LOS EXPERTOS CUESTIONAN QUE SIEMPRE MEREZCA LA PENA

Cuando estudiar un MBA o un doctorado no es una buena idea

Hasta hace unos años, disponer de títulos de posgrado –máster y doctorado– suponía una garantía para encontrar un puesto de trabajo solvente en la alta dirección,

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Cuando estudiar un MBA o un doctorado no es una buena idea

Hasta hace unos años, disponer de títulos de posgrado –máster y doctorado– suponía una garantía para encontrar un puesto de trabajo solvente en la alta dirección, como director de un departamento de ventas, investigador en nómina en laboratorios y departamentos de I+D o para empezar una prometedora carrera académica en la universidad.

Hoy la situación ha cambiado: aquellos con un MBA, un título de posgrado o un doctorado se enfrentan a un mercado laboral saturado de perfiles tanto o más cualificados que el suyo y los recortes de la inversión pública merman de forma drástica el espacio y las condiciones que las universidades ofrecen a investigadores. Muchos doctores no llegan a emprender la carrera investigadora para la que se formaron ni a ocupar puesto de trabajo alguno si no es muy por debajo de su cualificación; muchos másters, por su parte, van del final del curso directamente a la cola del paro.

Así las cosas, expertos del mundo académico y laboral empiezan a preguntarse si la situación no exige una reflexión o si la decisión de no estudiar un máster o un doctorado no es, en este nuevo panorama, una opción con tanto o más fundamento práctico, técnico e intelectual que la de aquellos que deciden invertir varios años más de su vida en una formación que, a todas luces, ha dejado de ofrecer las garantías de antaño.

Demasiados doctores

Para algunos, el problema de los posgraduados se reduce a una ley tan elemental como la de la oferta y la demanda. En el artículo de 2011 Education: The PhD factory, los autores David Cyranoski , Natasha Gilbert, Heidi Ledford, Anjali Nayar y Mohammed Yahia parten de la premisa de que “el mundo está produciendo más doctorados que nunca” para preguntarse si “no es momento de parar”.

Algunos posgraduados no acabarán rentabilizando su educación

Entre 1998 y 2008, el total de posgraduados en disciplinas científicas se ha incrementado casi un 40% cada año en los países de la OCDE –Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico–. Algunas economías, como China o India, son capaces absorber con solvencia a estos doctorados, pero en industrias desarrolladas como la de Estados Unidos y Japón, los expertos señalan que “la oferta de doctores ha sobrepasado la demanda”. Según Cyranoski y sus colegas, “la mayoría de los países implementan constantemente su sistema de educación superior porque ven a los trabajadores que salen de él como clave para el crecimiento económico”, aunque posteriormente no rentabilizan de forma eficiente este capital humano. La mayoría no acabará en el paro, explican, pero los integrantes de esa misma mayoría “quizás nunca tengan la oportunidad de rentabilizar su educación”.

La burbuja de los MBA

Algo de lo que, en principio, estaban exentos los que estudiaron un MBA. Durante años, el máster en gestión y dirección de empresas mantuvo su estatus como trampolín necesario para aquellos que querían entrar en el mundo de los negocios. Sirva como ejemplo de su arrollador éxito que si en Estados Unidos había 5.000 titulados de MBA en 1960, en el año 2000 estos ascendían ya a más de 100.000.

Muchos critican que el MBA se reduzca a un trámite para conseguir una entrevista de trabajo

Hoy, no obstante, muchos critican que el MBA sirva en realidad como un simple –y caro– trámite para conseguir una entrevista de trabajo. Josh Kaufman critica en su libro MBA Personal (Ed. Conecta) que mientras las empresas americanas que se nutren de estos titulados –como Goldman Sachs o McKinsey & Company– contratan entre 5.000 y 10.000 titulados al año, las universidades americanas acogen cada año a casi 200.000 alumnos. También denuncia que las ventajas que ofrece al titulado la posesión de un MBA están sobrevaloradas; la mayoría de los conocimientos, según el experto, no valen los 150.000 dólares que cuesta de media el curso en lugares como Harvard, Stanford o Wharton.

