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NO TRABAJES DE MÁS

Di no al escaqueo: cómo lidiar con un compañero incompetente

A lo largo de nuestra historia laboral todos nos hemos encontrado con el típico colega que no da palo al agua y al que no es fácil convencer para trabajar
Foto: Creed Bratton, el responsable de control de calidad de la compañía Dunder Miflin, de la serie The Office, es el prototipo de empleado incompetente. (NBC)
Creed Bratton, el responsable de control de calidad de la compañía Dunder Miflin, de la serie The Office, es el prototipo de empleado incompetente. (NBC)

A lo largo de nuestra historia laboral todos nos hemos encontrado con el típico compañero que no da palo al agua. Casi todas las oficinas tienen alguien que se escaquea de sus tareas, escurre el bulto a la mínima de cambio y espera que su trabajo, simplemente, lo hagan otros. Pero, además de los escaqueadores natos, hay personas que, sencillamente, no realizan su trabajo todo lo bien que debieran: son lentas, imprecisas, no tienen iniciativa, no se esfuerzan… Si trabajamos codo con codo con alguno de estos individuos el resultado es siempre el mismo, de una u otra forma acabaremos haciendo su trabajo.

Ante una situación como esta muchas personas se conforman con esperar a que algún supervisor se dé cuenta de la situación y tome medidas para solucionarla. El problema es que ese momento puede no llegar nunca y si no tomamos cartas en el asunto lo más probable es que la situación se agrave.

La mejor manera de que un compañero incompetente deje de hacernos la vida (laboral) imposible es hablar con él cara a cara para lograr que mejore en la realización de sus tareas o, al menos, no moleste. Muchas veces pensamos que si no hemos atajado el problema a tiempo no merece la pena crear una situación tensa reprendiendo a nuestro compañero, pero si no lo hacemos el escenario puede ser aún peor.

Cogiendo el toro por los cuernos

Uno de los mayores especialistas en gestión del  liderazgo y entrenamiento corporativo, Kerry Patterson, asegura que, pese a que el 93% de los empleados reconocen que trabajan con gente que no realiza sus tareas como debiera, sólo el 10% habla con sus compañeros para que la situación mejore. Y esto hace que los trabajadores que sí realizan correctamente su trabajo empeñen, de media, entre cuatro y seis horas a la semana a realizar tareas que no les corresponden.

Patterson tiene claro que la mayoría de estos conflictos laborales se solucionaría si los afectados fueran capaces de atajar el problema de forma directa y profesional, hablando sin tapujos con sus compañeros incompetentes. Para ello propone una serie de consejos.

1. No esperes a estar harto

Los problemas con un compañero que no hace las tareas como debería suelen alargarse en el tiempo pero no reprendemos a nuestro colega hasta que estamos hartos de su actitud. Esto suele ocurrir en momentos de tensión en los que nuestra reacción puede parecer desproporcionada, justo lo contrario de lo que necesitamos.

2. No sorprendas a tu compañero

Si tratas de reprender a tu colega cuando cometa un error estará menos dispuesto a reconocer su actitud o tratar de mejorarla, más aún si la reprimenda es agresiva. Simplemente se limitará a intentar que no le pilles en un renuncio. Trata de abordar la cuestión en privado, de forma relajada y honesta y sin que la conversación se encrespe.

3. No saques conclusiones precipitadas

Dice el refrán “piensa mal y acertarás”, pero en este caso debemos hacer todo lo contrario. Las razones por las que nuestro compañero no realiza correctamente su labor pueden ser múltiples. Quizás su comportamiento tiene una explicación y puede solucionarse con algo de ayuda. Dedica un tiempo a hablar con tu colega en privado, sin realizar juicios previos, y comparte tu opinión sobre el conflicto sin menospreciar la suya.

4. Primero ve a lo general, luego a lo concreto

Atacar a tu compañero con una lista de todas las cosas que hace mal puede hacer que se vea abrumado y no muestre interés por cambiar su actitud. En vez de eso trata de buscar los motivos por los que, en general, trabaja lento, hace las tareas mal o trata de evadir sus obligaciones. Si esto no funciona, tendrás que recurrir a ejemplos concretos, para que se dé cuenta de cada cosa que hace mal y las vaya solucionando poco a poco.

