09/08/2012
(06:00)
Cuando Herman Hesse publicó en 1919 su novela Demian (Historia de la juventud de Emil Sinclair, tal como rezaba su subtítulo), cientos de jóvenes europeos y estadounidenses regresaban a su casa tras haber pasado los mejores años de sus vidas tirados en las trincheras de la Gran Guerra. Su desorientación vital era evidente, y Demian, que Hesse escribió en plena crisis existencial, fuertemente influenciado por el psicoanálisis al que se estaba sometiendo, sirvió de inspiración para muchos de ellos. “Cuando odiamos a un hombre, odiamos en su imagen algo que llevamos en nosotros mismos”, afirmaba Hesse en boca de su alterego adolescente Emil Sinclair, y su mensaje no pasó desapercibido.
Demian conoció bastante éxito en la época, y el autor recibió el premio Nobel en 1946, quizás debido a su clara posición en contra de los intereses alemanes durante la II Guerra Mundial y en defensa de los judíos, pero no fue hasta su muerte el 9 de agosto de 1962, hace hoy 50 años, cuando su obra fue ampliamente reivindicada.
Su obra acaparó de forma repentina las listas de los libros más vendidos en los 60, gracias a una reinterpretación de sus ideasFue otro conflicto violento, esta vez la Guerra de Vietnam, el que puso de moda a Hesse, uno de los autores más reivindicados por el incipiente movimiento hippie. Su obra acaparó de forma repentina las listas de los libros más vendidos, gracias a una reinterpretación de sus ideas –una amalgama de esoterismo, sabiduría oriental, desorientación existencial y psicoanálisis– que encajaba a la perfección con la contracultura estadounidense. Algunos pasajes de sus libros, en particular las secuencias del “teatro mágico” de El lobo estepario fueron interpretados como una muestra genuina de psicodelia, como si hubieran sido escritas bajo la influencia del LSD. Algo poco probable, pero que convenció a toda una generación entregada de lleno a las drogas psicotrópicas.
Su enorme éxito en Estados Unidos, que más tarde se trasladó a Europa –incluyendo Alemania, donde arrasó en los años 70– le convirtió en muy poco tiempo, según su estudioso Bernhard Zeller, en el autor europeo más leído y traducido del siglo XX, con más de 140 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, de los cuales solo una sexta parte corresponde a las ediciones en alemán.
“Oficialmente me llamo Damián”
La influencia de Hesse llegó también a España, aunque tardíamente. Demian Álvarez, que nació en 1976, cuenta que sus padres le pusieron el nombre de la célebre novela del escritor alemán “porque eran hippies y les gustó mucho el libro”, pero tuvieron problemas para registrarlo. De hecho, oficialmente se llama “Damián”, aunque nadie le llama así, porque en aquella época no se podía tener un nombre que no apareciera en el santoral católico. “Para poner un nombre de este tipo había que hacer mucho papeleo”, explica, “y a mis padres les pareció demasiado complicado”.
Este madrileño reconoce que el libro, que se tuvo que comprar para conocer qué había detrás de su extraño nombre, le dejó “un poco frío”. Y se ríe recordando la deriva de los nombres en su familia: “A mis hermanas les pusieron nombres bíblicos. Así evolucionaron los progres”.
Un escritor que levanta pasiones y odios viscerales
Las novelas de Hesse nunca han gozado de la unanimidad de la críticaAl Demian del mundo real, que paradójicamente milita en una conocida banda de punk (movimiento que surgió como contestación al hippismo de los 70), no es al único al que no acaban de convencerle las novelas de Hesse. Al contrario que otras figuras de la literatura, mundialmente reconocidas, la obra de Hesse nunca ha gozado de la unanimidad de la crítica. En cierto sentido, el escritor alemán fue precursor de las novelas de autoayuda y, salvando las distancias, antecedente de escritores como Paulo Coelho, tan amados por el público como denostados por la crítica.
De hecho, al igual que ocurre hoy en día con Coelho, los seguidores de Hesse valoran más la interpretación de sus libros, su contenido espiritual, que su valor literario. El alemán es antes un líder místico que un escritor, quizás porque cultivó siempre su figura de consejero espiritual, aunque él no se consideraba como tal. Hesse siempre contestaba su correspondencia y mantenía conversaciones espistolares con lectores comunes de todo el mundo. Según Volker Michels, lector y editor de la casa Suhrkamp, que imprimía sus obras, el escritor dedicaba más de una tercera parte de su tiempo de trabajo a las misivas. Solo en los sótanos de la Biblioteca Nacional Suiza descansan más de 20.000 cartas de 6.000 remitentes provenientes de unos 100 países, con preguntas de todo tipo sobre el amor, la muerte o la religión, temas que Hesse trato intensamente.
Si bien nadie niega el carácter espiritual de la obra de Hesse, cada vez hay más voces que dudan de su supuesto carácter rebelde. Según coinciden dos de sus más recientes biógrafos, Heimo Schwilk y Gunnar Decker, Hesse fue aupado como icono de la generación contestaría de los sesenta sin que se valorara realmente su obra, que contiene muchos otros matices. Estos autores resaltan la importancia de la última novela del escritor, El juego de abalorios (1947), que aunque fue concebida inicialmente como una respuesta al nazismo, se aleja de la imagen subversiva que se tiene del escritor, al plantear una utopía en la que la realización personal es posible en la subordinación a un orden.
