EQUIVOCACIONES QUE DEBEN EVITARSE

Los nueve errores más frecuentes en las entrevistas de trabajo

Hoy en día cualquier entrevista de trabajo puede ser decisiva. Quizás hace unos años bastaba con tener un buen currículo, y encajar en el puesto, para optar

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Los nueve errores más frecuentes en las entrevistas de trabajo
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    Hoy en día cualquier entrevista de trabajo puede ser decisiva. Quizás hace unos años bastaba con tener un buen currículo, y encajar en el puesto, para optar al mismo. Pero de un tiempo a esta parte las cosas han cambiado mucho.

    Teniendo en cuenta que para cada oferta hay cientos de candidatos con CV sobresalientes, la única manera de acceder a un puesto es lograr convencer al entrevistador de que eres la persona adecuada. Pero esto no es sencillo. Los responsables de seleccionar al personal saben que el mercado de trabajo está hipersaturado y cada vez son más exigentes en las entrevistas, por lo que cualquier error, por pequeño que sea, puede ser fatal.

    La parte buena de todo esto es que en los departamentos de recursos humanos casi todo el mundo está entrenado de la misma forma, por lo que no es difícil saber qué les molesta. Hay ciertas cosas que los entrevistadores no van a tolerar, y conocerlas es el primer paso para terminar una entrevista de forma satisfactoria. Estos son los nueve errores más comunes que se comenten en las entrevistas.

    1. Improvisar

    Si de verdad quieres conseguir un trabajo debes preparar la entrevista como si se tratara del último examen de tu vida –y probablemente lo será, hasta que cierre la empresa, te echen o te marches a otro lado–.

    En primer lugar tienes que saber bien a qué puesto estás optando y cómo es la empresa que te va a hacer la entrevista. Esto parece baladí, pero lo cierto es que mucha gente acude a los procesos de selección sin saber muy bien donde se está metiendo. Para prepararse correctamente una entrevista de trabajo hay que investigar lo máximo posible sobre la empresa a la que se acude. No está de más saber quiénes son sus accionistas, qué perfil ideológico tienen los dirigentes, cuántos empleados tiene, si el negocio va bien o mal, la reputación que tiene en el sector… Cualquier información puede ser útil en el transcurso de la entrevista, y los responsables de recursos humanos valorarán positivamente a aquellos candidatos que se hayan preocupado por conocer la empresa.

    Gran parte de esta información podrás encontrarla en Internet, pero mucha otra no, por lo que no es mala idea buscar algún contacto en la empresa con el que podamos hablar antes de enfrentarnos a la entrevista. Con un poco de suerte incluso puede que conozca al entrevistador y pueda darnos alguna pista que nos sea útil.

    2. Llegar tarde

    Esto tiene mucho que ver con la improvisación pero, aunque parezca increíble, es algo tan habitual que merece un punto aparte. Antes de ir a una entrevista de trabajo debemos saber perfectamente dónde va a tener lugar y cuánto vamos a tardar en llegar allí. Lo mejor, claro está, es que vayamos con tiempo de sobra, aunque tengamos que estar dando vueltas a la manzana hasta que llegue la hora acordada.  

    3. Vestir de forma inapropiada

    La apariencia, por mucho que lo nieguen los responsables de recursos humanos, sigue siendo un aspecto que se tiene muy en cuenta en las entrevistas de trabajo. Para elegir el atuendo adecuado con el que debemos presentarnos en una entrevista debemos saber antes cómo van vestidos los empleados de la empresa. El traje es necesario en empresas donde todo el mundo lo lleva, pero si acudimos a una entrevista en traje cuando nadie en la empresa lo usa, la impresión que vamos a causar puede ser un poco extraña. Lo mejor, en cualquier caso, es no llamar la atención con la ropa que llevas –a no ser que estés optando a un puesto en alguna empresa relacionada con la moda–. No es recomendable usar perfumes fuertes, gafas de sol, ni modelos extravagantes. Cualquier cosa que pueda sorprender al entrevistador podría distraerle de lo que verdaderamente importa, que son tus habilidades para afrontar el trabajo.

    4. Decir lo que crees que el entrevistador quiere oír

    Los entrevistadores valoran positivamente la sinceridad del entrevistado y, como dice el refrán, se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Tratar de decir lo que pensamos que quiere escuchar quién nos hace la entrevista no sirve de nada, pues nos hará perder naturalidad, que es uno de los aspectos que, precisamente, más se tienen en cuenta. Si sonamos forzados estaremos perdiendo puntos.

