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LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS MULTIPLICAN LOS CONFLICTOS FAMILIARES

"Y tú con mi madre no te metas"

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"Y tú con mi madre no te metas"

Una pareja con su hijo y la abuela. (Corbis)

Paula Delgado Labrandero 13/01/2012   (06:00h)

El conflicto entre suegros, hijos y parejas es un hecho. Esta hostilidad puede llevarse por delante nuestra propia relación sentimental. Todos hemos escuchado a alguien cercano decir “odio a mi suegra”, “tengo problemas con mi pareja por culpa de sus padres”, “mi suegra malmete en nuestra relación”… ¿Estamos predestinados a llevarnos mal con nuestra familia política? ¿Por qué chocamos tanto?

Ramón De Marcos Sanz, sociólogo del Colegio de Politólogos y Sociólogos de Madrid, apunta a la mala educación como principal causa del conflicto. “Fundamentalmente las malas relaciones vienen motivadas por faltas de respeto, existe una excesiva intromisión”. De Marcos matiza que ambas partes pecan en este sentido. “Los padres e hijos no se respetan suficientemente. Hay una parte privada del individuo que se traspasa continuamente y va en la doble dirección, nadie es responsable”.

España tiene una cultura excesivamente familiar

El sociólogo incide en que la afectividad desborda la rutina, aspecto que secunda Rodrigo Martínez Ubago, psicólogo experto en Previsión del Comportamiento. “Somos una cultura excesivamente familiar”. Su experiencia le lleva a concluir que la competencia es la causa más directa de los conflictos entre padres, hijos y parejas. “Los padres y parejas tienen diferentes niveles de autoridad, eso se confunde. A la pareja la eliges pero a sus padres no”.

Independizarse tarde o volver a casa, más problemas

Gabriel Dávalos, profesor de psicología de la universidad San Pablo CEU, indica que volver a casa de los padres es un factor de riesgo “pero no la causa” del conflicto. “Puede ser el pistoletazo de salida para que afloren muchos problemas”. Incluidos los de pareja. Apunta al sentimiento de culpabilidad, “de sentir que estamos fallando a nuestra familia biológica”, como causante de parte de los problemas en la relación sentimental. “Que mi madre diga de mi abuela que es una urraca lo acepto, pero que lo diga mi mujer me sienta mal”, ejemplifica el profesor. La sangre tira mucho y es vital establecer diferencias.

Es muy importante pactar las reglas de convivencia

La crisis ha retrasado la edad de emancipación y ha obligado a muchos de los que ya vivían fuera a regresar al hogar familiar con sus parejas.“El nivel de dependencia se retrasa demasiado, a veces por los padres que quieren tener sobreprotegidos a sus hijos”. El sociólogo recalca que el peso que tiene la familia impide, en muchos casos, que los hijos se independicen. “También ocurre al revés", matiza.

El psicólogo, por su parte, analiza que  siempre que entran miembros nuevos en la convivencia afloran los problemas. Por este motivo, incide en que “antes de entrar hay que pactar cuáles son las reglas que van a regir en esa casa, establecer horarios…”.

¿Las madres tienden a pensar que perderán a sus hijos?

La madre siempre ha tenido cierto poder hacia el hijo y “de repente se ve desplazada, ya no se hace lo que ella quiere sino lo que dice la pareja”. Muchas madres estiman que tienen unos derechos creados. “Siempre van a ser las madres y creen que pueden opinar cuando quieran y las veces que quieran. No existe una independencia emocional ni física de los padres”, concluye.

Los padres sobreprotegen a sus hijos

No considera que las madres tengan miedo a que sus hijos se emancipen, “pero en cualquier caso es una pérdida, cambia el papel que ha jugado durante muchos años y tiene que adquirir otro”.

La pérdida de autoridad de las madres se ve compensada con los nietos. "Los abuelos son un pilar fundamental en el sentido económico y afectivo de las familias", apunta. La actual situación de crisis no solo ha obligado a los hijos a volver con sus padres, sino a los abuelos a volver a ejercer de padres.

Las soluciones

La solución de este tira y afloja no se resuelve, en la mayoría de los casos, de manera adecuada. Esta situación conlleva a  situaciones dramáticas, que justifican en parte la actitud despectiva contra la suegra que cotidianamente se releja en los chistes, las comedias de teatro o televisión, y en las tiras cómicas.

El experto en Previsión del Comportamiento propone como solución establecer pactos, primero con la pareja y después con los padres. “Hay que decidir hasta dónde vamos a dejar entrar a nuestros suegros y padres en nuestra relación y también qué peticiones de estos aceptar”.

 

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