Escribir correctamente es algo que todos deberíamos saber hacer. No se trata –¡faltaría más!– de escribir bien, exigencias de ese tipo no son presumibles en la totalidad de los mortales. Se trata solamente de escribir con corrección. Más aún en este mundo en que, cada vez más, hablamos poco y escribimos mucho: Facebook y Twitter, los Whatsapp y los mensajes o los correos electrónicos… Vamos dejando constancia de nuestras habilidades redactoras por doquier, pero a veces éstas dejan mucho que desear. Lejos de lo que se suele pensar, todas estas vías de comunicación no han empeorado nuestro discurso, ni tampoco nuestra ortografía. De hecho, –decepciónense aquellos escandalizados por los estragos de las nuevas tecnologías– cosas como escribir “q” en lugar de “que” ya se hacían en la Edad Media, como atestiguan numerosos textos conservados, y acaso con más motivo que ahora: con lo caro que era el papel y lo costoso que era transcribir a mano, no estaba el asunto como para andar regalando letras.

Lo que sí hacen esas nuevas vías de comunicación es obligarnos a escribir más a menudo y a desarrollar nuestra capacidad de síntesis. A ésta se suma, además, el ingenio: las redes sociales se han convertido en un medio de exhibición de lo graciosos, ingeniosos y divertidos que somos. Primero ocurrió con los mensajes de texto, que tenían limitación de espacio, y ahora sucede con Twitter, donde sólo se pueden escribir mensajes de 140 caracteres. Lo que parece una traba no es sino el caldo de cultivo de juegos de palabras y chistes breves que nos permiten publicar ante el mundo lo ocurrentes que somos.

A menudo intentando expresarnos con un complejo vocabulario, no hacemos sino demostrar aún más nuestro desconocimientoSin embargo, todo esto conlleva un riesgo. Ahora que todo el mundo tiene acceso a publicar sus genialidades en la red, las posibilidades de meter la pata públicamente son mucho mayores, y escribir correctamente importa. Mucho. Las faltas de ortografía o gramaticales de los famosos son fácilmente rastreables, pero acaso hay cosas aún más negativas, porque no hay nada peor que hacerse el culto sin serlo. Por esta razón el equivocado uso de latinismos y voces cultas está hoy a la orden del día. Uno piensa: suelto una expresión en latín y la cosa suena cultísima. Y se queda tan a gusto. Pero debemos tener cuidado, porque a menudo intentando expresarnos con un elevado y complejo vocabulario, no hacemos sino demostrar aún más nuestro desconocimiento. Aquí recogemos algunos latinismos que con frecuencia empleamos erróneamente, así como su correcto uso.

1. Grosso modo. Se trata de una locución latina que quiere decir literalmente ‘de manera burda’. En la actualidad, tal como informa el DRAE, significa “a bulto, aproximadamente, más o menos”. Este es uno de los giros latinos que más frecuentemente empleamos con incorrección, ya que la anteposición de la preposición a (*a grosso modo) es totalmente incorrecta.

2. Motu proprio. En latín significa ‘con movimiento propio’, aunque la usamos con el sentido de “voluntariamente; de propia, libre y espontánea voluntad”, según la definición del DRAE. No obstante, la locución debe utilizarse en su forma latina, y no es correcto sustituir el segundo elemento de ésta por el adjetivo español  propio. Además, como confirma el Diccionario Panhispánico de Dudas, es incorrecto su empleo con una preposición antepuesta, por lo que no debemos decir cosas como *de motu proprio o *por motu proprio.

3. Ex profeso. Significa “a propósito, deliberadamente”, y se ha adaptado al español simplificando la doble ese latina (ex professo). Actualmente, se acepta también el adverbio ‘ex profeso’, muy frecuente. No obstante, ni la locución ni el adverbio deben usarse pospuestos a una preposición. Son incorrectas voces como *de ex profeso o *de exprofeso. Tampoco está admitida la forma *exprofesamente, puesto que es innecesaria: _mente es un sufijo adverbial, pero ‘ex profeso’ ya es en sí mismo un adverbio, por lo que la adición del sufijo resulta redundante.

4. Statu quo. La locución latina significa literalmente ‘en el estado en que’,  y se emplea como locución nominal que se refiere al “estado de un asunto o cuestión en un momento determinado”. Dos cuestiones al respecto. En primer lugar, la frecuentísima *status quo es incorrecta. Probablemente se ha popularizado por analogía con la palabra ‘estatus’, pero ni si quiera en plural debemos añadir una ese al primer término de esta locución. Además, ayuda a la expansión del error el nombre de la famosa banda británica Status Quo, que terminó de implantar la fallida ese en las mentes españolas. En segundo lugar, tal y como indica el Panhispánico de Dudas, el segundo elemento es agudo. No debemos pronunciar *[estátu-kúo] sino [estátu-kuó].

5. Stricto sensu. En este caso el significado de la locución es transparente, “en sentido estricto”. Son erróneas las formas *strictu sensu y *stricto senso, fruto de una mal interpretada concordancia entre los dos términos. Lo que sí puede decirse es ‘sensu stricto’.

6. Tótum revolútum. La locución latina quiere decir literalmente ‘todo revuelto’, aunque en español se emplea como una locución nominal que significa “revoltijo”. La forma *tótum revoluto no es correcta.