A FONDO: DE LA MERITOCRACIA A LA PARENTOCRACIA

Las profesiones en las que sólo pueden trabajar los 'hijos de'

Los servicios profesionales de mayor nivel (grandes despachos de abogados, consultorías, banca…) han vuelto a apostar por el elitisimo, dejando a un lado la meritocracia
Foto: Los puestos directivos se transfieren de padres a hijos. (Corbis)
Los puestos directivos se transfieren de padres a hijos. (Corbis)

“Como te puedes imaginar”, explica Manuel, abogado junior de uno de los grandes bufetes españoles, “la realidad es que en el trabajo te encuentras de todo. Hay mucho talento reconocido, pero también hay mucho fraude. Mucha desigualdad. Hay una tendencia un  tanto perniciosa, por la cual para entrar en grandes firmas tienes que tener un contacto importante y una presencia social destacada, o haber pasado por algún máster de prestigio que, normalmente, viene dirigido e impartido por profesionales de las grandes firmas”. ¿No entra nadie que no venga “recomendado”?. “Puedes ser un fuera de serie”, reconoce Manuel. “Pero no me refiero a ser muy bueno, me refiero a estar dentro de los 5 primeros de la promoción”.

Manuel, como todo buen abogado, toma precauciones. Asegura que no conviene generalizar, pero es de la opinión de que estamos asistiendo a un cambio en la manera en que se accede a los grandes despachos: “Mientras que el recruitment más old school ha venido reconociendo siempre la excelencia, el talento y las aptitudes por encima de todo, en la actualidad se viene imponiendo más el tema del reconocimiento social y las líneas de acceso predefinidas”. La cruda realidad es que, si no eres parte de la alta sociedad, hay profesiones en las que nunca podrás llegar a lo más alto.  

Para Xavier Martínez-Celorrio, profesor de Sociología en la Universidad de Barcelona, los servicios profesionales de mayor nivel (grandes despachos de abogados, consultorías, banca…) han vuelto a apostar por el elitisimo, dejando a un lado la meritocracia: “En lugar de promover un reclutamiento competitivo y abierto al talento global y multicultural que aspire a reflejar la diversidad cosmopolita, estas grandes firmas anteponen el poder de clase y la adscripción selectiva de candidatos. No importa el talento, sino el cierre dinástico de clase”.

La educación, principal impedimento

Pedro trabaja en el departamento financiero de una gran consultoría. Para escalar en su  empresa, asegura, hay que trabajar duro y tener talento: “Por lo general la meritocracia se respeta. Si no obtienes los resultados esperados, te echan, independientemente de quién seas. Quizá el pijerío sea más evidente entre la gente de menos experiencia, lo cual, en mi opinión, demuestra que si bien uno se ha podido valer de su estatus social para acceder a un primer puesto de trabajo, para mantenerse eso ya no es suficiente”.

Ahora bien, para acceder a trabajar en las consultorías más prestigiosas has tenido que recibir una educación de élite a la que, tal como explica Pedro, pocos tienen acceso: “En las tres grandes consultorías estratégicas, que ofrecen los salarios más elevados, y te dan un dinero de entrada sólo por fichar con ellos –unos 4.000 o 5.000 euros– para que te compres trajes en sastrerías determinadas, el perfil mayoritario se corresponde con jóvenes de familias con dinero. Pero la razón por la que esto sucede no es porque tengan una mayor red de contactos, sino porque son los que pueden pagar unos estudios elitistas en el extranjero”.

La educación es la gran barrera que impide que las mentes privilegiadas de las clases menos adineradas accedan al nivel más alto de la escala profesional, algo que acaba con la meritocracia para instaurar lo que el profesor de Ciencias Sociales de la Universidad de Cardiff, Philip Brown, bautizó en los noventa como parentocracia: “un sistema en que la educación que recibe un niño se corresponde con la riqueza y los deseos de sus padres, más que con sus habilidades y esfuerzo”.

Según apunta Martínez-Celorrio, la parentocracia es la base de “una nueva regulación social que sustituye y diluye la meritocracia y la igualdad de oportunidades”. En su opinión, esta sustitución comenzó en la década de los noventa, “de manos de las políticas neoliberales que remercantilizan la educación y fomentan los rankings de escuelas”. Aunque, tal como explica el profesor, el origen de esta tendencia  se encuentra en Estados Unidos y Reino Unido, el fenómeno también es observable en España, sobre todo desde la cohorte de nacidos entre 1971-80: “Es un proceso al que no prestaron atención los gobiernos socialdemócratas de Zapatero y que será agravado con las políticas fiscales, laborales y educativas del Gobierno Rajoy (2011-2015) que perfilan una parentocracia con mayor rigidez social como algo connatural e inevitable”.

Heredando un problema anglosajón

Al profesor Martínez-Celorrio no deja de sorprenderle que, en España, un asunto tan importante como éste no haya generado apenas debate, ni político, ni académico. En Reino Unido, sin embargo, la cuestión ha sido tratada como un asunto de Estado, y se han elaborado multitud de análisis e informes al respecto. Los problemas de movilidad social fueron un tema estrella en las pasadas elecciones que ganó David Cameron, y una prioridad desde tiempos de Gordon Brown y Tony Blair, que abrió incluso una Oficina de Estudio, adscrita al viceprimer ministro, que ha mantenido Cameron y dirige ahora Nick Clegg.

El problema, no obstante, está lejos de solucionarse. Hace sólo un mes, la revista científica Human Relations publicó un estudio titulado Diferenciación y discriminación: entendiendo las clases y la exclusión social en los despachos de abogados líderes en el que se asegura que, pese a la presión gubernamental, lo grandes despachos de la City realizan una fuerte discriminación en base a la clase social, como parte de su estrategia de negocio.

