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Daniel Innerarity cree que la confianza es decisiva en nuestra sociedad.
Esteban Hernández 15/11/2011 (06:00h)
Esta sociedad de la desinformación y del desconocimiento nos ha vuelto más ignorantes. Daniel Innerarity, catedrático de Filosofía y Premio Nacional de Ensayo, entiende que nuestros entornos se han vuelto mucho más complejos, más saturados de información y más necesitados de interpretación, lo que ha producido el paradójico efecto de que, teniendo a nuestra disposición mucho más saber del que necesitamos, conocemos el mundo de un modo mucho más deficiente que en tiempos pasados.
Para Innerarity, autor de La democracia del conocimiento (Ed. Paidós), si nos comparamos con una persona del siglo XIX se hace evidente que “ellos conocían muchas menos cosas que nosotros, pero tenían acceso a todo lo que necesitaban saber. Contaban con una experiencia directa de su mundo. Hoy, mientras la capacidad intelectual apenas ha aumentado respecto de las personas del pasado, el acceso al conocimiento ha aumentado de un modo desproporcionado. Y es ese diferencial el que nos hace ignorantes”. En nuestra vida cotidiana, “no sólo recurrimos a utensilios cuyo funcionamiento real no conocemos en absoluto (desde la lavadora hasta el ordenador personal) sino que podemos acumular gran cantidad de datos de cuestiones que nos resultan irrelevantes”. Para orientarnos en un contexto tan complejo, utilizamos lo que Innerarity llama prótesis epistemológicas, esto es, recurrimos a sistemas y personas en los que confiamos, y que han inventado instrumentos que nos permiten entender lo que está ocurriendo. Así, “las agencias de rating nos permiten invertir con cierta seguridad, los medios de comunicación nos pueden contar lo que ocurre aunque no lo presenciemos directamente o los expertos en salud nos solucionan problemas que ni siquiera sabemos nombrar”.
Finalmente, asegura Innerarity, conocemos la realidad mucho más a través de lo que esos expertos nos dicen que mediante nuestra experiencia directa. Y ahí reside el gran problema, ya que son precisamente estos instrumentos de mediación los que están generando insatisfacción y descontento. Las agencias fallan, los medios de comunicación no resultan fiables y los expertos no aciertan con demasiada frecuencia a solventar los problemas que la vida les plantea.
Una desconfianza razonable
Pero eso no significa que la marcha atrás sea posible. “Hoy no tienen ninguna viabilidad las utopías que proclaman el regreso a un mundo de inmediatez. Ese romanticismo a lo Rousseau es una simplificación que pagaríamos muy caro si llegásemos a ponerla en práctica. Creer que regresando a entornos más pequeños y manejables podríamos tener una vida más normal y serena es una mentira tentadora. No podemos hacer otra cosa más que huir hacia delante”.
En esa búsqueda de instrumentos de análisis fiables, debemos ser conscientes de que los procedimientos que inventamos para generar confianza han de servir también para articular una desconfianza razonable. Nuestras instituciones deben sancionar a quien nos ha fallado. Y eso es lo que ha ocurrido en la crisis, que carecíamos de los procedimientos claros tanto para generar certidumbre como para castigar a quien nos ha engañado.
También hemos de tener claro, subraya Innerarity, que este aumento de nuestra ignorancia es producto de que hemos decidido acometer empresas de gran envergadura. “La humanidad tiene delante desafíos que la sobrepasan y que nos obligan a realizar complejas construcciones y a movilizar grandes cantidades de conocimiento. Por eso nuestro verdadero reto es cómo poner en pie procesos y estructuras organizativas que nos permitan encontrar las respuestas que necesitamos. Ya no estamos ante esas sociedades dirigidas por sabios eruditos que contaban con grandes bibliotecas, algo que ya nos resulta irrelevante, en tanto tenemos gran número de datos a nuestra disposición, cuanto la capacidad de saber leerlos, de extraer las conclusiones adecuadas y de interpretar correctamente las señales que tenemos delante”.
