En 1973, un libro revolucionó el mercado editorial anglosajón casi en la misma medida en que lo ha hecho 50 sombras de Grey (Grijalbo). En My Secret Garden (“Mi jardín secreto”), Nancy Friday explicaba cuáles eran las fantasías sexuales más comunes de las mujeres de su época, tras llevar a cabo un gran número de entrevistas personales, enojada después de que un editor rechazase una de sus novelas en las que una mujer refería una fantasía sexual. Eran tiempos en los que un artículo de Cosmopolitan recordaba que “las mujeres no tienen fantasías sexuales, punto. Los hombres sí”, pero también, los años de la revolución sexual y del auge de la industria del porno.

El libro significó todo un hito en cuanto que recordó a muchos hombres que ellas también tienen fantasías, y permitió a muchas mujeres darse cuenta de que su imaginación no tenía nada de especial, ya que sus fantasías eran compartidas por otras compañeras del mismo sexo, por lo que no debían tener miedo a manifestarlas en voz alta. ¿Cuáles eran las fantasías más repetidas entre las mujeres americanas de comienzos de los setenta? Muchas de ellas tiene bastante que ver con la que se han reportado durante los últimos años, a saber: dominación, sadomasoquismo, sexo con desconocidos, jóvenes, hombres de raza negra, fetiches, transgresión y las algo más polémicas fantasías de violación, incesto o prostitución.

Una de las preguntas más habituales entre las mujeres es '¿soy normal?'Ahora, 40 años después de la publicación del ensayo, y aprovechando (por qué no) el tirón de la célebre trilogía de E.L. James, Emily Dubberley, editora de la página web de educación sexual Cliterati, ha intentado repetir la fórmula de Sunday en Garden of Desires: the Evolution of Women’s Sexual Fantasies, que editará en septiembre Black Lace, y que explica de qué manera han evolucionado los deseos de las mujeres desde los setenta. El procedimiento es muy similar al del libro de Sunday, puesto que para su realización, Dubberley ha llevado a cabo un gran número de entrevistas con cientos de mujeres de todas las edades.

Como recordaba la autora en una entrevista con The Telegraph, “en los 12 años que he trabajado como escritora sobre el sexo, una de las preguntas más habituales entre las mujeres es ‘¿soy normal?’” En su opinión, Sunday contribuyó a hacer desaparecer esa idea de la “normalidad” y a que las mujeres comprendiesen que “la diversidad es algo que debe fomentarse y celebrarse”. El objetivo principal de Dubberley ha sido “llamar la atención sobre la existencia de las fantasías femeninas y recordar a las mujeres que la idea de que tienen una vida sexual privada es una libertad muy reciente, y no algo que deba darse por hecho o ser ocultado bajo la alfombra”.

¿Cuál es la diferencia entre los años setenta y el momento actual? Aunque un gran número de las fantasías se repiten –al fin y al cabo, no ha pasado tanto tiempo–, otras tantas indican un nuevo auge de la llamada “variabilidad de género”, es decir, la transgresión de los estereotipos de género asignados de manera cultural. Sin embargo, las fantasías zoofílicas que aparecían de manera más frecuente en el libro de Sunday parecen haber desaparecido casi por completo.

Dubberley ha identificado más de 200 tipos de situaciones imaginadas por las mujeres, pero que ha agrupado en cinco grupos que las hacen más digeribles para las que las tienen, puesto que dicha generalización (por ejemplo, el de las fantasías de violación como sumisión) permite identificar lo que tienen en común con otras fantasías y darle menos importancia a los aspectos controvertidos de estas. ¿Cuáles son?

Fantasías de sumisión

Christian Grey, Anastasia Steele, 50 sombras de Grey, esposas para las manos y vendas para los ojos. No hace falta decir nada más, ¿verdad? Quizá sí, puesto que esta categoría no se refiere únicamente al sadomasoquismo y a los juegos de maestro y esclava, sino una amplia variedad de comportamientos en las que la mujer está supeditada al hombre y, por eso mismo, puede conllevar ciertas implicaciones (machistas) con las que muchas pueden no sentirse a gusto. Por eso, este tipo de fantasías han sido motivo de debate en ciertos círculos feministas, en cuanto que perpetuaría el tópico del hombre dominador y la mujer sumisa. También en este grupo se clasificarían las fantasías más transgresoras e inconfesables, como la de ser violada (que muchas veces se lleva a la práctica en un juego de roles consentido por ambos miembros de la pareja). Por supuesto, la sumisión no tiene por qué ser únicamente física, sino que también puede ser psicológica o emocional.

Fantasías de dominación

La otra cara de la moneda de las fantasías de sumisión. En este caso es la mujer la que adopta la posición activa, ya sea armada con un látigo y unas esposas, ya sea simplemente tomando la iniciativa en la cama y decidiendo lo que se va a hacer. Se trata de una de las más populares, puesto que un tercio de las mujeres manifestaban haber tenido una así semejante en algún momento de su vida. Muchas veces, se trata de una simple inversión de los roles tradicionales en los que el hombre es el que da el primer paso y somete a la mujer a hacer lo que él desea. Infligir dolor no es imprescindible, aunque Dubberley señala que se trata de un deseo más frecuente de lo que podríamos pensar. Dentro de este grupo se engloban también las fantasías de ser infiel a la pareja.

Exhibicionismo y voyeurismo

En definitiva, ser vista y mirar, la fantasía más frecuente de todas las recogidas en el libro (aunque, al mismo tiempo, una de las más complicadas de llevar a cabo, al menos en lo que se refiere al exhibicionismo). No se trata únicamente de irse a retozar al parque con la esperanza de que un despistado te pille en plena faena, sino también en dejar la ventana abierta para que el vecino eche una miradita furtiva o, simplemente, dejar la ventana abierta para que todo el bloque se entere de lo que estás haciendo. Esta fantasía explicaría el auge de las páginas web dedicadas a mostrar fotografías explícitas o las retransmisiones por webcam del acto sexual de parejas amateur. Un mecanismo que satisface tanto al exhibicionista como al voyeur.

Sexo en grupo

Donde caben dos, caben tres, reza el dicho popular. Este tipo de fantasías suelen solaparse con las de dominación y sumisión, ya que es común que aparezcan juntas (como bien ilustró Stanley Kubrick en la secuencia de la orgía de Eyes Wide Shut). Hay dos factores que influyen en este tipo de imaginación: el anonimato (como ocurre con el caso del sexo con un desconocido) y la novedad (mantener relaciones con alguien completamente nuevo, por lo que las fantasías con otras mujeres tienen bastante en común con esta categoría).

Un amante

La última de las categorías es la de las llamadas “partners fantasies”, consistentes, básicamente, en tener una persona dedicada exclusivamente a ti de manera sexual, y que puede ser incluso tu propia pareja. Puede sonar poco excitante, pero al fin y al cabo, se trata de algo que está al alcance de todo el mundo. Aunque no tanto sus variantes, como son mantener una relación sexual con un famoso, un amante, un amigo o un compañero de trabajo.