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LA VIDA PRIVADA DETERMINA LA CARRERA POLÍTICA

Cómo engañar a tu mujer y terminar siendo encausado

Cómo engañar a tu mujer y terminar siendo encausado
El senador afronta un complicado juicio. (Corbis)
Héctor G. Barnés 25/04/2012   (06:00h)
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“Su vida es la última gran novela americana, una de esas que ya no se escriben”. En estos términos resumía Michael Wolff, periodista de Vanity Fair y New York Times, la vida del senador estadounidense John Edwards. No en vano, en apenas cinco años el antiguo candidato demócrata ha abandonado su carrera política, reconocido su adulterio, perdido a su esposa y ahora mismo, se enfrenta a un complejo juicio que puede llevarlo a la cárcel. Una trayectoria marcada por el engaño, los celos, las traiciones, las envidias y, sobre todo, los errores humanos. Muy humanos.

Estos días, Edwards se enfrenta a un proceso judicial sin precedentes en la historia de Estados Unidos. La acusación denuncia que el candidato demócrata utilizó cientos de miles de dólares destinados a la campaña para ocultar su relación con la actriz y productora Rielle Hunter. La defensa de Edwards argumenta que no existe ningún antecedente claro y que el dinero otorgado para financiar la campaña podía emplearse en cualquier actividad que se considerase urgente, aunque fuese ocultar una infidelidad.

Un par de hechos han precipitado la caída en desgracia del que, a finales de 2007, era el favorito para encabezar la candidatura demócrata el año siguiente. En primer lugar, el reconocimiento de su relación adúltera con Rielle Hunter, responsable de los vídeos de su campaña. Parece ser que incluso existe una cinta que muestra a Edwards y Hunter manteniendo relaciones sexuales, un vídeo que por decisión judicial jamás verá la luz. En segundo lugar, y aún más importante, el fallecimiento de su esposa, Elizabeth Ananay, en 2010, tras una larga batalla contra el cáncer de pecho.

Dos acontecimientos ya bastante traumáticos por separado, pero completamente imperdonables para la opinión pública estadounidense de forma conjunta. Edwards estaba engañando a su mujer al mismo tiempo que esta se enfrentaba con la enfermedad que acabaría con su vida. A partir de entonces, todo ha ido cuesta abajo y sin frenos para el que fue segundo de John Kerry durante su campaña de 2004.

Una larga cadena de errores

Los partidarios de Edwards sospechan  que el senador está pagando los errores de su vida privada mediante el sacrificio de su trayectoria política. Una idea repetida por la juez de distrito Catalina Eagles cuando se ve obligada a recordar al jurado popular que “esto no es un caso sobre si el señor Edwards era un buen marido o un buen político”.

Para más inri, el fiscal del caso es George Holding, un republicano de Carolina del Norte que ha utilizado el caso Edwards para relanzar su campaña política, ya que anunció el pasado verano su pretensión de aspirar al congreso estadounidense. La defensa ha recordado que, además, Holding fue ayudante de Jesse Helms, el principal opositor de John Edwards durante la carrera para el senado de 1998.

La vida personal de Edwards parece marcada por la tragediaEl último episodio de este sainete desvela que Andrew Young, testigo de la defensa y autor de The Politician (St. Martin’s Griffin, 2010), la obra que sintetiza el proceso de auge y caída de Edwards, ha violado las leyes federales al contactar con otros testigos con el objetivo de planear una estrategia conjunta de cara al juicio. Por si esto fuera poco, Young fue el hombre que reclamó la paternidad del hijo de Rielle Hunter en 2008, después de que The National Enquirer señalase a Edwards como padre.

¿Peligroso o ridículo?

Para Luis Arroyo, asesor electoral y autor de El poder político en escena (RBA Libros), Edwards se trata de un personaje que “va de lo patético a lo entrañable”. Señala que ha pasado de ser uno de los principales candidatos durante la campaña de 2008 a tener que mendigar apoyos de sus adversarios Barack Obama y Hillary Clinton, en una deriva “ridícula”. “Hay una cosa que no se puede ser en Estados Unidos, y Edwards lo es: un loser.

“La presión era tal que hasta tenía detrás al New York Times llamándole para que confirmase su infidelidad. En ese momento, Edwards tiene que bajarse de la campaña y reconocer públicamente su error”, continúa Arroyo, que considera que Edwards ha sido un “calzonazos” con todos, pero reconoce su valentía al admitir su relación en público. Y recuerda el libro El juego del cambio: La trastienda de las elecciones americanas (Planeta) de John Heilemann y Mark Halperin, en el que se describe a la perfección el proceso que acabó con Edwards fuera de la política y Obama como presidente de los Estados Unidos.