Ha fallado la interpretación
Lo que nos ha fallado en la crisis económica, asegura Innerarity, no han sido las descripciones exactas de las realidades objetivas, “ya que teníamos modelizaciones matemáticas e instrumentos de acumulación de información magníficos, sino la interpretación de lo que teníamos. Creímos que tener plena accesibilidad a los datos hacía superfluo ordenarlos y establecer su sentido, cuando es justo eso lo importante”.
Y eso es lo que hoy, sin embargo, seguimos rechazando. Se nota especialmente en los planes de estudio, donde las humanidades," instrumentos teóricos que nos capacitan para leer la información y darle un sentido", están en pleno declive. Para Innerarity, es en las ciencias sociales donde se encuentran las claves de los regímenes democráticos, “que están integrados por intérpretes y no por ciudadanos sumisos. La soberanía no se delega en administradores de la objetividad, ya que ésta no es más que un pretexto para la discusión. La verdad está en la interpretación y no en los datos. Si no fuera así, estaríamos ante una simple tiranía dirigida por expertos que impondrían su dominio a una masa de iletrados”. Por eso, sentencia Innerarity, se hace cada vez más evidente que “las humanidades y las ciencias sociales son básicas no sólo para el conocimiento de la realidad, sino para la salvaguarda del compromiso democrático”.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
8 COMENTARIOS
8 .- En todos mis postings anteriores he tratado de ser cortés. Voy a intentar brevemente, en esta tarde de Domingo, mantener las formas. La "experiencia directa" no ha existido nunca, salvo para nimiedades o tareas de bajo valor añadido. Que se lo pregunten a los astrónomos o a quienes intentaron calcular, en las playas de Grecia, el número de los granos de arena de todas las playas del mundo. Lo de la "prótesis epistemológica" es de broma. Las tablas de logaritmos no son de este siglo, por ejemplo. ¿La brújula, los prismáticos? En cuanto a los modelos matemáticos de la economía, remito a Bertrand Russell y a la revolución que han conocido las matemáticas en los últimos cien años, de Boole a Goedel. Ni letras ni ciencias. Un poco de por favor, EC.
7 .- El problema de la sobre-información radica en que ha llegado un punto en el que uno no sabe distinguir entre lo importante y lo secundario. Se acaba por leer todo, dando la misma importancia a un ensayo que a una noticia del corazón.
Antes, para hacer un "link" mental trabajabas tu cerebro. Ese trabajo te lo dan hecho ahora.
6 .- "Ya no estamos ante esas sociedades dirigidas por sabios eruditos que contaban con grandes bibliotecas, algo que ya nos resulta irrelevante, en tanto tenemos gran número de datos a nuestra disposición, cuanto la capacidad de saber leerlos, de extraer las conclusiones adecuadas y de interpretar correctamente las señales que tenemos delante”. No estoy de acuerdo. Hay una generación de 45 años hacia arriba, que por disfrutar de una educación no atomizada como la de ahora, es capaz de interpretar los datos de la información. Quizá como el autor del ensayo. Pero los jóvenes actuales son incapaces de hacerlo porque les faltan los instrumentos clásicos: lengua, matemáticas, filosofía e historia. El quid de la cuestión está en la educación de las generaciones jóvenes cuyo cerebro ha sido inutilizado para la educación por la
LOGSE y demás leyes de 30 años hacia acá. Si no, al tiempo.
5 .- A la información se leda un sentido. Parece mentira que en un artículo que aboga por las humanidades se cometan estos errores... Uno de ciencias.
4 .- El problema básico es la absurda separación ciencias letras que se nos impone.
Probablemente Spinoza, Kant, Marx, Goethe,... supieran muchas mas ciencias que la ques saben ahora los que salen de los colegios. Y no me voy a Wittengstein o Russell porque eran precisamente matemáticos.
A veces pienso que esta separación fue impulsada por los que después fueron profesores de letras, por su desidia y desgana al afrontar problemas de ciencias, aunque tuvieran gran incidencia filosófica, como la teoría de la relatividad, principio de indeterminación, temas termodinámicos diversos [entropía...], genética, informática...Porque querían/quieren un coto cerrado donde los que somos de ciencias no metamos la naríz.
Siempre me ha dejado preplejo ver como salen corriendo ante cualquier problema nimio al grito "es que soy de letras".