Viernes, 3 de mayo de 2013

EL MÉTODO SIN ESFUERZO DE RICARDO ARTOLA

"Solo dejas de fumar, no de vivir": cómo abandoné el tabaco

"Solo dejas de fumar, no de vivir": cómo abandoné el tabaco
El escritor Ricardo Artola, autor de 'Y un día dejé de fumar'. (Ángela Vallvey/La esfera)
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“Yo fumaba como un carretero, pero lo dejé cuando cumplí 50 años. Si lo dejas a esa edad no hay ningún problema, el cuerpo se recupera y es como si no hubieras fumado nunca”. Estas fueron las palabras que resonaron en la conciencia de Ricardo Artola, autor de Y un día dejé de fumar (La esfera de los libros), cuando cumplió los 50 y que le ayudaron a tomar la decisión de dejar el tabaco. El particular oráculo griego de Artola se llama Dimitrios, “un tipo fornido y con un color de piel saludable, que conocí en un pequeño hotel de una isla griega. Cualquiera hubiera firmado por tener su aspecto a los 60 años, que eran los que tenía cuando lo conocí”. Los llamados ‘síntomas inquietantes’ (obstrucción respiratoria, taquicardias, envejecimiento de la piel, etc.) hicieron el resto.

Artola cuenta su experiencia en primera persona, sin paternalismo, sin imperativos, sin redundar una vez más en las más que sabidas consecuencias nocivas del tabaco para la salud, y con un característico tono cómico; lo que aleja a Y un día dejé de fumar de los cientos de libros de autoayuda publicados sobre este tema. “No quise contaminarme con lo que dicen la mayoría de manuales porque fui fumador durante muchos años, negro y rubio, con y sin filtro, picadura de liar y aquellos sensuales e interminables More. ¡Hasta he fumado estando ingresado en un hospital! Cuando lo dejé tuve una intuición que se cumplió y quería contar mi experiencia, por eso parto de un enfoque totalmente distinto al habitual”, resume el autor.Si se superan los seis primeros meses, ya solo vuelve a caer una de cada diez personas

Nadie duda de las dificultades que entraña dejar de fumar, “tampoco es hacer un arco de iglesia”, matiza Artola, “pero sí un esfuerzo que te cambia la vida agradablemente”. Dependiendo de las circunstancias personales de cada fumador, se valorarán más o menos las distintas ventajas de abandonar este vicio. Unos mirarán el bolsillo, otros la salud, otros apreciarán recuperar el gusto y el olfato o simplemente apreciarán que su ropa deje de oler a humo o el aliento no desagrade a sus parejas. Sin embargo, para este madrileño y empedernido viajero, la mayor ventaja de abandonar este vicio es la libertad. “Cuando ya no fumas, que en mi caso fue una constante durante unos 32 años, te notas más libre al dejar de depender y organizarte en función del tabaco. El aspecto del deporte también ha sido curioso, cuando dejas de fumar parece que el propio cuerpo te pide ejercicio, lo que te viene muy mal para no engordar en la primera fase de deshabituación”.

“Cada día que pasas sin fumar es mejor que el anterior”

El proceso de dejar el tabaco entraña una serie de dificultades, pero la más grande es tomar en serio la decisión y superar el primer día sin fumar. “Si se recae hay que volver a intentarlo”, apunta el autor. La primera fase de este proceso es la más complicada porque hasta que el cuerpo no se desintoxica totalmente de la nicotina –alrededor de tres días– se experimentará un mono físico. “Yo lo pasé a base de agua, chicles y un poco de ejercicio porque tienes muchos pinchazos de hambre, casi tantos como cigarros te fumabas”. Una vez superadas estas primeras 72 horas sin fumar, llega la segunda fase, la del mono psicológico. Con una duración de entre un mes y un mes y medio, en este tiempo el peor enemigo son los hábitos; “unas costumbres que cuesta abandonar, pero menos a medida que va pasando el tiempo”. La tercera y última fase comienza a partir del mes y medio y, si se superan los seis primeros meses, ya solo recae una de cada diez personas que lo intentan.La imagen icónica del tabaco ya no funciona entre las generaciones más jóvenes

“Cada persona es única. Es mejor olvidarse de lo que dicen de dejar de fumar”, apunta Artola en su libro, y anima a tratar los clásicos libros de autoayuda u otros ‘métodos milagrosos’ como simples muletillas, pero en ningún caso como una panacea para conseguir este objetivo. “Lo único que realmente ayuda es que cada día que pasa es mejor que el anterior. Cada paso resulta más sencillo que el anterior, y el más difícil es el primero”, asegura Artola. Sin embargo, reconoce que, como el 99% de la resistencia a dejar de fumar es psicológica y no física, cada uno debe marcarse sus propias metas y trucos según su forma de ser y su grado de adicción.