    Lo mejor para evitar este error es acudir a las entrevistas viéndolas más como un encuentro entre profesionales que como un paso ineludible para que te den un trabajo. No es sencillo, pero se trata de una buena técnica que, además, puede evitarnos numerosos malentendidos. Si en el transcurso de una entrevista te das cuenta de que el puesto no es como creías, que la empresa tiene unos horarios imposibles, que el sueldo no es nada del otro mundo, ¿realmente quieres optar por el puesto? Tal como estás las cosas, quizás sí, pero desde luego no es lo ideal. Y si mientes, lo van a notar.

    5. Asumir que el entrevistador es el que manda

    Al acudir a una entrevista es habitual sentirse en una posición de autoridad inferior a la del entrevistador. Es algo normal, teniendo en cuenta que la mayoría de entrevistadores tratan de mostrar más autoridad de la que tienen. Pero, ¿realmente está el entrevistador en una situación más cómoda? Lo cierto es que, en muchas ocasiones, no lo está. Tú necesitas un trabajo, pero él tiene mucha presión para contratar a las personas adecuadas. Contratar a un inútil o, peor aún, a alguien que mine la confianza del equipo, puede costarle la cabeza a un responsable de recursos humanos. Visto así, no parece que esté en mejores condiciones. 

    Volviendo al consejo del anterior punto, es mejor pensar en las entrevistas de trabajo como si fueran reuniones profesionales, donde cada uno está haciéndolo lo mejor que puede. Esto liberará muchas tensiones y te hará sentir que estás tratando con alguien en igualdad de condiciones.

    6. Exagerar en tu formación o experiencia

    Este es un error previo a la entrevista, que se comete en la elaboración del currículum vítae, pero que sale a relucir siempre en ésta. Es, quizás, el peor de los fallos que se pueden cometer e, inexplicablemente, el más habitual. Lo primero que hace un responsable de recursos humanos es comprobar que lo que se dice en el CV es cierto. Mentir solo sirve para que el entrevistador se lleve la peor de las impresiones. Sin embargo, si uno es sincero en el currículo, puede llegar a sorprender de forma muy positiva a la persona que hace la entrevista que, casi por defecto profesional, se espera que el CV esté sobredimensionado y exagerado. En definitiva, eso de poner "nivel de inglés alto" y no saber mantener una conversación no cuela. Y lo normal es que te pillen.  

    7. Dejar que el entrevistador haga todas las preguntas

    Aunque el entrevistador es quien, obviamente, va a dirigir la entrevista, es un error dejar que sea él el que haga todas las preguntas. Al fin y al cabo, lo que está en juego es un contrato, un acuerdo entre dos partes, por lo que el candidato también tiene preguntas que hacer: ¿cuáles son las condiciones? ¿Qué responsabilidades concretas tiene el puesto? ¿Es necesario viajar? ¿El horario es fijo o podría cambiar en el tiempo? Plantear este tipo de cuestiones no resulta una intromisión, sino algo legítimo que el entrevistador va a valorar positivamente, en la medida en que va a ver un interés y una motivación genuina por el puesto.

    Saber hacer las preguntas adecuadas nos proporciona dos ventajas: por un lado estaremos causando una buena impresión, y por otro obtendremos respuestas que nos harán valorar adecuadamente el puesto al que optamos. No hacer una sola pregunta en toda la entrevista, sobre todo si, tras finalizarla, como es habitual, el entrevistador dice “¿tienes alguna pregunta?” es un error gigantesco que no se debe pasar por alto.

    8. Hablar mal de tus antiguos jefes

    En una entrevista es inevitable responder a preguntas sobre tus pasadas ocupaciones laborales, pero nunca, bajo ningún concepto, debes hablar mal de tus antiguos jefes. Pese a que te hayan hecho la vida imposible criticarles es siempre una mala idea, pues el entrevistador puede pensar –aunque no tenga razón– que quizás la culpa es tuya y puedes ser causa de problemas. Esto no quiere decir que no puedas hablar de cosas que no te gustaban de tus anteriores puestos de trabajo, pero solo si está justificado en la conversación y, en ningún caso, si incluyen críticas a tus antiguos jefes.

    9. Ignorar los exabruptos

    Todos conocemos a alguien que, tras salir muy decepcionado de una entrevista, acepta el trabajo pensando que su percepción podía ser incorrecta. La realidad, por desgracia, es que en la mayoría de ocasiones si la entrevista nos ha trasmitido malas vibraciones el trabajo será aún peor y lo dejaremos a la primera de cambio.

    Por nuestro bien, y por el del resto de trabajadores, no debemos tolerar que se hagan preguntas ilegales en las entrevistas -¿planeas quedarte embaraza? ¿Eres de derechas o de izquierdas? ¿Qué religión prácticas?–, que nos traten sin respeto o se nieguen a contestar preguntas esenciales sobre el puesto de trabajo. Pasar por el aro en este tipo de cosas solo puede costarnos un disgusto. Por mucho que necesites el empleo, lo mejor en estos casos es abandonar la entrevista. 

    Alma, Corazón, Vida
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