28/06/2012
(06:00)
El sector editorial nunca se sintió cómodo cuando se le insistía en que debía tomar nota de las experiencias de la industria musical. Solía argumentar que se trataba de públicos con gustos y fidelidades muy diferentes, y de campos comerciales cuyas redes de publicidad, distribución y venta nada tenían que ver. En consecuencia, casi nada de ese declive sin fin, causado en parte por las descargas en Internet, les podía ser aplicable. Quizá editores y libreros tengan razón en que pocas lecciones pueden extraer de la música, pero los síntomas que están apareciendo apuntan en esa dirección. Más bien al contrario, muchos de los últimos lamentos que provienen del sector del libro son sospechosamente similares a los que se dejaban oír cuando la debacle del cd se puso en marcha.
Generar complicidades con los lectores
El más habitual tiene que ver con el enfado de muchos escritores (de mayor y menor éxito) que ven cómo las versiones digitales de sus libros circulan gratis por la red. Como el libro electrónico está popularizándose gracias a que existe mucho contenido fácilmente accesible y sin otro coste que el de la conexión, es previsible que los superventas y las obras de autores medianamente conocidos sean leídos sin que autores y editores obtengan beneficio alguno. No es extraño que estas quejas vayan en aumento, porque llegarán tiempos peores.
En un mercado muy concentrado, como es el literario, los caballos ganadores cuestan caros
Aunque quizá el problema principal no esté en Internet, sino en la reacción del sector a esta difícil crisis. Y no por sus reticencias a dar un decidido salto a la distribución y venta digitales (que son muy comprensibles) sino porque han apostado justo por aquello que más daño les hace. En lugar de poner en el mercado obras que aumenten su consideración como empresas culturales, que multipliquen el capital simbólico del libro y que generen complicidades y fidelidades entre lectores y autores, han preferido jugárselo todo a la carta de los superventas. Las rotaciones cada vez más rápidas, la presencia de productos cada vez más banales y el peso creciente de las distribuidoras está alejando al lector informado de la tienda y a ésta de la supervivencia. En el sector musical, el principio del fin llegó cuando las redes de venta desaparecieron: los discos ya no estaban al alcance de la mano y sólo podías encontrar superventas en grandes superficies, lo que empujaba aún más a bajarse el disco de la red gratuitamente. Con todas las salvedades que se quiera, pero el camino que ha emprendido el libro no es muy distinto. De hecho, se dan incluso especificidades que favorecen la piratería. La versión en español de Danza de dragones, el quinto volumen de Juego de Tronos (o Canción de Hielo y Fuego), llevaba mucho tiempo circulando en la red en una traducción realizada por seguidores de la serie.Se desdeña el medio plazo y se rechazan los productos culturalmente relevantes
Y ello por una razón obvia: cuando se tiene un producto de éxito, se le saca todo el partido posible. En un mercado muy concentrado, como es también el literario, en el que muy pocas obras venden la mayoría de los libros, los caballos ganadores cuestan caros. Juego de Tronos cuenta con fans muy fieles, y tanto la saga literaria como la serie televisiva están en el punto más alto de su popularidad en España. En ese contexto, cobrar caro no ejerce gran poder de disuasión: la gente quiere tener el objeto libro y lo quiere ya. Hay que tener en cuenta, además, que la versión digital (con la traducción correcta) acabará circulando gratis por las redes en poco tiempo, por lo que la editorial quiere sacar el máximo partido comercial al principio (por eso ha retrasado tres semanas más sobre lo previsto la edición en rústica).
En definitiva, estamos cayendo en un mercado muy dualizado causado por las descargas y la concentración de la distribución, pero también por el desdén por el medio plazo, por los productos culturalmente relevantes y por las creaciones que ofrecen ingresos de forma limitada pero sostenida. Vivimos en un entorno cultural sepultado por cantidades ingentes de oferta y en el que apenas hay criterios de selección más allá del éxito, lo que hace que todo el mundo corra detrás de aquello que prometen grandes réditos. Se está haciendo aún más grande la brecha entre los que venden y los que no. Y cuando algo vende, se rentabiliza al máximo. Así es. Pero eso ya lo hemos vivido en la música. Con una salvedad: es cierto que es más difícil y costoso escanear un libro, maquetarlo y colgarlo en la red que ripear un cd, pero también lo es que la música tiene más posibilidades de rentabilizar la inversión. El sector del libro sólo tiene el libro, de modo que haría bien en empezar a ver las orejas al lobo.
EL REDACTOR RECOMIENDA
LA OPINIÓN DE LOS LECTORES
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COMENTARIOS
2Danig 28/06/2012 | 16:04
Lamentablemente, están condenados. El sector está llamado a experimentar un reajuste brutal en los próximos años, pero ocurrirá como con la música, los grandes perdedores serán los superventas y las editoriales, los escritores "pequeños" se verán beneficiados por la nueva situación.
1kutusov 28/06/2012 | 14:31
Efectivamente, las editoriales están degollando la gallina de los huevos de oro en vez de pensar en vender mucho y barato, pero con un margen mayor. Si vendieran el libro electrónico digamos a 10€, bien maquetado y preparado, se evitarían muchos pirateos, y quedaría margen para el autor y editorial al ahorrarse la fabricación y distribución en papel, [que es lo que encarece el producto]
Existe el crowfunfing, etc....
Pero es mejor no pensar y seguir como antes y prohibir internet si fuera posible ¿no?
http://menudoscabrones.blogspot.com