La decisión tanto de fumar como de dejarlo se circunscribe pues, a la esfera personal. Por eso el escritor no cree que las medidas legales contra el tabaquismo, como la obligación de colocar siniestras fotografías en las cajetillas y mensajes disuasorios, cumplan realmente con su fin. “No creo que nadie se plantee dejar de fumar por estas fotografías, al menos en mi caso lo único que provocaba es que buscase cajetillas con imágenes menos desagradables, pero nunca me motivaron para abandonarlo”.

El declive cultural del tabaquismo en las sociedades occidentales

Donde realmente habría que intervenir, según el autor, es en las prácticas lobistas de las compañías tabaqueras. “Durante toda su historia han tenido un papel cínico y poco digno. Su único fin era ganar dinero, aunque para ello tuviesen que echar cientos de componentes químicos al tabaco para incrementar las adicciones. Cuando fueron llevadas a los tribunales utilizaron todas las armas a su alcance y su ejército de lobistas para alcanzar acuerdos extrajudiciales. Desde este punto de vista creo que se puede tildar a las compañías tabacaleras de piratas”, denuncia Artola.El 99% de la resistencia a dejar de fumar es psicológica

Quizá por este motivo, además de por la abundante información que existe hoy en día sobre el tabaco, el vicio de fumar está en declive, al menos en Occidente y entre las generaciones más jóvenes (en los países en vías de desarrollo sí sigue aumentando el número de fumadores, debido sobre todo, a la incorporación de las mujeres, según el último informe de la OMS). A pesar de esta tendencia, y de que la imagen icónica del tabaco ya no funciona entre las generaciones más jóvenes, el fin del tabaco en la sociedad todavía no está del todo asegurado.

Las tendencias son muy caprichosas, indica Artola y, “aunque parezca que en términos estadísticos será un hábito marginal en el futuro, relegado a clubs de puro y pipa, no se puede asegurar que nunca más se volverá a reivindicar o a poner de moda como un impulso de ir a contracorriente si se llegase a prohibir o criminalizar”. De momento, nada mejor para dejar de fumar el ameno y razonado testimonio de Ricardo Artola en Y un día dejé de fumar

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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7juanchu123 24/10/2012 | 20:22

Me recuerdo imitando en el fume a mi padre con unos cuatro años. Con seis o siete, recogía en el pórtico de la iglesia del pueblo las colillas chupadas y babosas que dejaban los hombres mientras el cura echaba el sermón en la misa de 12 de los domingos. También fumé aquellos cigarrillos de anís que se vendían a cincuenta céntimos y los otros cincuenta de la paga semanal eran para la caja de cerillas. Estamos en los años cincuenta. También le robaba a mi padre los cigarros que liaba con papel de fumar zenit. Recuerdo los paquetes de Ideales de papel blanco y amarillo [cigarro de caldo le decían en mi pueblo], peninsulares, celtas, bisonte. También fumé paxton [mentolado, por dios], ducados, habanos, lola, winston y marlboro. Paquetes y paquetes y más paquetes. Hasta que un día el médico me dijo: o dejas de fumar o te vas al chalé de los calvos. 50 años tenía. Lo dejé. Sin más. Hoy con 64 digo que dejar de fumar es lo mejor que he hecho en toda mi vida. Disfruto de la comida, puedo saborear un vino, huelo los perfumes [y los olores sobaquiles]. No me asfixio cuando camino, hago natación, senderismo. No me huele la boca a podrido. Toldo son ventajas.
Animo, que se puede.