5. Busca un acuerdo

En ocasiones es muy difícil que logremos cambiar la actitud de un compañero incompetente. Si todo lo anterior no ha dado resultado, lo más sencillo es alcanzar un acuerdo que solucione el problema en lo que a nosotros nos compete. Si, por ejemplo, estás harto de que todas las semanas te toque hacer una tarea que no te corresponde negocia para que tu compañero acepte hacerla. Su actitud puede seguir siendo poco adecuada, pero al menos has logrado quitar un problema de tu lista. 

Alma, Corazón, Vida
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#6
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Pues no se puede imaginar el alivio que siento al saber que ya no se encuentra entre las tenazas de ningún psicópata HP...

 

Lo que lamento es que, con 52 años, se encuentre en paro...

En mi caso, también; desde hace sólo 3 meses; aunque tengo 56 y es una prejubilación de esas tan normales en banca.

 

Tampoco yo echo de menos mi trabajo... Tengo la impresión de que, de haber sido distinto, tampoco; porque -vocaciones aparte- creo que todos son tóxicos...

 

...Por eso, después de 3 meses fuera de ese ambiente, creo que la postura del escaqueador profesional es de lo más lícita: intentarlo, conseguirlo y mantenerse sin dar palo al agua, año tras año...

 

En mis tiempos de universitario (a partir de 1974: tiempos franquistas), la mayoría éramos muy rojeras y se decía aquello de que el capital se apropiaba de nuestra plusvalía...(algo así como lo de que l'Espanya ens roba del independentismo catalán de ahora). La del escaqueador, no les compensaría demasiado: incluso, probablemente, les cuesta mucho dinero, aunque sólo fuera como coste de oportunidad (que queda muy fino).

 

El escaqueador es el mejor adaptado a ese ambiente hostil y desnaturalizado que supone dedicar media vida a algo que es ajeno a ti; aunque, a cambio, te permita sobrevivir...

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#5
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Muchas gracias por su apoyo. Mi comentario no iba contra el suyo, ni mucho menos. Sólo quería hacer incapié en que, a veces, tras el sambenito de "escaqueador" hay una situación infernal de acoso laboral. El mío, gracias a Dios, ya se acabó. La empresa se vendió y nos fuimos todos a la calle. A mis 52 años es la primera vez que estoy en el paro (trabajando desde los 19) y casi me da vergüenza decirlo, pero debo de ser la parada más feliz de España. Quisiera preocuparme por el futuro, pero no puedo. Es tanto el alivio por haber dejado todo aquello atrás, que me puede la felicidad. El sólo hecho de irme por las noches a la cama sabiendo que al día siguiente no me espera ningún follón, que no voy a tener que apretar los dientes (porque si la respondía era peor, ella disfrutaba de verme fuera de quicio y tomaba nota de qué era lo que lo había provocado, para usarlo más veces), ni voy a volver del trabajo por la tarde con unos dolores de estómago que tenga que meterme en la cama el resto del día (me dá que estaba incubando una úlcera) ya me hace inmensamente feliz. A veces aún me despierto a las 7 y al ver la hora en el despertador me hundo, luego recuerdo que no tengo que ir a la empresa y me doy vuelta riéndome, feliz como una cría.

En cuanto a mi salud que, efectivamente, se resintío mucho, ya estoy como nueva. Los dolores de estómago, de espalda, de mandíbula, todos han desaparecido. He vuelto a dormir toda la noche de un tirón y las dos veces que me han revisado la tensión la tenía perfecta, ¡incluso un poco baja! (casi no me lo creí cuando me lo dijo la enfermera). En fín, que todo pasó, y que después de haberlo pasado tan mal no le tengo miedo a nada. Nada puede ser peor. Ud., que también ha pasado por ello, sabe por qué lo digo.

De nuevo muchas gracias por su comentario, y ahora le dejo, que hace un día precioso y me voy un rato a la playa. A disfrutar que es domingo, ¡y un domingo auténtico, no como aquellos los otros en que a las 5 de la tarde ya me empezaba  a deprimir pensando en lo que me esperaba el lunes! Saludos.

