LA CRECIENTE VIOLENCIA DE LOS HIJOS CONTRA LOS PADRES

“Os voy a mandar unos amigos pa que os partan las piernas”

“Os voy a mandar unos amigos <em>pa</em> que os partan las piernas”
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“Os voy a mandar a unos amigos míos pa que os partan las piernas”. Alfonso, quien no alcanza aún la mayoría de edad, tiene por delante un año de cumplimiento de medida judicial antes de poder volver a ver a sus padres, a los que agredió durante una cena familiar en Nochebuena. No era la primera vez. Alfonso era particularmente agresivo con su madre, de quien decía que llevaba los pantalones en  casa  (“le dije que a ver si la pillaba sola por la calle”). Su agresividad fue en aumento, como suele ocurrir en estos casos, hasta que los padres se vieron desbordados y decidieron denunciarle.

En una situación parecida se encuentra Amanda, una menuda adolescente de 14 años que forra con posters de actores de Física o química o de la saga Crepúsculo las paredes de la habitación del piso tutelado que ocupa desde que golpeó a su madre. En el caso de Amanda no se aprecian factores claramente desencadenantes de la violencia, pero sí se dejan sentir algunos elementos típicos, como la dependencia tecnológica y la permisividad parental asociada al síndrome del hijo-tirano o hijo-emperador. Amanda pertenecía a esa clase de niñas a las que siempre se compraba lo que pedía y a la que no se fijaban límites. Amanda explica así la agresión a su madre: “me arrancó los altavoces del ordenador (...) y pos empecé a insultarla, a empujarla y claro, pues ya de ahí a pegarla tortazos, patás, a empujarla por las escaleras, le di con el machao de los ajos...”.

Alfonso y Amanda son dos casos reales de los muchos que narra Violencia invertida (Gedisa Ed.) de Domingo Barbolla, Esther Masa y Guadalupe Díez, quienes explican las causas más frecuentes de estas actitudes agresivas desde las dificultades para verbalizar pensamientos o sentimientos, el consumo de drogas, la relevancia que tiene el grupo de iguales, la desestructuración familiar, el fenómeno del padre ausente o el del hijo tirano, además de la utilización en algunas familias de la violencia como elemento moderador de la normalidad familiar.

Pero más allá de encontrar las causas a través de las cuales podemos entender el problema, lo que esta violencia invertida pone de manifiesto es hasta qué punto estamos sufriendo un shock cultural.  Que los padres, la representación primera de la autoridad, sean objeto de agresiones frecuentes, dice bastante de una sociedad en la que los procesos educativos, que en muchas ocasiones eran impuestos desde una fuerza notoria, aparecen ahora como laxos y permisivos.

Sin embargo, eso no significa que, como suele pensarse, estemos asistiendo a una pérdida de valores. “No es eso lo que se está produciendo”, afirma Barbolla, profesor de antropología social de la Universidad de Extremadura. “Más bien se trata de un cambio sustancial en la forma en que ejercemos la autoridad. Ahora gestionamos las normas a través de una sanción que imponen la policía o los jueces, y no mediante las figuras de referencia que antes tenían más peso, como padres, familiares, vecinos e incluso sacerdotes”. Así, señala Barbolla, por una parte  hemos renunciado al uso de la coacción, queremos que no se castigue al niño,  que no se le pegue y hablamos continuamente de sus derechos, y por otra estamos judicializando los problemas “de una manera brutal”.

Sin normas, aparece la violencia

En realidad, asegura Barbolla, estamos tratando de abordar el problema desde dos modelos pedagógicos incompatibles. Uno quiere conseguir que las normas se respeten, aunque sea a golpes, mientras que el otro prohíbe la utilización de toda violencia, física o simbólica, para imponer las reglas. Y ninguna de las dos teorías sirve. “La primera de ellas es contraproducente, ya que el modelo autoritario acaba provocando la respuesta negativa y violenta de unos vástagos que se rebelan contra sus ascendientes, mientras que la segunda, la que cree que no se debe ejercer coacción alguna por parte de padres, maestros y educadores, no es posible. Todas las experiencias culturales han de recurrir un cierto grado de fuerza a la hora de imponer sus normas. Otra forma de actuar quizá pueda darse en grupos muy pequeños, pero no en poblaciones en las que conviven millones de habitantes”.