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6chocuco 24/10/2012 | 16:53

Bueno, yo no lo veo tan complicado. Empecé a fumar a los 12 años los cigarrillos que le robaba a mi padre de su pitillera, que eran de Caldo de Gallina. El los desliaba y los liaba de nuevo cada noche con una maquinita que tenía, después de quitarle los palos y toda la porquería que llevaban. Después me fumaba un paquete de Celtas a diario. En la mili es cuando empecé a fumar de verdad. Me fumaba dos paquetes de Chester sin filtro cada día. En el barco se compraba a buen precio y no te digo cuando íbamos a Canarias y te salían casi regalados. Después ya me pasé al Winston y al Mallboro y en ello estuve a base de dos paquetes diarios durante 25 años. Un día, hace ocho años, me levanté por la mañana con un grilleo de bronquios que me asustó. Me dije -macho, hasta aquí hemos llegado. Y... hasta hoy, no he vuelto a encender ni un solo cigarro más. Y lo bueno del caso es que mi mujer sigue fumando y está el tabaco por toda la casa, fuma cuando terminamos de comer, que es cuando más ansias me daban y es como si viera llover. Total, que los miedos a "no poder dejarlo", son solo excusas. Ponte serio y verás como no hay nada más poderoso que la mente humana. Y ahora sí que vivo de verdad.

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5Panther 24/10/2012 | 15:20

#1 Totalmente de acuerdo. Yo me dije: "éste es el último y ya lo he apagado, se acabó!". No es un camino de rositas, y menos después de unos treinta y cinco años fumando, y en los últimos 5 ó 6 un promedio de tres paquetes diarios de "Habanos" combinado con algún que otro rubio, pero eres tú mismo quien ha de decir basta y apechugar sobre todo el tirón, luego va siendo algo más fácil pero hay que estar muy atento y no desfallecer.
Dicho de otra manera, hay que poner un par de narices y no proponerse no recaer, sino no recaer simplemente, con todo lo que ello conlleva, lo demás son zarandajas.
Un saludo a todos.

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4Mafrune 24/10/2012 | 14:18

#3 Así que una vez que te das cuenta que has caído en la trampa saducea que es el tabaquismo, víctima de empresas desalmadas y gobiernos hipócritas, resulta más sencillo salir. Lo más importante es ser consciente de que eres parte de uno de los engagnos más grandes perpetrados en la historia reciente.
Si necesitas un refuerzo mental para dejarlo, piensa que cada vez que vas a comprar tabaco que tu dinero va a parar a manos de políticos espagnoles que no paran de gastárselo en sandeces, y que cuando les falta van a por tí; porque eres el primero de su lista. Es decir, que encima de perro, apaleado.

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3Mafrune 24/10/2012 | 14:01

#1 Pues por propia experiencia creo basarte en fuerza de voluntad para dejar el tabaco no sirve casi de nada, y que conste que lo digo por experiencia propia.
Lo que de verdad sirve es la concienciación absoluta de lo que es el tabaco. Sólo cambiando la imagen mental que tienes del tabaco metida en tu cabeza es posible dejar el tabaco. Yo lo veo como un cambio de paradigma, si ves dejar el tabaco como una cuesta empinada desde abajo, se te hace un mundo y si lo ves desde la cima de la montagna el camino es sencillo. La fuerza de voluntad son tus piernas en ese sentido.
La concienciación absoluta se alcanza cuando entiendes que el tabaco es una DROGA, al igual que lo es la cocaína, y que no es una droga cualquiera sino que es la DROGA por excelencia. Se llama eufemísticamente tabaco; pero no lo es. Tabaco sólo es una pequegna parte de lo que es el I+D+i más sofisticado del mundo aplicado al vicio.
Y se vende con la connivencia de los gobiernos que se forran a costa de los DROGADICTOS. Es una hipocresía de tal calibre que no tiene ni nombre. Mucha foto horrible y eslogan apocalíptico; pero de meterse con la composición del producto NADA de NADA que es el quid de la cuestión. [cont.

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2JD 24/10/2012 | 13:58

No comprar, y valeriana a mano para sustituir , ejercicios de respiracion, y contra la ansiedad, en youtube hay muchos.

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1GONVADO 24/10/2012 | 09:53

No se líen: fuerza de voluntad y ya está.

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