Un nuevo mártir

La vida personal de Edwards parece marcada por la tragedia, no sólo por su temprana viudedad, sino porque perdió a uno de sus hijos en un accidente automovilístico en 1996. Además, Edwards ha atravesado recientemente unos importantes problemas de salud que han forzado a retrasar su juicio. Según una nota enviada por el médico del político, Edwards, de cincuenta y ocho años, ha debido superar diversos problemas de corazón agravados por el estrés, pero como señala su amigo Glenn Bergenfield, un abogado de Nueva Jersey, “ya se encuentra mejor”.

En la circunstancia actual, son los datos de la vida privada de los políticos los que nos permiten saber cómo sonEn un reciente artículo publicado en The Week, Bergenfield señalaba que Edwards se sentía parte de una hipotética “galería de los pícaros”, mártires demócratas, donde también figurarían John Fitzgerald Kennedy o Bill Clinton, cuya relación con la becaria Monica Lewinsky significó la estocada final a su presidencia. Se trata de la última defensa desesperada de Edwards ante el envite de sus enemigos, pero para Luis Arroyo no hay lugar a la comparación. “De ninguna forma: Kennedy pertenece a una época muy determinada, y cuando muere, en brazos de su mujer, ya se ha transformado en mito. Bill Clinton, por su parte, es un ganador. Se trata de un hombre que fue presidente.

El senador demócrata ha sido considerado por muchos críticos como la principal inspiración para personaje interpretado por George Clooney en Los idus de marzo (The Ides of March, 2011), aunque el célebre actor y director recordase repetidamente durante la presentación de su película que “el guion fue escrito mucho antes de que el asunto de Edwards saliese a la luz”. Una vez más, la ficción parece marchar un paso por detrás de la realidad.

Un problema estructural

Para Juan Carlos Monedero, profesor de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, la situación de Edwards se deriva “de un problema propio de las democracias actuales. En ellas, no podemos conocer claramente las decisiones de los políticos ni existen fórmulas de intervención directas que puedan utilizarse cuando percibimos que existe algún problema”, explica el profesor. “En la circunstancia actual, son los datos de la vida privada de los políticos los que nos orientan para saber cómo son”.

Edwards es un modelo de todo aquello que no se debe hacerY señala que “si nos encontrásemos en un sistema que permitiese una mayor transparencia y participación, sería más fácil para todos separar la vida privada de los políticos de su faceta pública. Si acudiesen cada sábado a la plaza pública a explicar sus acciones y pedir opinión a los ciudadanos, nos daría igual lo que hiciesen en su tiempo libre”.

El fin de su carrera

Ciertos analistas añaden que Edwards era un personaje demasiado incómodo para la escena política americana, y que este proceso ha conseguido quitarle de en medio para siempre. Representaba el ala más progresista del partido demócrata: las líneas maestras de su programa —sanidad pública gratuita, salida de Irak, lucha contra el calentamiento global— planteaban cuestiones demasiado controvertidas como para poder convertirle en presidente, lo que no agradaba a muchos compañeros de partido.

Monedero recuerda, sin referirse concretamente al caso de Edwards, que “los medios de comunicación son empresas que sirven a intereses editoriales, en muchos casos, con claras adscripciones de partido. Pero también hay casos en los que interceden en las disputas internas de los mismos. En ese sentido, recuerdo campañas en nuestro país contra Julio Anguita o Fernando Morán”.

Arroyo concluye que es muy difícil que Edwards pueda recuperarse de su situación presente y recuperar su poder político. “Es un modelo de todo aquello que no se debe hacer”, señala. “Veremos si consigue desmarcarse de su arquetipo, pero va a ser muy difícil”.

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COMENTARIOS

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2fernandow 25/04/2012 | 19:53

Todos tenemos un lado oscuro en nuestra vida. No comprendo qué vincula los actos personales [voluntarios] o privados, con el trabajo político, o el que sea. Si analizamos los grandes genios, Einstein, Leonardo da Vinci, o los grandes conquistadores, astronautas, economistas [ver Dominique Stauss-K.]siempre han tenido una vida agitada y "no convencional".
Este es un caso más. Creo que si fracasó en su vida, se lo debería juzgar por sus hechos y no por sus pasiones.
http://www.odiaconmigo.blogspot.com

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1JULIO L 25/04/2012 | 11:10

Igualico, igualico que lo que pasa aquí, dónde todo los medios de comunicación conocen de la relación adúltera de JuanCar con Corinna y todos callan como put*s.

“En la circunstancia actual, son los datos de la vida privada de los políticos los que nos orientan para saber cómo son”.
Espero que algún día el pueblo español alcance una mayoria de edad para juzgar a los políticos por lo que son.

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