EL CAMINO MÁS CORTO PARA TRIUNFAR

La mayor ventaja en una sociedad ultracompetitiva: ser un sociópata

M. E. Thomas ha confesado el secreto de su éxito profesional y social: “Soy una sociópata”. Sabe que no está sola, que al menos una de
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La mayor ventaja en una sociedad ultracompetitiva: ser un sociópata
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    M. E. Thomas ha confesado el secreto de su éxito profesional y social: “Soy una sociópata”. Sabe que no está sola, que al menos una de cada 25 personas también sufre este tipo de trastorno de la personalidad, aunque no lo sepan. Habitualmente se encuentran en lo más alto de la escala social, dirigiendo empresas de éxito, tomando decisiones políticas o formando a las futuras élites en las mejores universidades, como es el caso de esta catedrática de Derecho. “Es difícil identificarnos, caemos bien a la gente que nos rodea, nos casamos, tenemos hijos y hacemos vida en sociedad con normalidad”, añade.

    ¿Es que los sociópatas tienen una ventaja sobre los demás para triunfar en la vida? “Indudablemente, nuestros condicionantes psicológicos se adaptan a la perfección a las exigencias de la sociedad actual para alcanzar el éxito: las emociones no dictan nuestras decisiones, no tenemos desarrollado el sentimiento de culpabilidad ni de amoralidad y, lo que es más importante, actuamos siempre en base a un detallado análisis del coste-beneficio”. Así se se responde a sí misma la profesora Thomas en su ensayo autobiográfico Confessions of a Sociopath: A Life Spent Hiding in Plain Sight (Crow).

    Para el psicólogo Robert Hare, uno de los mayores especialistas mundiales en sociopatía, las personas que sufren este trastorno “tienen cuatro veces más de posibilidades de acabar en la cima de una empresa que siendo los chicos de los recados”. Y es que su personalidad se adapta mucho mejor a los requisitos que debe cumplir un CEO. “Los sociópatas son el engranaje que hace girar el mundo contemporáneo”, explica Thomas. Eso sí, siempre y cuando oculten su diagnóstico psicológico, pues su potencialidad delictiva arruinaría la confianza depositada en ellos por los demás. El profesor y psicólogo Kevin Dutton ha escrito varios ensayos, con estas mismas tesis, donde mantiene que existen una serie de profesiones más proclives a la aparición de psicopatías.

    Triunfamos porque somos buenos manipuladores

    Los síntomas de este trastorno antisocial deberían revisarse y matizarse mejor, según apunta la catedrática. Si bien todas estas personas se caracterizan por la falta de remordimiento, el egocentrismo, la inclinación al engaño o la manipulación y una cierta incapacidad para adaptarse a las normas sociales, también tienen una elevada capacidad para aclimatarse a todo tipo de situaciones, de forma que puedan obtener así el mayor beneficio. “Yo, por ejemplo, soy abogada y profesora, dono el 10% de mis ingresos a la caridad y doy catequesis todos los domingos en mi parroquia”, asegura Thomas.Las emociones no dictan nuestras decisiones, por lo que tampoco tenemos sentimiento de culpabilidad

    “Los sociópatas solemos analizar muy bien nuestro objetivo y nos esforzamos por convertirnos en una pieza imprescindible para alcanzarlo, ya sea a nivel profesional, social o familiar. Nos convertimos justo en lo que los demás quieren que seamos”. Y esta es una de las principales aportaciones del ensayo Confessions of a Sociopath de cara a redefinir el concepto de psicopatía. Esto no quiere decir que sean empáticos o que les preocupe el bienestar de los demás, sino que son unos magos de la manipulación en beneficio propio.

    La psiquiatra y psicoanalista Marie-France Hirigoyen, conocida por acuñar el término ‘acoso moral’, asegura que “para triunfar en la vida hay que ser un buen manipulador”. En su último ensayo, traducido al español como El abuso de la debilidad (Paidós), relaciona los mecanismos de movilidad social con la coacción y la seducción. Y es que “la sociedad favorece” esta situación porque en todos los terrenos de la vida cotidiana existen expertos en estas prácticas. “Solo hay que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que las empresas seducen a sus trabajadores mientras les sacan provecho y luego se desprenden de ellos de las peores maneras; los gabinetes y agencias de comunicación manipulan la realidad; los banqueros se aprovechan del desconocimiento financiero que tiene el ciudadano medio para engañarlo sutilmente, y así todo”, lamenta la autora gala.

    ¿El sociópata nace o se hace?

    Quizá esta normalización y generalización de las enseñanzas de Maquiavelo es lo que ha llevado a Thomas a afirmar que “los sociópatas somos legión”, parafraseando así el ya famoso lema de Anonymous. Pero entonces, ¿el sociópata nace o se hace? Para la autora no están demasiado claras las líneas divisorias entre los factores ambientales de la enfermedad y los genéticos, aunque ella se inclina más por la influencia del primero. Un efecto secundario del darwinismo social imperante en las sociedades ultracompetitivas.

    La parte genética de enfermedad se asocia con una amígdala anormalmente pequeña (el centro de control de las emociones) y en unas peores conexiones entre ésta y la corteza prefrontal (el núcleo de la toma de decisiones). Unas cualidades que, precisamente, facilitan el ascenso social porque “se toman siempre decisiones hiperracionales”. Las emociones están completamente ausentes y esto los lleva a remarcar su astucia y arrogancia, pero también crueldad.

    ¿Le suenan estas actitudes y cualidades? Quizá no sea tan negativo formar parte de las estadísticas de ese 4% de la población que se considera sociópata. Para Thomas, que no duda en hacer gala de su falta de remordimiento, está claro: “Prefiero verlo como un regalo de Dios que flagelarme por tener unas habilidades sociales que me abren muchas puertas”. Al fin y al cabo, los principios sobre los que se asienta la sociedad son la vara de medir la ética individual, y no al revés. Y como decía Hirigoyen: “La manipulación se ha profesionalizado y globalizado” en todos los ámbitos de la vida pública y privada, desde el político y financiero, hasta el empresarial e, incluso, familiar.

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