En opinión de la autora del estudio, la profesora Louise Ashley, de la Universidad de Kent, “los grandes despachos de abogados prefieren reclutar graduados de las universidades líderes, no porque sean mejores, sino porque tienen niveles particularmente elevados de capital cultural, y son considerados más adecuados para asegurar que la firma retenga una imagen de clase alta”. En el propio estudio, un abogado senior reconoce que “la imagen lo es todo en la abogacía”, y otro explica que en su despacho se contrata a la gente con la educación, las maneras, la ropa e, incluso, el acento, correspondiente a la clase adinerada.

Tal como ha explicado Ashley a El Confidencial, esta barrera de entrada provoca que “la gente talentosa, pero de una clase social menos aventajada, no puede acceder a una carrera en un despacho de élite, sin importar lo duro que trabaje”. Sin embargo, asegura, es muy sencillo encontrar en los despachos a gente sin talento para la abogacía, ni siquiera actitud comercial, pero con un título de élite y unos bonitos gemelos. “Los despachos de abogados siguen contratando predominantemente a titulados de universidades como Oxford o Cambridge”, cuenta Ashley, “sólo porque creen que hacerlo fortalece su imagen”.

El reino de los mejores

Ignacio Bao, presidente de Signium Internacional, es uno de los headhunters más reputados de nuestro país y, según la revista Business Week, uno de los 100 más influyentes del mundo, por lo que no es de extrañar que conozca al dedillo el mercado laboral de los servicios profesionales de élite. En su opinión, para formar parte de la élite, no basta con tener un título de una u otra universidad. “El expediente académico”, cuenta Bao, “es la primera barrera de entrada. Los despachos de élite sólo reclutan a sus abogados de un número muy limitado de universidades y escuelas”. Con un determinado expediente entras en el proceso y con otro no, pero después de esto tienes que pasar unas entrevistas durísimas que incluyen resolución de casos, y entrevistas personales muy complejas. “El título es sólo un requisito más”, asegura el headhunter.

Bao es un absoluto convencido de la meritocracia. En su opinión, en los despachos ya no hay apellidos ni familias, solo vale la capacidad que tienes de generar valor al mismo. Y si eres bueno, se te va a pagar muy bien por tu trabajo: “El porcentaje de individuos que trabaja en ese tipo de profesiones es muy limitado y está muy bien retribuido, porque son muy pocos los que hacen la diferencia. El tema es que un cliente que está dispuesto a pagar 1.500 euros por una hora de asesoramiento de uno de estos individuos, y paga 12.000 euros al día, no paga a alguien que no sea brillante. Hay muy poca gente capaz de marcar esa diferencia, con una cabeza privilegiada y la capacidad de encontrar ideas geniales”.

Aunque el headhunter niega que haya discriminación social en las profesiones de élite, reconoce que en España hay una barrera que no existe en otros entornos: “En Reino Unido y EE.UU., que es donde residen las profesiones de este tipo, el acceso a la educación está basado en un tema de becas. Prácticamente nadie estudia por sus propios medios. El acceso está basado, excepto para una pequeña minoría, en que pidas una beca. Es cierto que en España esto no está tan desarrollado. Aquí el dinero es una barrera, necesitas una financiación para poder entrar”.

Sin becas, no hay contactos

Según explica el profesor Martínez-Celorrio hemos heredado lo peor de la parentocracia anglosajona  y estamos eliminando la única herramienta que puede servir para combatirla: las becas. El sociólogo asegura que la inversión en becas en EE.UU. o Reino Unido es cinco o seis veces mayor que en España, lo que hace que el problema se mitigue. En nuestro país, cuenta, “nos han convencido de que la excelencia no es compatible con la equidad, pero no es cierto, y todos los estudios lo demuestran”.

Sin becas, es imposible que una persona talentosa, pero sin grandes recursos económicos, acceda a una educación de élite. Pero, ¿qué venden en realidad este tipo de programas educativos? Es innegable que trasmiten conocimientos valiosos, pero todo el mundo sabe que esto no es lo más importante, lo más importante son los contactos que generan, algo a lo que no son ajenos las escuelas de negocios, instituciones clave en el devenir de la cúspide de la pirámide del mercado laboral.

María Valle, directora asociada del IE Business School y coordinadora de asesoramiento profesional de la escuela, reconoce que hay “cierta tendencia a que en los procesos selectivos progrese gente de un determinado estrato social, pero debido a sus contactos”. En su opinión, “el mercado de trabajo tiene algo de oculto”. ¿Enchufes? “No”, asegura Valle, “pero para enterarte de un proceso de selección tienes que tener contactos, porque no se publican. En banca privada o consultoría la red de contactos es crítica, y si tienes la oportunidad de estudiar en una escuela de negocios prestigiosa no te quedas fuera. La red de contactos es una de las razones fundamentales por las que la gente elige una escuela como el IE”.

Más allá de esto, Valle asegura que no existe ningún tipo de discriminación, ni en los trabajos, ni en las escuelas de negocio: “Las empresas quieren talento y quieren gente que trabaje bien. Los procesos de selección, una vez entras, son tremendamente objetivos. En el IE hay una gran diversidad y muchos alumnos con beca. A partir de ahí, todo depende de cómo gestiones tu red de contactos. Hay gente de buena familia con una enorme red que acaba descuidando y gente que ha construido sus contactos desde cero, pero han sabido sacarles partido”.  

(Puedes leer aquí la segunda parte de este reportaje)

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