Oportunidades, pero a qué precio

Hacer un doctorado es cada día un negocio menos rentable. Aunque algunos reduzcan el discurso de la precariedad laboral o el desempleo a la experiencia personal y hablen en términos de frustración, injusticia y pérdida de tiempo, lo cierto es que el posgrado exige la inversión de muchos años –en ocasiones, más de una década– y miles de euros en matrículas, manutención y materiales que luego, y cada vez más, no acaban por ser rentabilizados con calidad laboral o un puesto de trabajo a secas.  Injusticias aparte, estudiar un máster o un doctorado no deja de ser una inversión en capital humano que debe ser debidamente rentabilizada.

La universidades españoles son baratas, pero ninguna está entre las 100 mejores del mundo

Según el informe Panorama de la educación 2011 –emitido por la OCDE–, en España “la tasa de matrícula media se sitúa en los 1038 dólares anuales –casi 800 euros– para el curso 2008-2009”, mientras “el 34% del alumnado universitario se beneficia de algún tipo de beca o préstamo público”. Nuestro país no es ni mucho menos el más caro para estudiar en la universidad: en el modelo educativo español, según la OCDE, “el porcentaje de alumnos que recibe becas y préstamos públicos no es muy elevado, si bien las tasas de matrícula en la universidad son ciertamente moderadas en comparación con el resto de países”, especialmente aquellos acogidos a modelos caros, como el anglosajón o el japonés.

Algo que con frecuencia se pone en continuidad con la universalidad del acceso a la educación universitaria en España –en efecto refrendada por los bajos precios de las matrículas–, y en menos ocasiones con la calidad de esta misma educación: según el ranking del Laboratorio de Cibermetría del Consejo Superior de Investigaciones Científicas –CSIC–, ninguna universidad española se encuentra entre las mejores 100 del mundo y sólo 2 figuran si ascendemos el cómputo a las 200 primeras. En principio, no parece que si la universidad nacional es así de barata sea exclusivamente por motivos filantrópicos.

Cuando la información es poco objetiva

La percepción que hacemos de las expectativas laborales de los posgraduados está mediada por estudios, encuestas y noticias que aparecen publicados periódicamente y que, con salvedades, tienden a celebrar las favorecedoras condiciones laborales de los posgraduados. Un ejercicio sano, no obstante, es observar la medida en que estos estudios vienen firmados por universidades, escuelas de negocios e instituciones que ofertan ellas mismas sus propios estudios de posgrado.

La tasa de paro entre posgraduados se ha doblado en 4 años

Según la última EPA –Encuesta de Población Activa, de 2011– el porcentaje de posgraduados parados en España es del 7,6%. Aunque en muchos estudios se contraste esta cifra con la del total nacional –que supera el 22%– con la sugerencia de que estudiar un máster es garante de un prometedor futuro laboral, muchas veces no se reseña que el índice se ha doblado en los últimos cuatro años –en 2008 era tan sólo del 3,3%– o que en España supera con creces la media europea.

El problema de la sobrecualificación

La propia cotidianeidad, sin tener que recurrir al escepticismo, es la que invita a acoger con relatividad este tipo de informaciones. Cualquiera que conozca a un doctorado joven sabe que el aparente entusiasmo con que muchos análisis glosan las virtudes de hacer un máster o un doctorado choca con la realidad a la que se enfrenta en muchas ocasiones un demandante de empleo posgraduado, especialmente en carreras y especializaciones como las artísticas, las sociales o las de humanidades.

“En el Inem me recomiendan que quite el doctorado del currículum para ser reponedor”, declaraba a El Confidencial hace unos meses un historiador del arte desempleado, que explicaba que el técnico de empleo le recomendó “que dejara sólo la licenciatura, porque el doctorado era un lastre para optar a un puesto en el supermercado”. En un mundo que prima decididamente la especialización por encima del conocimiento enciclopédico, la sobrecualificación es el gran problema de este colectivo, rehuido en muchos procesos de selección porque su alto nivel formativo obligaría a retribuir su trabajo con un salario superior.

Una decisión fundada

Ante esta complejidad de factores cabe preguntarse, como hace el científico y divulgador Peter Fiske, si “el doctorado merece la pena”. En su artículo en Nature el experto pone el punto de inflexión en el tipo de formación a la que necesitamos acudir y especialmente, el prestigio del máster o doctorado que elijamos. “Los estudiantes deben comprar con cuidado y demandar datos reales de los itinerarios de cada programa” antes de decidir si empezar o no un determinado estudio avanzado. A la par, explica Fiske, existen “herramientas que arrojan luz sobre la calidad y las salidas de cada programa específico”, como los rankings de másters o la Grad School Guide de Estados Unidos.

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