada vez más a las mujeres.