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El catedrático de Fisiología Francisco Mora.
Esteban Hernández 25/10/2011 (06:00h)
La vieja confrontación entre religión y ciencia cobra nuevos bríos a partir de los descubrimientos que están realizando las neurociencias, la disciplina de moda. Según Francisco Mora, catedrático de Fisiología en la Universidad Complutense de Madrid y de Fisiología molecular y Biofísica de la Universidad de Iowa, lo que los nuevos hallazgos científicos están demostrando es que la realidad que percibimos es mucho más producto de una construcción que realizamos en nuestro cerebro que de algo exterior que cuente con propiedades sólidas y comprobables; cómo lo que llamamos verdad no es más que un conjunto de convenciones colectivamente acordadas y mantenidas, y cómo todo intento de encontrar fundamentos inmutables en nuestro mundo resulta vano.
Y si no hay nada ahí fuera que podamos llamar en sí mismo real, mucho menos la idea de dios, algo que “no existe en la realidad sensorial. Dios no está en lo que ves oyes, tocas y hueles, no es algo que puedan captar los miles de receptores sensoriales que tenemos en nuestro cuerpo”. Como cuenta en El dios de cada uno (Alianza Editorial) dios no está presente en nuestro cerebro, cuya única realidad es la que le dicta la propia supervivencia. “Nuestra mente tiene una ley grabada desde hace millones de años. El código sagrado del ser humano es mantenerse vivo, y no hay otro. Una vez muerto se acabó todo”.
Para Mora, la tarea de la supervivencia ha sido codificada en nuestro cerebro a través de dos mecanismos fundamentales, el placer y el dolor. Especialmente el primero, “un engaño tan fructífero que lo hemos conservado 500 millones de años, desde el mismo instante en que la naturaleza lo creó”. Es el invento más efectivo que hemos encontrado para mantener al sujeto vivo. “Es un engaño, pero funciona. Si te hacen falta proteínas, tu cerebro, que sabe que tienes que alimentarte, anticipa lo gustosa que te va a resultar la carne. Lo que hay detrás de todo ello no es lo bien que te lo vas a pasar, sino el mero hecho de cumplir las funciones esenciales para sobrevivir”.
Ideas contra la angustia
En ese contexto, sin embargo, también hay lugar para realizarse preguntas que van más allá del mero instinto de conservación. “Ya San Anselmo se hizo en el siglo XI la pregunta esencial acerca del significado de dios, inquiriéndose acerca por qué no se le puede ver si es tan grande y poderoso, y sobre qué hace que tengamos que morir”. Para Mora, como no tenemos una forma sensorial de responder a estas cuestiones, es decir, como no hay nada que podamos observar en lo que nos rodea que nos sirva para comprender la muerte, recurrimos a otra forma de realidad consensuada, como es la abstracción. Es decir, creamos ideas. “Del mismo modo que somos capaces de condensar los cientos de razas de caballos en nuestra cabeza, abstrayendo todos los matices, las formas, los colores y las profundidades hasta dar forma a un solo concepto, a través del cual definimos al caballo, también condensamos todas esas preguntas sobre nuestra existencia en una sola idea, la de dios”.
Dios existe, asegura Mora, pero sólo en cuanto concepto. Desde esa perspectiva, “un ser supremo es tan real como un caballo. Es una idea que ha creado mi cerebro con un objetivo, el de sobrevivir. Esa es la ley verdaderamente sagrada, no la que venden las religiones. De modo que si existe la idea de algo tan poderoso que hace que nos unamos y seamos fuertes juntos, si hay una entidad en la que podemos cobijarnos y a la que podemos rezar, la idea nos es útil y la usaremos”.
Para Mora, la religiosidad, que viene de religare, de unir, y que nada tiene que ver con la religión “y con lo que ésta nos vende”, no es más que “la conciencia de una emoción que te lleva a preguntarte qué hago aquí, qué es este camino que me lleva a un abismo definitivo e irreversible, qué es ser la nada para la muerte”. Sin embargo, ese sentimiento no encuentra instrumentos cerebrales para poder dar respuesta a las preguntas que el ser humano se plantea. “Es algo que podemos enunciar pero no contestar. Y a partir de ahí nacen las religiones, y toda clase de interpretaciones religiosas, inclusos la de los telepredicadores que dicen que hablan con Dios porque leen la Biblia, un libro escrito por los hombres en los tiempos bárbaros de la humanidad”.