Entre una y otra teoría acabamos desarrollando un contexto en el que se carece de una figura  de autoridad que pueda encarnar la norma y que, por tanto, genere seguridad al niño. “Cuando no se cuenta con ese referente, aparece la violencia”.

El otro gran asunto que aparece en el tema de la violencia invertida es el de la culpa subyacente. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de las denuncias contra los hijos las presentan las madres, “que rompen así algo que vivían como sagrado, la defensa de un ser que ha salido de sus entrañas. Con esa acción le están mandando a la cárcel, y eso genera un desgarro del que es muy difícil recomponerse. Desde luego, la relación ya no vuelve a ser la misma, y el precio que se paga por poner fin a las agresiones es anímicamente muy elevado. Y eso que hablamos de situaciones muy difíciles, ya que las madres han tenido que recibir bastantes golpes para decidirse a denunciar”.

Por eso, la pregunta que se formulan los padres con más frecuencia es qué es lo que han hecho mal, tanto respecto de sus descendientes como de la sociedad. Para Barbolla, el sentimiento de culpa construye la forma en que los progenitores se perciben. “Especialmente en el caso de las madres, que suelen ser personas que pasan mucho tiempo fuera de casa por el trabajo y que sienten que no cuidan a sus hijos lo suficiente. Se suelen sentir culpables por no atenderles. A menudo aparece un sentimiento inconsciente según el cual si son agredidas es porque se lo merecen”.

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LA OPINIÓN DE LOS LECTORES

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COMENTARIOS

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14weilao 24/09/2011 | 22:46

EL MÉTODO CUBANO:tengo una colega profesional que hablando sobre el asunto de las agresiones de hijos a padres,le pregunte como lo arreglaban ahi,me respondio lo siguiente:en primera instancia se presentaban los vecinos de la comuna a recriminar al hijo por lo que habia hecho[siempre a alguien se le escapaba algun golpe,si persistia en segunda instáncia,algunas veces alguien traia un machete y se acababa el asunto,llamaban a la policia y dictamina justicia popular.Si no era asi venia el ejercito y se hacia con el chico un par de años de trabajos de rehabilitación[forzados].Si no queria cumplir ordenes,se le ponia en un campo de tercer nivel,y pasado un tiempo decian a la familia que pasara a recoger el cuerpo ,chico.Por eso en Cuba,¡cuidado con maltratar a los padres!.No es un metodo muy democrático ,pero si efectivo.El miedo guarda la viña.

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13Umm 24/09/2011 | 12:13

Personalmente pienso que todo es una cuestión de respeto, no sólo mútuo entre padres e hijos. Enseñar a los niños a respetar a los demás es básico, pero hay que educar desde el ejemplo. Si un niño ve a su padre poner de h.p. al árbitro en un partido de fútbol por la tele ¿qué comportamiento esperamos de él? Este es sólo un ejemplo. Son constantes las muestras de falta de educación y de respeto en el trato diario entre las personas ¿qué esperamos de los niños que todo lo asimilan como esponjas? Además, no llega un día y, de repente, el adolescente se ha convertido en un monstruo. Las cosas se ven venir y van apuntando maneras. Es cierto que a veces no sabemos por donde conducir a nuestros hijos, pero siempre se puede pedir ayuda.