'Siddhartha' popularizó el misticismo oriental entre los jóvenes occidentales de los 60 y 70Pese a esto, en el fondo no es de extrañar que Hesse fuera tan bien acogido por los hippies. Quizás Siddhartha, la novela que escribió tras viajar a Indonesia y la India, donde por aquel entonces se encontraban sus padres de misiones, tenga la mayor parte de culpa. El libro, una amalgama de elementos líricos y épicos que, según reconoció el propio autor, refleja su estudio del budismo e hinduismo, fue publicado en 1922, pero paso prácticamente desapercibido hasta los 60. Fue entonces cuando la novela se leyó masivamente, popularizando el misticismo oriental entre los jóvenes occidentales, que hasta la fecha era prácticamente desconocido.
Aniversario envuelto en polémica
Pese al reconocimiento mundial, y aunque Hesse vivió las últimas cuatro décadas de su vida en el cantón del Tesino (en el sur de Suiza) –donde escribió El lobo estepario, Siddhartha, Narciso y Goldmundo y El juego de los abalorios–, en el país alpino viven con cierta distancia este aniversario de un autor que ven como alemán.
Es la ciudad en que nació, Calw, una pequeña población de la Selva Negra perteneciente al Estado alemán de Bade-Wurtemberg, la que más reivindica su figura, pese a que el escritor solo vivió allí durante diecisiete años, de forma discontinua. De hecho, Hesse siempre trató de escapar de la localidad, debido a la difícil relación con su familia, profundamente religiosa, que no compartía la inquietudes de su atormentado retoño.

En Calw hay plazas y calles que llevan su nombre y, para conmemorar que ha pasado medio siglo desde su muerte, numerosos bancos públicos de la localidad lucen citas famosas del escritor. Paseando por las calles de la ciudad se puede encontrar incluso un “Café Montagnola”, que recuerda el amor que Hesse tuvo por el que fue su hogar y lugar de inspiración en Suiza, algo que contrasta con la pasividad con la que la propia localidad de Montagnola vive el aniversario de la muerte de su residente más ilustre. El último hogar del escritor, la Casa Camuzzi, un castillo-palacio del siglo XIX que sirvió de inspiración para El juego de los abalorios, y en el que realizó la práctica totalidad de su obra pictórica, está amenazado parcialmente por un proyecto inmobiliario frente al que, según informa Efe, no han podido hacer nada varias peticiones ciudadanas.
Hesse era un “zucchino” –el apelativo que los locales dan a los que llegan del norte– y le costó mucho tiempo ser aceptado. No fue hasta unas semanas antes de su muerte, quince años después de recibir el Nobel de Literatura (que no acudió a recoger), cuando Hesse recibió el reconocimiento de “ciudadano de honor”.
LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
7luciabf 09/08/2012 | 15:02
¿Y qué tal documentarse mínimamente antes de escribir la noticia?
El último hogar de Hesse NO fue Casa Camuzzi [Montagnola]. Residió en Casa Camuzzi de 1919 a 1931 [Hesse murió en 1962!] y lo hizo en una pequeña parte de la casa, alquiló varias habitaciones dentro de la Casa Camuzzi, que es un palacete. Los últimos años los pasó en la casa que un amigo suyo tenía en Montagnola, la Casa Rossa. ¿Olvidado en Montagnola? En el torreón de la Casa Camuzzi la Fundación Herman Hesse tiene desde 1997 un museo dedicado a Hesse.
En fin…
Dejo la página del museo-fundación Hesse de Montagnola por si alguien le interesa realmente saber quién fue Herman Hesse: http://www.hessemontagnola.ch/index.php?node=30&lng=4&rif=63aa5d4e52
6DelirantaRococo 09/08/2012 | 12:26
3. Mi preferido es Demian. 4. Efectivamente, hay que releerlos. Son clásicos que te animan, además, a pensar.
5gaucho 09/08/2012 | 12:08
El abuelo de Hesse fué el primero en mezclar el cristianismo con los tantras [Maya]en europa y Hesse fué capaz de popularizarlo. Los ingleses y Blavastky lo habían hecho antes que H.H.. La casa de Ticino Villa Camuzzi fué hecha por el arquitecto del Hermitage de San Petersburgo y ahora es condominio porque el hijo de Hesse, Heine falló en su compra.
4baranda 09/08/2012 | 11:51
Pues hay que releerlos periódicamente, yo lo hago asi y cada vez encuentro facetas bien olvidadas o tenidas como obvias en otros momentos que después se manifiestan más aplicables según vamos envejeciendo.
Intentarlo que merece la pena, para mi el primero que leí y que guardo mejor recuerdo: "Bajo las Ruedas"
3laho 09/08/2012 | 11:43
Entre los 14 y los 17 leí Siddhartha, Demian y El Lobo Estepario.
Me quedó grabada para siempre la frase en Siddharta "quien busca la verdad, quien de verdad quiere hallarla no puede aceptar ninguna doctrina. Quien ya la ha hallado puede dar por buena una cualquiera"
Esto me ha "vacunado" de todo intento de adoctrinamiento, fanatismo, pose, moda, comida de coco, nacionalismo, blabla-ismo, etc.. y me ha hecho conservar mi independencia de pensamiento, escepticismo y mirar las cosas por varios lados. Esta frase y las que decía mi madre, mucho más claras: "hechos son amores y no buenas razones" "quien quiera honores que los gane"