PONIENDO EN TELA DE JUICIO LAS VIEJAS IDEAS

Ser feliz está bien, pero existe algo mucho mejor en la vida

Entre los deseos más habituales de cada comienzo de año, suele aparecer de manera recurrente obtener la tan perseguida felicidad. Normal, ¿verdad? Pues un reciente estudio
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Ser feliz está bien, pero existe algo mucho mejor en la vida

Entre los deseos más habituales de cada comienzo de año, suele aparecer de manera recurrente obtener la tan perseguida felicidad. Normal, ¿verdad? Pues un reciente estudio pone en tela de juicio la obsesión de las sociedades occidentales por alcanzar la felicidad. Como señala su principal responsable, el archifamoso Ray Baumeister, uno de los grandes expertos en la psicología del bienestar, la felicidad parte de un sentimiento puramente egoísta y socialmente poco útil. El texto, que será publicado este año en el Journal of Positive Psychology (aunque ya se puede acceder a una versión preliminar), toma el pulso a la felicidad de los estadounidenses, al preguntar a 400 ciudadanos americanos de entre 18 y 78 años sobre sus expectativas vitales y sus sentimientos. E indica que “la felicidad sin significado caracteriza una vida relativamente banal, absorbida por uno mismo o incluso egoísta, en la que las cosas van bien y las necesidades son fácilmente satisfechas”.

Los que buscan un sentido a sus vidas son más conscientes de su pasado y su futuroEl autor recurre a las definiciones de “felicidad” que manejamos habitualmente para explicar su idea. Una de ellas es la que se refiere a la “balanza de afectos”, señalando que somos felices cuando los estados emocionales positivos priman sobre los negativos. En definitiva, el producto de una fórmula matemática. La otra es la que atañe a la satisfacción vital, que es mucho más general que la concepción anterior, y que ya no implica únicamente los momentos transitorios de bienestar, sino que plantea una visión más general de la vida. Y, aun así, indica el autor, no tiene nada que ver con la plenitud tal y como otras sociedades (y personas) la han conocido.

La felicidad es presente, la plenitud, atemporal

Aunque nos cueste pensarlo en un momento en el que la mayor parte de técnicas de la autoayuda y la psicología positiva se centran en averiguar de qué manera podemos ser más felices en nuestro día a día, Baumeister señala que hemos perdido en un alto grado la perspectiva de nuestros actos. La idea principal que defiende el autor es que sabemos muy bien cómo ser felices; lo que no sabemos hacer es dar sentido a nuestras vidas.

¿En qué se traduce esto? En que vivimos al día, sí, pero demasiado, y que simplemente nos preocupamos por los hechos concretos que nos afectan de forma práctica. Baumeister pone el ejemplo de una boda para diferenciar a aquellos que simplemente buscan ser felices a los que aspiran a una vida plena de sentido. Para los primeros, la boda puede ser equivalente a “decir unas palabras frente al altar” (o a un ritual, a una ceremonia, a la fiesta posterior), mientras que los segundos considerarían dicho acontecimiento como “un pacto entre dos personas para toda la vida”. Es decir, la dimensión temporal –que mira al futuro– marca la gran diferencia entre los felices y los conscientes.

Baumeister cree que la psicología positiva debería comenzar a centrarse en las herramientas para dar sentido a nuestras vidasEl autor no tiene reparos en asegurar que la felicidad y la plenitud pueden llegar a ser opuestos absolutos. Por ejemplo, indica que la ansiedad suele aparecer con mayor frecuencia en aquellos que buscan darle un sentido a sus vidas. En su estudio, aquellos que presentaban más problemas de este cariz veían un mayor sentido a sus actos, y al mismo tiempo, solían mostrarse como más infelices. Esto se debe, explica, a que la búsqueda de sentido vital consiste en ir más allá del propio presente y conectar con los acontecimientos que vivimos en el pasado, pero también con los que viviremos en el futuro.

Esta perspectiva temporal provoca que anticipemos mucho más los diferentes acontecimientos y las posibilidades de fracaso, muerte, daño corporal o exclusión social, generando ansiedad. También, las discusiones, preocupaciones o conflictos son más habituales en las personas que buscan un sentido en la vida. Obviamente, a pesar de todo ello, sigue habiendo diversos factores que comparten tanto la felicidad como la plenitud: “Sentirse conectado con los demás, sentirse productivos, y no encontrarse solos ni aburridos son factores importantes”, indica Baumeister.

Dar y tener

Una de las diferencias esenciales que marca el grupo de investigadores encabezado por Baumeister entre la felicidad y la plenitud es que la primera consiste en recibir y, la segunda, en dar. Más allá de la habitual idea tan común a los refraneros de medio mundo, lo que los profesores de la Universidad de Florida quieren decir es que la felicidad está basada, en un alto grado, en la reducción de los impulsos, como el hambre, los caprichos o las ganas repentinas de hacer algo. Si somos capaces de hacerle frente, seremos felices. Si no, seremos infelices. Una fórmula sencilla que también puede aplicarse a los animales, que basan su comportamiento en dar respuesta inmediata a esos impulsos que están sintiendo.

Las personas que sólo buscan la felicidad son como 'animales más complejos'Lo que tenían en común la mayor parte de personas que habían manifestado buscar un sentido en sus vidas era que ellos recibían una mayor satisfacción cuando servían de ayuda a los demás que cuando recibían beneficios de su entorno. La persona que intenta dar sentido a su vida, indica el estudio, contribuye de manera más positiva a la sociedad que aquellos que buscan simplemente su felicidad. Debido a que disfrutan más dando que recibiendo, se sienten más identificados con sus actuaciones (por ejemplo, Baumeister indica que “cuidar de los niños les representa”) y suelen regularse de manera interna mucho mejor que los que persiguen la felicidad.

Cómo obrar en el futuro

En las conclusiones del artículo, el autor de Social Psychology and Human Nature (Wadsworth Publishing) realiza la petición de que “parte de la psicología positiva centre sus esfuerzos en entender la plenitud de significado, incluyendo la comprensión de lo que la diferencia de la felicidad”. El mismo hombre que defendió a principios de los noventa en las páginas de Meanings of Life (Guilford Press) que todas las culturas han buscado de una manera u otra dar sentido a sus vidas, ahora señala que el ser humano debe ir mucho más allá de una felicidad transitoria y basada en lo que recibimos de los demás.

Un último dato resaltado en este estudio que resulta especialmente llamativo es que aquellas personas que habían tenido que afrontar a lo largo de su vida situaciones más complicadas eran las que mostraban con posterioridad una probabilidad más grande de iniciar una búsqueda del sentido de la vida. En tal circunstancia, estas personas sentían que no era suficiente con tener las necesidades cubiertas, sino que empezaban a dar más y más relevancia a otorgarle un sentido a ese sufrimiento.

Sólo de esa manera nos convertiremos en personas plenas y no “meros animales con, quizá, una complejidad añadida”, la definición que de manera un tanto incorrectamente política los autores realizan sobre aquellas personas que privilegian la felicidad por encima de todas las cosas. Más allá de la conciencia, lo que distingue a los humanos de otro tipo de seres vivos es, precisamente, su búsqueda para dar sentido a sus vidas. Algo que no deberíamos perder jamás en nuestra lucha por sobrevivir día tras día, aunque depende de cada cual encontrar su auténtico propósito vital.

Alma, Corazón, Vida
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