Entramos en una nueva era
Precisamente porque estamos ante un sentimiento personal podemos referirnos, como hace en su libro, al dios de cada uno, es decir, a la forma en que cada cual encuentra las respuestas a las cuestiones esenciales de nuestra existencia. En ese sentido, dios es una creación muy útil siempre que sepamos que “como nos dicen la física, la evolución y la neurociencia, cuando mueres, mueres todo tú, también tus ideas. Pero eso no significa que no nos sirvan para construir una vía de huida a través de la cual escapar de la angustia”.
Según Mora, la cuestión principal de nuestros tiempos es la enunciada por George Steiner, para quien todas las culturas y todas las religiones son mortales. “El cristianismo va a morir, como le ha ocurrido al marxismo. Estamos entrando en una nueva era, la de la cultura postreligiosa, pero todavía no barruntamos qué es lo que va a venir. Sería extraordinario poder atisbar cuáles serán los cambios que van a producirse en los valores y en las normas que dirigirán nuestras conductas los próximos siglos”.
Lo que parece fuera de toda duda, en opinión de Mora, es que esta nueva era cultural que se avecina “abrirá un escenario en el que criticaremos a todas las religiones, grandes y pequeñas, siempre que haya alguien que salga a decir ‘dios me habla y esto es lo que hay que hacer’. La ciencia ya le dice a usted que eso no puede ser así, que la religión es un sentimiento y que nadie puede decir que lo que yo siento no es verdadero porque él tiene la interpretación correcta”.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
88 COMENTARIOS
88 .- La ciencia demuestra que el universo no puede sostenerse eternamente, por la ley de la entropía. Ni siquiera un universo oscilante [que se contrae y se expande de forma cíclica] se puede sostener por sí mismo.
La energía no se destruye, pero la cantidad neta de energía en el universo se degrada de forma irreversible, de tal manera que el universo, abandonado a sí mísmo, termina en el caos total, o lo que los científicos llaman la “muerte cálida”, porque la temperatura de todo el universo se hace totalmente uniforme y toda la energía se degrada, hasta el punto de que no puede hacer nada útil.
El hecho de que el universo no haya alcanzado este estadio es una evidencia irrefutable de que el universo tiene un principio y no es eterno, porque si lo fuera hace tiempo que ya habría alcanzado ese estadio, por lo que yo no podría escribir esto, ni usted leerlo. Que el sistema sea abierto o cerrado no afecta en nada a la segunda ley de la termodinámica.
El juicio científico al ateismo
¡Y ahora vás, y lo cascas!.
Un saludo...
87 .- “El cristianismo va a morir, como le ha ocurrido al marxismo.
De momento el cristianismo lleva bastantes más años sobre la tierra que el marxismo.La comparación es ridícula.
86 .- Y por otro lado,¿qué más da que Dios exista o no exista.
¿Invento para intentar organizar la convivencia humana, o realidad tremenda que amenaza con el fuego eterno y acojona incluso a los no son creyentes, por lo mucho que se preocupan de un tema que ni les debería ir, ni venir?
85 .- #74
Sí señor, es inmoral, pero más inmoral es que el PSOE nos ofrezca para el 20N un candidato como Rubalcaba. Espero que lo pague en las urnas.
Y en otro orden de cosas más espirituales le diré que la inmoralidad del cristianismo es que nos anime a amar al prójimo como a uno mismo, cuando todos sabemos que los prójimos son una manada de cabestros.
84 .- Pues vaya artículo sesudo. Así que solo nos mueve el sentido de supervivencia y solo somos una casualidad infinitesimal en un universo infinito.
Será fenomenal vivir en ese mundo sin dioses cuando tengas que explicar a la gente porque tiene que ayudar a Etiopía, o colaborar contra el SIDA, y digas, a mi que más me da, si en eso no está en juego mi supervivencia. Si solo somos una especie con superpoblación, que más da que muera la mitad de la misma, solo sería un control de la misma. Si se produce un genocidio en realidad solo es un control de superpoblación. Si somos iguales que hormigas, como convencer a alguien que sea solidario, o simplemente que asesinar esta mal. Lo único que estaría mal de asesinar, si lo haces para mantenerte vivo o para tener un mayor número de descendencia, es que fallases. Teniendo en cuenta que nuestro código penal se basa en la reinserción y que no hay pena de muerte, el robo y el asesinato para mantener con mayores posibilidades a tu progenie, no debería ser penado, si no admirado por ser un síntoma de inteligencia.
Y por supuesto el Lebensraum, el ataque preventivo, el saqueo, la violación racial, el exterminio y la esclavitud