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La falta de límites en la estética de los adolescentes puede traducirse en una falta de disciplina(Corbis)
Esteban Hernández 28/09/2011 (06:00h)
Se presentó en clase con el pelo lleno de mechas rubias, recogido en una cola de caballo y con un diamante como pendiente. El niño, de 11 años, fue expulsado de su clase en un colegio de Manchester al entender los docentes que su apariencia no era la adecuada. Cuando el padre se enteró, se quejó enérgicamente al director del centro argumentando que su hijo “tenía derechos humanos”. La anécdota, que se ha hecho muy popular en el entorno educativo británico, está siendo utilizada como la prueba irrefutable de hasta qué punto los padres están abdicando de su tarea educativa: no les ponen límites porque creen que dejarles hacer lo que quieran va a ser positivo para su desarrollo. Esta es la clase de mentalidad, aseguran algunos comentaristas conservadores, que hará que tengan varios tatuajes en su cuerpo a los 18 años y una condena de cárcel a los 21.
Aunque esos diagnósticos sean algo exagerados, guardan algo de verdad, asegura el psicólogo y psicoterapeuta Abel Domínguez, ya que muchos padres están confundiendo libertad con libertinaje. “Están bastante perdidos y suelen manejarse con un montón de tópicos como ‘quiero ser amigo de mi hijo’ y cosas semejantes”. También están quienes por su ritmo de vida no pueden estar en casa el tiempo que sería deseable, “por lo que tratan de ganarse a los niños comprándoles cosas o llevándoles de cachondeo”.
En este contexto, señala Domínguez, en el que es muy difícil que las normas se respeten, no es de extrañar que los valores terminen por desaparecer. “Los padres no los transmiten a los hijos, ya sea porque no los tienen o porque no saben comunicarlos, por falta de tiempo o porque viven en un mundo consumista”. Para solucionar un problema enquistado, es básico que los padres recuperen su lugar como referente, afirma Domínguez. Para ello, han de tomar conciencia de que deben ser mucho más protagonistas en la educación de sus hijos: “Que los padres son decisivos lo prueba el hecho de que muchos tratamientos psicológicos de niños se realizan hoy sin apenas verles, ya que entendemos que son los padres quienes realmente pueden manejar las variables del entorno y, por tanto, quienes de verdad tienen que actuar para cambiar las cosas”.
Sin embargo, según asegura la psicopedagoga Ana Martínez Masson, el problema de los padres no es que estén ausentes, sino que no se aclaran. “La generación que ahora tiene 40 años está hecha un lío. Todos estamos de acuerdo en determinados principios que deben hacerse valer a la hora de educar, pero diferimos en el contenido que les damos. Podemos pensar que la libertad y la responsabilidad son valores importantes, pero cada cual los interpreta de una manera”.
Las contradicciones que afloran en la escuela
Esa desorientación se traslada a la escuela, un ámbito de frecuente materialización de esas contradicciones. Y con consecuencias negativas para los chicos. “Puede que no demos importancia a que una niña pequeña se pinte las uñas para ir al colegio porque nos parezca una aspecto estético sin relevancia, pero si hay una norma de la escuela que prohíbe acudir de ese modo a las aulas, vamos a generar un desencuentro evidente. Llamarán la atención a la niña, que se sentirá públicamente rechazada y que además sentirá que sus referentes son muy confusos: mientras unos dicen que puede pintarse las uñas, otros la castigan por eso”. El problema, pues, no sólo tiene que ver con el tipo de apariencia que gastan nuestros hijos, sino con darles las claves para insertarse socialmente. “Si llevas el pelo largo y en tu colegio lo prohíben, puedes recogértelo cuando vayas”. Bastarían estas simples fórmulas de compromiso para conciliar las aspiraciones de unos y otros y evitar así la desorientación producida por el choque de intenciones dispares.
Habitualmente, esta clase de asuntos se han enfocado como parte de un contexto en el que los padres estarían dedicándose a minar la autoridad del profesor. Como señala Domínguez, “antes, si te castigaban en el colegio te castigaban también en casa. Ahora los padres se ponen en contra de los docentes, pidiendo explicaciones cuando se produce alguna sanción en lugar de ratificar la medida que los profesores han tomado”. Según Domínguez, no preguntan a los educadores qué ha ocurrido sino que les desautorizan directamente y, de ese modo, “unos y otros pierden autoridad”.
