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Imagen: Corbis
Eduardo Navarro* 27/10/2011 (06:00h)
El caso de Pedro Rivera puede arrojar luz sobre lo que muchos de nosotros estamos viviendo en nuestras organizaciones. Pedro trabaja en una fábrica del sector metalúrgico que está siendo fuertemente afectada por la crisis y en la que, ya en el 2010, hubo un Expediente de Regulación de Empleo de más del 25% de la plantilla debido a las pérdidas de la empresa. Hace tres meses, el propietario de la misma y a su vez presidente reunió a todos los trabajadores y les habló sobre la situación: “Tenemos que trabajar más intensamente todos. Es un momento muy difícil y tenemos que hacer más con menos. Las cosas están muy mal y si no reducimos costes no podremos ser viables y tendremos que acabar cerrando”, concluyó.
Tras esta reunión, el ambiente en la organización cambió totalmente, ya que se generó mucha incertidumbre y todo el mundo estaba pensando en qué hacer. Muchos empezaron a trabajar más horas, con más o menos acierto. Otros se desmoralizaron y bajaron su productividad radicalmente porque estaban bloqueados. Otros estaban más tiempo buscando trabajo que haciendo cualquier otra cosa. La reunión, en lugar de conseguir un efecto positivo, provocó un ambiente muy negativo que hizo empeorar la situación.
En este contexto, Pedro intentó hacer una reflexión más profunda. ¿Qué podemos hacer entre todos para salir de esta situación problemática? ¿Cuáles son los motivos? ¿Cuáles son las soluciones?
En esta reflexión, Pedró comparó su empresa con otra de la competencia, que está exactamente en el mismo sector, que marcha razonablemente bien y que no ha sufrido tanto en el empleo. Y Pedro se preguntaba ¿por qué esa empresa no sufre tanto y no tiene que recortar empleo? Eso le llevó a la conclusión obvia de que el problema no era tanto del sector como de las decisiones que se habían tomado en los últimos años. Entre ambas firmas habia varias diferencias importantes en cuanto al nivel de internacionalización, de la productividad y de deuda.
Con todo ello, Pedro llegó a la conclusión de que, en contra de la creencia generalizada de que para hacer empresas más rentables hay que trabajar el doble, la competitividad y la viabilidad de las empresas es responsabilidad de las decisiones que toman los líderes, “los de arriba”, y no consiste en que sus colaboradores trabajen más rápido sino en que las cosas se hagan bien y se gestione adecuadamente con unas directrices claras.
Por todo ello y como conclusión, para salir de la crisis no hace falta “exprimir a la gente” sino que debemos cambiar los hábitos de nuestras organizaciones y tomar buenas decisiones. Obviamente, todos tenemos que poner nuestro granito de arena, pero la parte más importante se genera en los niveles más altos de la organización con las 'grandes decisiones'.
*Eduardo Navarro es Presidente ejecutivo-CEO de Improven
OPINIONES DE LOS LECTORES,
2 COMENTARIOS
2 .- En mi empresa llega el jefe de turno y te dice "Hay que ir a la Luna" y tu le dices ¿Como? y van y te dan una bicicleta. Cuando ves que no hay más opción les dices ¿Por donde se va? y te sueltan ¡Tu sabrás!
Arriba ¡Autistas! por el medio ¡Trepas! y luego estamos los demás, básicamente supervivientes.
1 .- Y ahora como les explico esto a los incompetentes que tengo como jefes. Es decirles a la cara no saben llevar el timón.
Ja!, somos latinos y para parecer menos tontos lo mejor es rodearse de gente más tonta que uno. Así nos va, y así nos irá.