Virginia Colin es una británica de 63 años que ha decidido que la herencia no debe ser una cosa post mortem y, en consecuencia, le va a dar a su hija 20.000 dólares (cerca de 15.000 euros). “Planeo darle a mi hija pronto 20.000 dólares; podría esperar a morir, pero creo que ahora es mejor momento”, ha afirmado esta mujer, cuya visión de las posesiones materiales cambió radicalmente a raíz de la enfermedad que padeció su madre.

Tal y como ha afirmado la propia Colin, la muerte de su madre, consecuencia de un largo alzheimer, le hizo reflexionar acerca de cómo planeamos la vida, y de si nuestras estrategias tienen sentido. “Mi madre murió con setenta y tantos años, y yo recibí una buena herencia, pero cuando ya no la necesitaba”, explica la británica, que reconoce que ese dinero le habría venido mucho mejor algunos años antes, cuando era una madre soltera que luchaba por sacar adelante a sus dos hijas. Esta experiencia ha modificado su opinión, y ahora Colin cree que dejar el dinero a la descendencia después de la muerte no es la mejor opción.

Por muchas implicaciones emocionales que la herencia tenga, no deja de tratarse de un asunto financieroEstemos de acuerdo o no con las maneras tradicionales de hacerlo, todos pensamos en dejar algo en herencia a nuestra prole. De hecho, un reciente estudio de US Trust ha demostrado que la mayoría de las personas del primer mundo consideran muy importante dejar una herencia de algún tipo. El 64% de los encuestados que tenían entre 49 y 67 años, y el 72% de los que superaban los 68 años, declaraba que uno de sus objetivos era dejar dinero a la siguiente generación. Por otra parte, más de la mitad contaban que proveían de significativa ayuda financiera a sus hijos adultos, tal y como planea Colin: su hija comprará una vivienda familiar gracias al dinero recibido.

“Les estaré ayudando cuando más lo necesitan”, dice Colin, alegre de ayudar a su hija a adquirir una nueva casa. “Es un gran regalo en el mejor momento”.

¿Cómo de positivo es ceder nuestros bienes antes de morir? La práctica, aunque infrecuente, no parece disparatada pero, como todo, tiene ventajas e inconvenientes que no debemos obviar. Aunque, como es evidente, lo que al final se impone es la preferencia de cada cual, los pros y contras tanto financieros como emotivos a tener en cuenta no son peccata minuta si nos estamos planteando dejar nuestra herencia antes de tiempo.

Ventajas de ofrecer la herencia antes de morir

1. Hay beneficios financieros

Si uno hace una donación en vida, ese dinero no será expuesto más que a las retenciones que a cada cual le correspondan anualmente, pero no se verá afectado por las cuotas a pagar cuando uno hereda tras la muerte de un ser querido, que son altas y engorrosas. A nivel burocrático y financiero, una donación en vida resulta mucho más sencilla y beneficiosa.

2. Somos testigos de las consecuencias de nuestro regalo

Siempre que la comodidad de nuestra vejez esté asegurada, es un placer regalar el dinero a los hijos en vida y poder disfrutar de sus consecuencias: ver cómo tus nietos pueden ir a la universidad que desean, comprobar que mejora notablemente la casa en la que viven o presenciar la felicidad de los viajes que hacen juntos.

Una herencia en vida tiene todas las ventajas de hacer un gran regalo, y puede ser tan beneficioso para el que la recibe como para el que la otorga. Si esperamos a morirnos, no obstante, es complicado que disfrutemos del dinero cedido y, por su parte, los parientes tampoco lo sentirán como un regalo: el dolor de la pérdida suele anular cualquier beneficio que la herencia nos concede.

Desventajas de una herencia prematura

1. Puede ocasionarnos problemas a nosotros

Es un deseo normal y muy humano el de querer ayudar a los seres queridos. Pero, a menudo, la mejor forma de contribuir al bienestar de los demás es gestionar autónomamente el nuestro, de modo que no seamos una carga o una preocupación para nadie. Si dejar la herencia a nuestros hijos antes de morir va a hacer descender muy significativamente nuestra calidad de vida, tal vez sea mejor no impacientarse. La regla es la misma que en los aviones: garantiza tu propia seguridad antes de ayudar a los demás.

2. La temprana repartición puede desencadenar el drama familiar

A veces no ser testigo de lo que acontece después es una ventaja: las peleas familiares por motivos de herencia son más que frecuentes, y ningún padre quiere ser testigo de ellas.

Además, en caso de que cedamos nuestra herencia antes de tiempo, debemos pensar muy bien de qué manera lo haremos, qué regalaremos y si nuestros bienes quedan bien repartidos, pues muchos familiares pueden sentirse ofendidos o dejados de lado. ¿Qué pasa, por ejemplo, si decidimos pagar la universidad de los nietos, pero unos acuden a la privada y otros a la pública? ¿Es eso justo? Y, además, ¿dónde hacemos el corte? Ese nieto de tu hermana, tan querido por ti, ¿no se merece una parte? Sin embargo, no puedes proveer a todos los nietos de todos tus hermanos…

La repartición en vida puede ser muy complicada, y requiere de una sopesada reflexión. Por supuesto, influye notablemente el número de hijos y de bienes que se tengan: la decisión puede ser muy compleja o increíblemente sencilla.

Al final, como recomiendan la mayoría de los abogados y economistas que se han visto envueltos en estas cuestiones, lo mejor es pedir consejo. No debemos olvidar que, por muchas implicaciones emocionales que la herencia tenga, no deja de tratarse de un complicado asunto financiero. La ayuda de un profesional nunca estará demás si queremos que la repartición resulte una operación exitosa