Pero el asunto va mucho más allá de ese enfrentamiento, asegura Martínez Masson. No se trata de que los padres estén negando la legitimidad educativa a instituciones y docentes, sino de que no tienen muy claro qué están haciendo. El ejemplo más evidente aparece en el parque cuando un niño le quita el juguete a otro. “Todos hablamos de que debemos compartir, pero eso no significa que tengamos que dar los juguetes de nuestro hijo al primer niño que pasa. Si un adulto nos quitase el periódico porque quiere leerlo, ¿qué pensaríamos? Pues con los niños es igual: hay que tener claro que compartirán los juguetes cuando hayan terminado con ellos y no antes”. Pero, en lugar de reforzar esta postura, pensamos mucho más en las consecuencias sociales de actuar así, y acabamos insistiendo al niño para que entregue el juguete. "En lugar de hacer lo que deberíamos, cedemos ante la presión de gustar a los demás”. Y ese choque de valores no es más que otra de las contradicciones en que se mueven los padres contemporáneos. No tenemos muy claro qué hacer, algo que se refuerza por "la tendencia a dejar nuestro poder de decisión en manos del primer librito de bolsillo o página de internet que encontramos por ahí. Hay mucho enlatado de truquitos y técnicas que han colaborado a que los adultos estén totalmente desconectados de su autoridad interna y a que obturen toda reflexión acerca de los valores que quieren que imperen en su hogar”.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
11 COMENTARIOS
11 .- ¡Qué horror las pintas del niño! Pero...¿Habrá visto el niño alguna vez a profesosres con pelos largos, pendientes, tatuajes...?
Porque, con ver la manifestación de los profesores de institutos de Madrid, me temo que de estos tendremos más...
En los colegios hay normas para que los niños vayan uniformados, y bien arreglados, pero no existen para que los profesores no vayan en pantalon corto, chanclas, sin afeitar y por que no decirlo, como si vinieran del mismisimo botellón.
A los padres nos cuesta educar, eso es verdad; pero los profes, tb fueron niños, y tb tuvieron unos padres que NO educaron...
10 .- Lo que se nos suele olvidar es que los de la cola de caballo y pendiente en la oreja de 11 años crecen y se reproducen.
Y con 30 años siguen siendo los mismos aunque evolucionados físicamente como los Pokemon. Así que luego no es extraño que vayan al colegio de sus crías y digan cosas como las que dijo el padre de éste.
El padre de éste es como éste pero con veintitantos años más.
9 .- ¡ Buenos días !
Antes educaban los colegios, ahora educa la televisión. Antes primaba lo colectivo, ahora prima lo individual. Antes se transmitían valores, ahora ideología. Antes se potenciaba el esfuerzo como método de formación y superación personal, ahora se está por el sé como desees ser.
Triste y penoso. Me imagino los millones de hogares españoles, donde cada día, cada noche a uno le parezca estar viviendo en una "The War of the Roses", permanente. Guerra de la que no se libra estrato social alguno. ¿Hijos, para esto? Pues sí, sí, amigo mío.
Suerte tuvimos quienes crecimos y nos educamos en otros tiempos. Gracias a ello, eso de la transmisión de valores, de lo ético, de lo digno, de lo honrado, del esfuerzo fue posible.
Los "héroes" que el personal se llevaba a la boca, siempre eran de los buenos. O eran de "otros mundos". O se limitaban a la persona mayor que más satisfacía tus momentos.
Y es que nada para regímenes antidemocráticos, a los que "eso" de la educación en libertad y calidad, les pone de los nervios. Lo suyo es la educación ideológica, y con mucha [toda la posible] analfabetización. Eso permite el pastoreo y la manipulación, que es lo que pretenden.
8 .- En los comienzos del siglo XXI existen tres profesiones a las que la sociedad no exige ninguna preparación o cualificación:
1ª.- La política.
2ª.- La paternidad.
3ª.- La maternidad.
7 .- #6 Uno d elos máximos exponentes de la decadencia educativa, ética y moral de este país se confiesa.
Blanco se confiesa
Un ejercicio de coherencia y de respeto a si mismo, a sus ideas y a sus principios de izquierdas. Como todos.