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12isla 19/09/2011 | 19:15

el que diga que es culpa de los padres es que no tiene ni puta idea. es muy facil y muy comodo.
el mundo que nos rodea es lo que maman nuestros hijos desde que nacen y no es que hayamos renunciado a su educacion o que pasemos olimpicamente de ellos, es que nos los han expropiado como bien dicen en otro mensaje.
ahora cualquiera viene y te dice como has de educarlo, los profes, los psicologos, los educadores, etc.
nadie tiene ni puta idea de nada y todo el mundo se da el lujo de opinar de los hijos, de los hijos de los demas.

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11gata 19/09/2011 | 16:33

A mi no me dieron un bofeton nunca, pero ibamos mis hermanos y yo, mas derechos que las velas. Los padres "politicamente correctos", que sus niños son lo unico y que tienen que hacer lo que les plazca porque sino se frustran, que les den. Pero que les den a ellos y las consecuencias que las paguen ellos. Tambien con su dinero. Por lo menos el centro donde les reconducen, que no les salga gratis.

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10ibn gabirol 19/09/2011 | 16:29

Cuando se confu8nden los derechos y la libertad, con las castañas pilongas, tu hijo te amenazará con partirte las piernas....Si es asi, lo has logrado, lo tienes merecido y la culpa es SOLO tuya... El tema va de cariño, orden, disciplina, derechos Y DEBERES y sobre todo dedicación y ocupación...Prioritario.

Vamos, le meto dos hostias....que le dejo todo claro en un segundo...

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9vuxito 19/09/2011 | 15:08

#6 tiene ud. razon, fallo mio; sin embargo sigo creyendo que un bofeton a tiempo a un hijo ES en beneficio del mismo... y por tanto si que me sentiria amparada por el CC. De todos modos, de nada sirve, si llaman a la policia ira por lo penal....

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8pasmao con lo que no pasa 19/09/2011 | 13:20

"Así, señala Barbolla, por una parte hemos renunciado al uso de la coacción, queremos que no se castigue al niño, que no se le pegue y hablamos continuamente de sus derechos, y por otra estamos judicializando los problemas “de una manera brutal"

Perdón señor Barbolla, no hemos renunciado, es que nos han expropiado a nuestros hijos. Quienes han judicializado todo esto no son los padres con hijos, se lo aseguro.

Son los colectivos rojiprogres buenistas que tanto daño han hecho y siguen haciendo.

Un saludo a todos

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7Smoothrunner 19/09/2011 | 13:17

Estamos inmersos en la estupidez colectiva de lo "políticamente correcto". A un niño JAMÁS SE LE DEBE MALTRATAR, pero igual que un niño necesita alimento, vestido, formación, etc., también necesita a veces una bofetada o una zapatilla materna a tiempo. Entre esto y el maltrato hay una distancia abismal.

Los padres tienen que ejercer la paternidad como adultos responsables de sus hijos, no como colegas de los mismos que es lo que muchos parece que buscan.

La forma en la que muchos enanos hablan a los adultos es surrealista, ya que les hablan como iguales, y eso en una mente joven y sin terminar de formar sólo sirve para socavar las normas más básicas-

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6Solt 19/09/2011 | 12:54

#4 Me temo que ya no es así, según la redacción actual del Código Civil, tras la reforma del año 2007. Hasta ese momento sí que amparaba una corrección física moderada de los padres hacia los hijos pero ahora menciona refiriéndose al ejercicio de la patria potestad que "se ejercerá siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y psicológica." O sea que si le pilla la vecina cotilla de turno dándole una colleja al hijo de Ud. y llama a la policía, habrá cursado una denuncia correctamente.

Debo ser bastante bestia, pero a mí nunca me han parecido mal ni las collejas, ni los tas-tas en el culo ni esas "bárbaras" agresiones físicas de las cuales he sido "víctima": será que estoy bajo los efectos del shock.

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5tres punto dos 19/09/2011 | 12:13

#2 Ninguna norma se acata sin coacción. Los que han llevado a esto son padres que no han tenido el valor de decirles a sus hijos NO, con todas las consecuencias.

#4 Si, esa es la m.... de sociedad que el sector progre pretende instaurar.

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