30/07/2012
(06:00)
El deseo es la norma
Sin embargo, las complicaciones de esta tarea son enormes, dadas las características de nuestra época. Hay que tener en cuenta, subraya Díez Llamas, que “hemos pasado de un entorno muy rígido, como era el de las sociedades de mitad del siglo XX, a otro, como el actual, donde las reglas son percibidas como cortapisas a unos derechos que podemos exigir en cualquier circunstancia”. No se trata de que unos valores hayan sustituido a otros, sino de que “no hay otra norma que la que dicta nuestra voluntad”.
Ves a cuatro personas sentadas en una mesa y pasan unos de otros, todos están mirando el móvil
De este modo, asegura Díez Llamas, hemos acabado perdiendo el sentido de la medida y creyendo que los límites a nuestros deseos no deben existir. Especialmente en los últimos años, hemos actuando como si todo fuera posible, sin preguntarnos si lo que hacíamos era bueno o malo. Y esa actitud, que se ha dejado sentir en numerosas conductas privadas, ha tenido su lugar estelar “en el mundo de las responsabilidades públicas, donde hemos visto dirigentes que endeudaron las instituciones que dirigían para construir aeropuertos que nadie visitaba. Pero les daba igual, porque sabían que no iban a terminar pagándolo ellos. Sabes que después se lavarán las manos, acusarán a los demás partidos de sus conductas y asunto arreglado”.
Pero, por desgracia, esas conductas no quedan limitadas al ámbito de los políticos. Según Díez Llamas, aquí todo el mundo actúa de forma irresponsable, y ello porque “vivimos en una sociedad cada vez más individualista, como se puede ver cada vez que paseamos por la calle. La gente va con sus auriculares o mirando el móvil y se ignoran unos a otros. Ves a cuatro personas sentadas en una mesa y pasan unos de otros, todos están mirando el portátil o leyendo sus mensajes”. Esa actitud de ir cada uno a lo suyo es muy reveladora, en tanto demuestra cómo nos hemos vuelto por completo egoístas. “La gente piensa que si quiere montar una fiesta a las tantas de la mañana, por qué no la va a hacer, sin tener en cuenta que puede molestar a otras personas. Les da igual. Y ese ejemplo lo puedes trasladar al campo que quieras”.
Matrimonios sin raíces
La irresponsabilidad se ha instalado en todos los estratos de nuestra sociedad, desde lo económico hasta lo educativo. “Hay muchas familias que en lugar de dar una propina semanal a los chicos para que la gestionen, les dan dinero siempre que lo piden. Con ese sistema no les educas. Tienen que acostumbrarse a manejar los recursos económicos, y no aprenden a hacerlo si no les pones algún límite. Si siempre que quieren algo se lo das, jamás tomarán conciencia de aquellas cosas que de verdad les enseñarán algo sobre la vida” Y esas son las actitudes generalizadas, asegura Díaz Llamas, en un contexto donde nadie se toma en serio los compromisos. El mejor ejemplo es el de los actuales matrimonios epidérmicos, donde “cada cónyuge va por su lado. Uno dice que no va a comer con la familia del otro, o que no se relaciona con los padres del otro y les parece bien. Son uniones con muy poca profundidad y muy pocas raíces. Por eso, a la mínima contrariedad, el edificio se cae. Cuando no hay profundidad, tampoco hay elementos que puedan reanimar la relación”.
Hace falta un cambio social radical, que por suerte está comenzando a darse
El campo económico también demuestra hasta qué punto nos hemos convertido en unos irresponsables, y no sólo porque la crisis sea la excusa perfecta para que unos se metan con otros y nadie dé la cara por lo ocurrido, sino porque en ella se hace patente hasta qué punto hay muchas costumbres que deben cambiarse. “Aquí no existe ninguna diferencia entre el que lo hace bien y el que lo hace mal. No premiamos al que se esfuerza ni castigamos al que se toca las narices. De hecho, el inútil y el que tiene talento muchas veces cobran lo mismo”. Y esos sistemas hay que cambiarlos, avisa Díez Llamas. “Hace falta un cambio social radical, que por suerte está comenzando a darse y cuya efectividad veremos a medio plazo”.
A esta sociedad no le queda otra, asegura Díez Llamas, “que retomar valores del pasado,como los ligados al esfuerzo y el sacrificio. Estamos en una sociedad totalmente acomodada, en la que cuesta mucho levantarse del sofá y por eso la gente no es capaz de cambiar el canal de la televisión si no tiene el mando a distancia en la mano. Esto no puede seguir así”.
LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
14davidmoulet 05/08/2012 | 11:49
Si la juventud tiene esos defectos, y los tiene, es sólo el reflejo de la generacion anterior, digamos de 40-45 para abajo. Pero si hacemos un discurso de libertad Y responsabilidad, vamos a tener en contra a toda la izquierda progre estupida de este pais. Haced la prueba de sacar el tema de las hipotecas: Medio pais considera que el resposnable es el Director de la Sucursal que animó al pobre Cliente a pedir el prestamo que no debia. El malo es el Banco, el Capital, el Capitalismo atroz. No se reclama la libertad de tomar riesgos y pagar UNO MISMO las consecuencias o disfrutar del éxito.
¿Y asi queremos que haya mas emprendedores? Por el mismo razonamiento pretenderan que el estado les ayude cuando le vaya mal, porque cuando las cosas van mal es mejor ser menor de edad y que te rescaten. La gente quiere ser tapecista, pero con red.
13david-watts 31/07/2012 | 09:39
Estoy de acuerdo con el artículo. Y esta es una tendencia fomentada y reforzada por los medios de comunicación [y El Confidencial no es en modo alguno ajeno a ello], donde paletos que no saben ni sacar punta a un lápiz son elevados a la categoría de superestrellas, ejemplos a seguir, sólo porque tienen dinero o unos buenos abdominales.
12CANET 30/07/2012 | 20:41
Este debate tiene su razón de ser, pero está desenfocado. Es cierto que nuestra “ni premia al bueno ni castiga al malo”, y eso ha llevado a una actitud de irresponsabilidad generalizada. Pero eso no se soluciona restringiendo las libertades individuales de nadie, ni volviendo al pasado, que por algo decidimos dejarlo atrás. Si fuera esa la solución, se trataría simplemente de ceder el control a las generaciones anteriores, educadas con “mejores valores”, pero como apuntan algunos comentaristas, no es el caso. Más bien, hemos de aceptar que a más libertad, más responsabilidad, por lo tanto de lo que se trata es de crear una sociedad de gente más responsable, que sepan hacer un mejor uso de su libertad.
10emigranteAus 30/07/2012 | 16:50
#7 Tiene muy poca gracia su argumento de que cuanto más jóvenes más burros e inmorales, puesto que está más que demostrado que la casta corrupta que nos gobierna a todos los niveles está formada, mayoritariamente, por gente de más de 50 años [políticos y asociados, banqueros, empresarios, sindicalistas, etc.] extremadamente apegada al poder y al dinero y que está arruinando el futuro de esos que usted llama jóvenes burros e inmorales.
Los jóvenes ya tenemos suficiente con sufrir la incompetencia, caradura y falta de adaptación al mundo de las generaciones mayores que rigen el país como para tener que oír que la culpa es nuestra. Bastante duro es tener que emigrar, como yo, porque ustedes nos han arruinado como país y sociedad, así que al menos un poco de respeto. A ver si dejamos de mirar la paja en ojo ajeno y miramos más la viga en el propio.
7repera 30/07/2012 | 10:56
La crisis mas gorda de España, no es económica, es ética.
Como producto de tantos años de anti-educación, mientras mas jóvenes, mas burros y mas inmorales.
Se liquidó la ética y el humanismo para sustituirlos por la promiscuidad y el mas absoluto desconocimiento de lo que es la honradez, el trabajo, el respeto...
6Plutarco45 30/07/2012 | 10:21
Esta es la crisis de "el dinero público no es de nadie" [ergo puedo despilfarrarlo para comprar los votos que me den la gana] y del "porque yo lo valgo" [ergo si no puedo darme el capricho mediante el esfuerzo y el ahorro me lo doy con créditos "cofidis" al 23%].
El otro día escuché en la televisión a un "pensador" que nuestra constitución española debería olvidarse de los del derecho al trabajo y consagrarse al derecho del "bienestar integral de las personas", vamos, "porque yo, ciudadano que ha nacido en España, lo valgo". El derecho al trabajo [por otra parte ficticio], ha pasado a mejor vida para el pensamiento postmoderno.
5fzm1 30/07/2012 | 09:26
La sociedad actual premia al "malo" y castiga el "bueno".
Eso es porque nadie sabe ni le interesa, saber que es ser "bueno" y que es ser "malo", y en general sí se tiene claro que el "dinero y riqueza" pone al que lo tiene por encima del bien y el mal, razón por la cual se busca solo el dinero, cueste lo que cueste, y por encima de cualquier principio moral. Por ello estamos como estamos.