QUÉ NO DEBE HACERSE ANTE UN TRIBUNAL

Kavanagh vs Kavanagh: los abogados que dilapidaron su enorme fortuna en el divorcio

¿Cuánto dinero puede gastar una pareja durante un proceso de divorcio? En muchas ocasiones, la cifra puede llegar a ser astronómica, tal y como ocurrió con
Foto: Kavanagh vs Kavanagh: los abogados que dilapidaron su enorme fortuna en el divorcio
Kavanagh vs Kavanagh: los abogados que dilapidaron su enorme fortuna en el divorcio

¿Cuánto dinero puede gastar una pareja durante un proceso de divorcio? En muchas ocasiones, la cifra puede llegar a ser astronómica, tal y como ocurrió con el matrimonio Kavanagh, formado por dos adinerados residentes en Londres que, a lo largo de un proceso de litigio que ha durado cinco años, han terminado perdiendo prácticamente todo su patrimonio. La historia sería lo suficientemente llamativa de por sí incluso si obviamos el dato decisivo de la misma, que es que tanto Giles como Anna–Marie son abogados, por lo que cabía esperar que tuviesen una conciencia mayor que la de otras parejas sobre los costes e implicaciones de dichos procesos. Un lustro después del comienzo del proceso, la pareja se ha visto obligada a vender su residencia valorada en más de tres millones de libras en Kingston-upon-Thames (un municipio situado en las afueras de Londres) y al menos 980.000 libras han desaparecido de sus cuentas corrientes, aunque otros cálculos elevan la cifra a los tres millones.

Todo comenzó en 2007 cuando, por motivos que no han trascendido a la luz pública, el matrimonio decidió que no podían pasar más tiempo juntos y el proceso de separación comenzó. Del tribunal del condado, la demanda pasó a la división familiar del Tribunal Supremo, y de ahí, a la Corte de Apelación Civil, provocando una hemorragia económica imparable. Como el juez Clive Million señaló en diciembre del pasado año, “en 2008 ya habían gastado 879.000 libras en costes legales e impugnaciones”. El juez ha sido uno de los grandes críticos de pareja, por su decisión de continuar adelante con el proceso, costase lo que costase: “el barco de un matrimonio puede irse a pique, pero esta pareja ha dirigido el suyo hacia las rocas a toda máquina”. El proceso ha tocado este año a su fin, tras el fallo del juez a favor de Giles, después de que Anne pidiese entre 18.000 y 32.000 libras más en concepto de manutención, ya que alegaba que había dejado una prometedora carrera en Simmons & Simmons para cuidar a sus hijos.

¿De verdad piensas que no me despertaba a las cuatro de la mañana pensando que había perdido medio millón de libras?Sin embargo, Million no ha sido el único que ha señalado el desacierto de la pareja. La reacción de la sociedad británica ante este proceso de separación mediático ha sido particularmente despiadada, ya que la pregunta que gran parte de los compatriotas de los Kavanagh se ha hecho es cómo pueden dos de los, en teoría, mejores abogados del país, caer en las trampas que deberían conocer bien. Hasta la fecha, ninguno de los dos miembros de la pareja había realizado ninguna declaración pública, hasta que el  pasado domingo, Anna Kavanagh ofreciese una entrevista en exclusiva al dominical The Sunday Times, donde afirmaba estar completamente arruinada.

“El Armagedón del divorcio”

“Me parece que fue todo bastante dramático y un poco ridículo, para ser francos”, señala la abogada en la entrevista, haciendo referencia a las palabras del juez Million. Kavanagh recuerda que ellos mismos eran conscientes de la imagen pública que estaban dando. “¿De verdad piensas que no me despertaba a las cuatro de la mañana pensando que había perdido medio millón de libras y que con ese dinero me podría haber comprado una casa?” La prensa no fue nada benevolente con la pareja. Por ejemplo, Jan Moir afirmaba en las páginas de The Daily Mail que la separación de los Kavanagh no había sido un divorcio, sino “el Armagedón de todos los divorcios”.

La jurista lamenta la posible influencia que la publicitación del divorcio puede tener en los tres hijos de la pareja, que considera que la prensa no ha respetado la privacidad de la familia. De hecho, fue esta cuestión, la de la custodia de los niños, lo que causó un mayor conflicto entre los Kavanagh, a quienes los separaban cinco años de edad (él tenía 52, ella, 47). Giles fue el que solicitó la custodia de sus tres descendientes, por lo que no hubo otro remedio que solucionar el conflicto a través de la mediación de un juez. “Por supuesto, tienes que luchar”, respondía Anne. “No vas a decir ‘venga, vale’”. El problema aparece cuando, al igual que ocurre en el póker, una vez estás dentro y has invertido una gran cantidad de dinero, resulta difícil retirarse. “¿En qué punto te retiras?”, se pregunta la mujer durante la entrevista. “¿Después del primer mes de negociación? ¿Después del sexto? Pensando en todo lo que había gastado, merece la pena seguir otro mes más”. Y así, hasta que pasaron cinco años.

La denuncia de una ley injusta

La abogada intenta interpretar sus últimos cinco años desde una óptica más positiva, al señalar que su cruzada puede ser de utilidad para otras mujeres y ayudar a la toma de conciencia de la necesidad de una reforma de las leyes británicas existentes. Por ejemplo, haciendo que las decisiones sobre la custodia de los hijos, el mantenimiento económico de estos y el de la esposa se coordinen de una manera más satisfactoria, ya que en estos momentos cada una de estas decisiones se toma por separado. “Debería ser mitad y mitad”, indicaba Kavanagh, “ya que tuvimos a los niños juntos y construimos juntos nuestro patrimonio económico”. La abogada señala que espera que un cambio en las leyes de divorcio derive en un comportamiento más “racional” de las parejas, y que se agoten todas las vías de negociación antes de sumergirse en los inevitablemente dolorosos procesos judiciales.

Mi mala experiencia puede servir a mis clientesKavanagh, que actualmente sobrevive gracias a un empleo como abogada a tiempo parcial y vive en una casa de alquiler porque no puede conseguir una hipoteca, afirma que es consciente de que su reputación se ha visto seriamente dañada después del divorcio, pero que aun así debe intentar salir adelante ya que su marido dejará de tener la obligación de pagarle una pensión en 2014. “No es que haya tenido exactamente a la gente llamando a mi puerta para contratarme”, señala con ironía, aunque como concluye, aún es optimista. “Quizá mis clientes puedan beneficiarse de mi terrible experiencia”, asegura. Desde luego, si se trata de hacer valer la (mala) experiencia, pocos abogados pueden batir a la inglesa.

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