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#4
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De verdad que lo siento. Lo siento muchísimo, luisaalv. Y no es una simple frase de cortesía y empatía, no... A mí también me ha pasado (trabajé más de 38 años continuados en una entidad financiera) y sé lo mal que se pasa... por experiencia propia.

 

Yo me refería al escaqueador habitual, medio, clásico...

 

Lo tuyo (lo que está haciendo contigo tu jefe) no es escaqueo. Lo tuyo es mucho más grave. Lo tuyo es un delito. En inglés: mobbing. En español: acoso laboral. En cristiano: es un auténtico HP; tus "compañeros", también.

 

En mi trabajo había una buena salida: como son tantas las sucursales y departamentos, era fácil pedir el traslado y que te lo dieran. A veces, no. Pero tampoco duraba nadie (ni torturador ni víctima) mucho en el mismo destino (es algo habitual en los bancos).

 

Así no se puede estar mucho tiempo... Tu salud es lo más importante. No sé si lo habrás puesto en conocimiento del sindicato de tu gusto; tampoco si lo has consultado con tu médico de cabecera... ¡Ojalá lo soluciones cuanto antes!

 

Tu jefe no es un escaqueador; sólo es cobarde HP...

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#3
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Me hacen gracia estos artículos llenos de "buenismo" en los que todos los problemas de las oficinas se arreglan con diálogo y buena voluntad. Bueno, pues voy a poner mi piedrecita en las ruedas de la máquina:

¿Qué pasa cuando quien se escaquea es tu superior inmediato, y después de obligarte a hacer el 65% y hasta el 70% de su trabajo, aún te monta un pitote diario para que todo el mundo la oiga decir que no haces nada y que sólo sirves para aumentar su trabajo? ¿Qué pasa cuando al jefe ni está ni se le espera y cuando está no quiere problemas, con lo cual la deja las manos libres para hacer lo que quiera, mientras la oficina funcione y no se le moleste? ¿Qué pasa cuando el resto de los empleados miran para otra parte, aliviados de que te toque a tí y no a ellos?

Sólo le digo ésto: Ojalá mi subjefa hubiese sido como ese de la foto.

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#2
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Mi más profunda y sincera admiración al escaqueador profesional.

 

Reconozco que siempre fue superior a mis fuerzas... Que no podía evitar sentir un profundo y visceral rechazo y asqueo. En cuanto lo descubría, creía que era casi una misión divina: desenmascararlo, ponerlo en evidencia, obligarle a trabajar como cualquier otro hijo de vecino.

 

¿Cuál es el derecho del preso? (sobre todo, si lo está injustamente) ¡Fugarse! ¿A cuántos nos gusta nuestro trabajo? ¿Cuántos disfrutan con su trabajo? ¡Pocos! Pues, entonces, escaquearse es un derecho y -casi- una obligación... Al fin y al cabo, el jefe manda. Y si el jefe ni lo ve ni lo corrige... ¿por qué no...?

 

Hay que rendirse a la evidencia... Yo no pude, mientras estuve en activo; pero reconozco que me hubiera evitado mucha bilirrubina... Todos pretendemos que los demás sean como nosotros. Es un tremendo error. Yo siempre pertenecí a la tribu de los pringaos. ¡Qué le vamos a hacer...!

 

El más adaptado siempre progresa. En la oficina, en lo laboral, el que mejor lo entiende siempre es el escaqueador.

 

Así que yo... ¡¡a la contra del articulista!!

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#1
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Esta situación la vivo yo a diario y hablar con esta compañera no ha servido de nada, cuando he intentado ayudarla era peor porque al no tener absolutamente ninguna iniciativa buscaba que yo siempre le solucionara las cosas con lo que me cargaba más de trabajo. He optado por contestarle que ayudarla si, hacerle su trabajo no, así que qua has hecho para intentar hacer la tarea?.... al menos no me pregunta cosas como antes, ej. ¿de que color es el caballo blanco de Santiago?

Creo que la única forma de atajar realmente el problema es pasar por tener un jefe que sea un buen gestor y sepa distribuir, exigir y motivar a su equipo.

De esos no hay muchos

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